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DOMINGO 5.4.2015 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena, 7, 28027 Madrid. Diario ABC, S. L. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta publicación, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa. Número 36.256 D. L. I: M- 13- 58 Apartado de Correos 43, Madrid. Publicidad 902 334 556 Suscripciones 901 334 554 Atención al cliente 902 334 555. EL BATALLÓN DE LOS PERPLEJOS Por Álvaro Martínez Nosotros en Irán no tenemos de eso Nos habíamos quedado en que en Irán no había ni un homosexual, según Ahmadineyad; ahora al parecer tampoco hay (ni habrá) cabezas nucleares. Veremos A la izquierda, Ahmadineyad, anterior presidente iraní. Abajo, Barack Obama T RAS todos los aleluyas internacionales cosechados por el histórico acuerdo de las potencias del Consejo de Seguridad de la ONU con Irán y su inquietante programa nuclear, aún quedan demasiadas dudas no resueltas en el inconcreto principio de pacto alumbrado, con fórceps y sin epidural, en la muy suiza y neutral Lausana. Resulta sorprendente, por ejemplo, que a ninguno de los negociadores les parezca extraño el empeño atómico de los ayatolás, cuando Alá tuvo a bien colocar bajo el suelo de Persia el 10 de todas las reservas de petróleo, y el 20 de las de gas, que aún quedan en el planeta. Es decir, que en principio no parece que a los iraníes les sea hoy por hoy muy urgente tener energía nuclear para garantizar su suministro energético o para seguir haciendo negocio con la venta al exterior del mucho oro negro que les sobra. En los últimos años, su sector petrolero representó el 60 del total de ingresos y el 80 de sus exportaciones. Hablamos del segundo mayor productor de la OPEP, que vende ingentes cantidades de crudo a países como China, India, Corea del Sur, Japón, Italia o Francia. Y a España, claro, que parte del combustible con el que usted llena el depósito de su vehículo proviene de allí, pues nuestro país es el séptimo comprador de su petróleo a nivel mundial, con unos 150.000 barriles diarios. Según datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) produce casi 3,5 millones de barriles por día, y otros 500.000 de condensado. De esta producción, Irán exporta alrededor de 2,6 millones, Jóvenes celebran en Teherán la victoria de Irán en el acuerdo sobre su programa atómico AFP que incluyen 50.000 en productos refinados. Y eso que las sanciones estadounidenses todavía prohíben la importación de petróleo iraní. No es extraño cavilar, por tanto, que los afanes atómicos del régimen de Teherán tengan que ver con el previsible uso militar de esa energía, como hasta hace 96 horas pensaba todo el mundo, incluidos los entusiastas firmantes del acuerdo de Lausana, ninguno de los cuales parece que se haya preguntado por la persistencia de Irán en seguir enriqueciendo uranio en vez de seguir enriqueciéndose vendiendo crudo. Por eso frente al discurso oficial del uso civil de sus progresos atómicos surgen dudas, fraguadas en años de amenazas a Israel ese gran Shaitán que aparece en las suras del Corán pues has- ta hace poco los guardianes de la revolución insistían en su propósito de destruir el Estado hebreo, después de negar oficialmente el Holocausto nazi. Dentro del país, los derechos humanos no funcionan mucho mejor, al menos según voces autorizadas. No hace dos meses, la iraní Shirin Ebadi primera mujer árabe que ganó premio Nobel de la Paz (2003) no advertía en el régimen del actual presidente, Hasan Rohani, progreso alguno respecto al periodo del Mamoud Ahmadineyad, aquel iluminado, con la cabeza en el medievo, que negó la existencia de un solo homosexual en Irán. Nosotros no tenemos de eso afirmó en la Universidad de Columbia, la misma en la que el principal valedor del gozoso acuerdo de Lausana, Barack Obama, se graduó en Derecho. JOHN KERRY SECRETARIO DE ESTADO DE EE. UU. El JFK que no pudo ser A negociación con Irán en Lausana ha tenido en John Forbes Kerry (Aurora, Colorado, 1942) el más entusiasta buscador de un arreglo y, tras el desenlace, el secretario de Estado de Barack Obama no tardó en vender como histórico el resultado de las negociaciones. Algún respiro necesitaba el dirigente demócrata después de los reveses que ha cosechado la política exterior de la Casa Blanca desde que él accediera al cargo, sustituyendo a Hillary Clinton, a la que el presidente quiso proteger con vistas a su posible candidatura a las presidenciales de 2016. El relevo fue una faena, pues desde entonces (principios de 2013) no ha habido trimestre en que Kerry no haya tenido que tragarse un sapo. Cuando no era en Siria era en Ucrania, EFE L lo que devolvía a nuestro protagonista a la senda del sinsabor que probó en 2004 cuando perdió la oportunidad de entrar en el Despacho Oval ante George W. Bush, por más de tres millones de votos. Se detenía así una carrera política, más persistente que fulgurante, en la que fue engarzando victorias electorales desde 1984 en Massachusetts, lo que le garantizó un puesto casi eterno en el Senado. Veterano de la guerra de Vietnam en la que fue condecorado con la Estrella de Plata, la Estrella de Bronce y tres Corazones Púrpuras completó sus estudios de Derecho en el Boston College, saberes que entregó de lleno a la práctica política. Católico practicante, está casado en segundas nupcias con Teresa Heinz, multimillonaria, filántropa y heredera del imperio del ketchup, uno de los iconos de Estados Unidos. Figura referencial del partido demócrata, Kerry quizá soñó algún día con ser el nuevo JFK: veterano de guerra, católico, senador por Massachusetts, de una familia rica de toda la vida... hasta las siglas le acompañaban. Pero, no era lo mismo.