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94 GENTESTILO TV SÁBADO, 24 DE OCTUBRE DE 2015 abc. es estilo ABC Empresario uruguayo Arriba, los contrayentes tras el enlace: Katia y Juan José Sartori. A la izq. vista aérea de la bellísima isla de Skorpios 604 millones de euros, así como dos propiedades en Suiza. Precisamente uno de los mayores problemas del reparto representa el trust creado por Dmitri para sus dos hijas, que, según Elena, fue creado con el propósito de disminuir el patrimonio a dividir entre los dos. La isla de Skorpios fue adquirida para Katia en 2013. Athina Onassis, que sólo había disfrutado de este idílico paraje durante algunos veranos de su infancia, con la venta cortaba definitivamente el cordón umbilical que aún la unía a Grecia. Tras casarse con el jinete brasileño Doda Miranda Neto, la nieta del naviero no había vuelto a pisar el paraíso de sus antepasados. Se dice que por las islas de Skorpios y de Sparti, Ribolovlev desembolsó 132 millones de dólares. Otras propiedades a nombre de Katia son la antigua mansión de Donald Trump en Palm Beach, una casa comprada a Will Smith en Hawái y un magnífico apartamento de varios pisos en Central Park West de Nueva York. FOTOS: ABC La pequeña boda de la dueña de Skorpios Katia, la hija del magnate ruso Dmitri Ribolovlev, se casó en una ceremonia íntima BEGOÑA CASTIELLA CORRESPONSAL EN ATENAS zó en el verano de 2014, cuando el uruguayo acudió al 25 cumpleaños de Katia. Fue una fiesta espectacular. Athina Onassis Katia es una bella amazona nacida en Perm (Rusia) aunque residente en Mónaco tras criarse en Suiza. Skorpios, que pertenecía a Athina Onassis, fue un regalo de su poderoso progenitor. Sartori, su flamante marido, es un empresario de éxito. Nacido en Uruguay, estudió en un colegio suizo y se graduó en Harvard. Actualmente preside Union Group, una firma relacionada con actividades energéticas, agrícolas e inmobiliarias en América Latina. Los invitados al enlace del pasado jueves pudieron comprobar la alegría y el alivio del padre de la novia. No en vano, y tras una larga batalla judicial que ha acabado de manera amistosa, la indemnización que ahora debe abonar a su exmujer, la madre de Katia, es de Una boda pequeña y exclusiva. El pasado jueves, 60 invitados contemplaron bajo la lluvia cómo el magnate ruso Dmitri Ribolovlev llevaba a su hija Katia al altar de la iglesia de Panagitsa, en un recorrido cubierto de flores blancas desde la Casa Rosa. Aquel era el lugar donde Aristóteles Onassis y Jacqueline Onassis pasaban los veranos, en el corazón de la isla de Skorpios y allí se casaron, el 20 de octubre de 1968. Al final del trayecto, esperaba a la novia el empresario uruguayo Juan José Sartori. Katia Ribolovleva, heredera de un imperio de 8.000 millones de euros que amasó su padre al calor de las privatizaciones post- soviéticas, había anunciado una ceremonia muy íntima. Solo para la familia y los amigos cercanos Su madre, Elena, que estuvo presente en el enlace civil en Ginebra, el pasado 14 de octubre, no viajó a Skorpios. Tras reclamar durante años a Ribolovlev la mitad de su fortuna, el divorcio llegó tras un acuerdo amistoso. El romance entre Katia y Juan comen-