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12 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA SÁBADO, 24 DE OCTUBRE DE 2015 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO COPPOLA Y EL HORROR Casi armó una guerra para poder filmarla UÉ bien ha hecho la Monarquía española otorgando a Francis Ford Coppola uno de sus premios ovetenses. Hoy Coppola es un señor de 76 años, cultivador de intensos vinos de Napa, un gastrónomo locuaz y arriesgadamente fondón, que hace muchísimos años que no redondea una gran película. Ni falta que le hace. Ya lo dejó todo dicho entre 1972 y 1977, con los dos Padrinos y Apocalypse Now tres de las obras señeras del cine. Se ha ganado a pulso sus siestas bajo la parra. Coppola debe de ser el único tío que casi arma una guerra para poder filmarla. O que convierte un rodaje en una guerra. Mi película no es sobre Vietnam. Es Vietnam zanjó al rematarla y triunfar en Cannes. No exageraba. El guión de John Milius partía de un experimento inteligente: trasvasar a Vietnam El Corazón de las tinieblas la novela congoleña de 1899 de Joseph Conrad, aquel marino mercante polaco que se volvió inglés porque le dio la gana. El embolado iba a ser para George Lucas, que tramaba un aire de comedia negra. Pero por fortuna para la Galaxia y para la Tierra, Lucas se subió a la nave de Luke Skywalker y fue Francis quien a los 37 años se enroló en la guerra. No hay arte sin riesgo sentenció alguna vez el sabio Coppola. Y en su Vietnam, que en realidad era la Filipinas del sátrapa Marcos, los corrió todos. Resumido en arrabalero, se le fue muchísimo la pinza. Estábamos en la jungla. Éramos muchos, con mucho equipo y mucho dinero, y poco a poco nos volvimos locos Amén de hipotecar hasta la camisa como tantas veces en su carrera, a veces con dolorosas quiebras Coppola padeció un tifón que se llevó su set, el infarto de Martin Sheen y el egotismo intragable de Marlon Brando. Hasta eran vecinos de una guerra de verdad. Marcos le había prestado pilotos y helicópteros del Ejército filipino para el rodaje, pero a veces plantaban la película para irse a combatir las crecidas de la guerrilla. Coppola llegó a arrasar con gasolina un inmenso palmeral para impostar un ataque con napalm. Bajo la voz grave de Jim Morrison, las valkirias de Wagner volando en helicóptero y los versos de T. S. Eliot, las drogas corrían como la Coca Cola, restando lo de cola. Coppola se dejó 30 kilos en la jungla y los cinéfilos tremendistas especulan con que incluso sopesó el suicidio. Martin Sheen remonta el Mekong en un viaje enajenado con la misión de ajusticiar al desertor Brando, el coronel Kurt. La cordura se le va evaporando río arriba. Marlon llegó al rodaje pasadísimo de peso, sin haberse leído su papel y exigiendo inventarse el diálogo. Coppola, indignado, sudaba, callaba y adelgazaba. Ay, pero luego... ¡Qué quince minutos dejó el viejo histrión! El presupuesto de 12 millones de dólares se fue a 30. Las seis semanas de rodaje previstas se convirtieron en 16 meses, hasta mayo de 1977. Coppola se encontró con 290 horas de material y se tiró tres años editándolo para completar la primera versión, de 153 minutos. El horror... el horror mastica Kurt cuando ya oficiada la ejecución se desangra inerte. Coppola, exhausto, se quedó seco tras el rodaje. Jamás volvió a rozar aquella cima. Fue el estipendio que pagó por abrir las puertas del infierno con una obra de arte. Q HORIZONTE RAMÓN PÉREZ- MAURA LA IZQUIERDA OTRA MÁS Podrían aprovechar para aplicar al Federico Mayor Zaragoza de la Orden de Cisneros la Ley de la Memoria Histórica de Zapatero O paramos de mejorar. Baltasar Garzón, que sigue empeñado en salvar al mundo entero, apadrina ahora una candidatura llamada simplemente La Izquierda. Tan genérico y amplio nombre incluye a grupos como Convocatoria Cívica, del propio Garzón, y Somos Izquierda, de Beatriz Talegón, de quien la última vez que tuvimos noticia militaba en el PSOE. Partido que con la llegada de Irene Lozano ya no debe de ser La Izquierda mismamente, sino otra izquierda. La gran aspiración de esta La Izquierda es sumarse a Izquierda Unida, que también es otra izquierda. Es decir, sus aspiraciones son modestas, porque, si su pretensión es unirse a una coalición que está al borde de quedar como extraparlamentaria, es que sus sueños de grandeza son francamente limitados. Realismo puro. Mas cuando uno averigua un poco más, descubre que en realidad La Izquierda aspira a pescar en todos los segmentos políticos, porque entre sus padrinos está nada menos que el valeroso falangista Federico Mayor Zaragoza, que llevaba tanto tiempo de bajo perfil que algunos creíamos que se había quedado mudo. Esperemos que a la presentación de La Izquierda don Federico acuda luciendo en la solapa su venera de la Orden de Cisneros. Esta es una orden que fue creada por decreto del N 8 de marzo de 1944, durante la oprobiosa. Con ella se decidió premiar los servicios de quienes hubieran demostrado un alto espíritu de entrega en las tareas de engrandecimiento de la Patria durante el régimen del general Franco. Él mismo, como Jefe Nacional del Movimiento, era el Gran Maestre de la Orden y Jefe Supremo de la misma. Mayor Zaragoza, leal hasta el final, recibió la Orden de Cisneros en el último minuto del partido: 17 de julio de 1975, según atestigua el Boletín Oficial del Estado, con la firma del mismísimo Francisco Franco y el refrendo del ministro secretario general del Movimiento, José Solís Ruiz. Sería entrañable que Mayor Zaragoza acudiera el próximo lunes a la presentación de La Izquierda luciendo esa venera que está formada por una cruz, entre cuyos brazos se abren haces de cinco flechas y en el centro el Águila de San Juan apoyada sobre el yugo de los Reyes Católicos. A lo mejor, en ese momento, sus compañeros de La Izquierda podrían aprovechar la presencia de los medios de comunicación que tanto ansían para aplicar a Federico Mayor Zaragoza la Ley de la Memoria Histórica que puso en marcha su admirado José Luis Rodríguez Zapatero. Y ya puestos, Baltasar Garzón, el precursor de la justicia universal, podría pedir a su íntima amiga la juez argentina María Romilda Servini de Cubría, que dedica algunas de sus horas a perseguir a cualquier ser vivo que fuera franquista en su día, que se apareciese en la presentación de La Izquierda acompañada de la Policía judicial y procediera a la detención de Mayor. Lo que más le puede importar a Garzón, la notoriedad pública, estaría garantizada. Para Mayor Zaragoza el arresto sería un sacrificio menor, tras todos los que él hizo por la democracia. Se sacrificó para ser rector de la Universidad de Granada denunciando por comunistas a los candidatos que le habían derrotado en la eleccion. Aceptó el nombramiento como subsecretario de Educación que le hizo Cruz Martínez Esteruelas y, con harto dolor de su corazón, cerró la Universidad de Valladolid todo el curso 1974- 75 porque ¡habían tirado un huevo al rector! Esto de La Izquierda nos puede dar grandes tardes de gloria. Por favor, una foto de Garzón y Mayor Zaragoza con la Orden de Cisneros...