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38 ABCdelDEPORTE LUNES, 16 DE FEBRERO DE 2015 abc. es deportes ABC Mi verdadera carrera empezó con Ancelotti, mi padre futbolístico El próximo 21 de mayo se cumplen veinte años del debut de Pirlo, uno de los mejores futbolistas de la historia RUBÉN CAÑIZARES TURÍN A veinte kilómetros de la bucólica Piazza Castello, el kilómetro cero de Turín, en la localidad de Vinovo emerge el Parque Natural de Stupinigi, de sangre azul, frondoso verde y robles centenarios. Allí, donde la Casa de Saboya pasaba sus retiros estivales en la primera mitad del siglo XVII, alejado del ruido mediático y del frenesí de los tifosi se esconde el Juventus Center, la majestuosa Ciudad Deportiva del conjunto turinés, absoluto dominador del fútbol italiano en el último lustro. Gran parte de la culpa del monopolio bianconero en el Calcio la tiene nuestro protagonista, Andrea Pirlo (Flero, 19 de mayo de 1979) quizás el mejor jugador de la historia de Italia, con permiso de su ídolo Roberto Baggio. El 21 nos recibe con un fuerte apretón de manos, acompañado de un guiño y un cariñoso benvenuti pero sin perder la sobriedad. Los focos no son lo suyo. A lo largo de un año, sus entrevistas se cuentan con los dedos de una mano. A él le gusta hablar en el campo, donde lleva veinte años haciendo del fútbol un idilio con el arte. Y lo que le queda: Hay Pirlo para rato ¿Cuándo le dio su primera patada a un balón? -Era muy pequeño. La pasión por el fútbol me la inculcó mi hermano, tres años mayor que yo. Estaba a todas horas jugando. Ahí comenzó mi amor hacia este deporte. ¿Quién era su ídolo? -Roberto Baggio. Me encantaba ver a un futbolista italiano jugar tan bien al fútbol. También Matthaus. Yo era aficionado del Inter y en aquella época Lothar era el líder. Me identificaba mucho con los grandes números 10 de la Serie A: Platini, Zola, Mancini... Eran sinónimo de divertimento. -El 21 de mayo de 1995 debuta en la Serie A, en un Reggiana- Brescia. Tenía solo 16 años y dos días de vida... -Sí, quizá fui un talento precoz. Recuerdo que con 15 años me fui a hacer la pretemporada con el Brescia, por lo que tuvieron que pedir una autorización especial. Por entonces, hasta los 16 no se podía jugar de manera profesional. Debutar tan joven no es fácil, ni lo hace cualquiera. Estaré eternamente agradecido al Brescia por confiar en un chaval aún en edad escolar. -Dos décadas después, son ellos los que tienen que darle las gracias. -Solo intento echar una mano en una situación límite. Es verdad que el Brescia está pasando por graves problemas económicos, pero estoy convencido de que saldrá adelante. Yo he puesto mi granito de arena intentando aglutinar inversores que salven a la entidad y apuesten por un proyecto de futuro. Estoy convencido de que así será. -En 1998 fichó por el Inter. Tres años después, sin apenas protagonismo, mantuvo las rayas negras, pero cambió las azules por las rojas. Moratti aún se tira de los pelos: Dejar marchar a Pirlo fue el mayor error como presidente -Llegué muy joven, con 18 años y en una época convulsa con muchos cambios de entrenador. Además, en mi puesto había gente del nivel de Baggio o Djorkaeff. Apenas tenía continuidad. Eso sí, la experiencia fue imborrable. Tuve la oportunidad de jugar en el mismo equipo que lo hacía el futbolista al que siempre admiré. Un sueño que difícilmente se hace realidad. Me siento un privilegiado por ello. -Y llega 2001, el año en que Pirlo comenzó a ser Pirlo. -Tuve la inmensa fortuna de encontrarme en el Milán con Ancelotti. Supuso un antes y un después en mi trayectoria. Dejé de jugar de media punta para hacerlo de organizador. Ahí empezó mi verdadera carrera. ¿Cuánto le debe a Ancelotti? -Mucho. Es mi padre futbolístico. Él me hizo llegar a la cima de este deporte. Es una de las mejores personas que me he encontrado en el fútbol y, encima, un entrenador fantástico. -De la mano de ambos llegó el gran Milán del siglo XXI. -Fue una etapa llena de éxitos. Éramos un equipo de futbolistas jóvenes, lleno de talento y con mucha hambre de títulos. Todo era mágico. Y, además, fuera del campo forjamos buenas amistades, como con Nesta o Gattuso. Gennaro es todo corazón. Un ser humano muy especial que hacía mucho bien al grupo. Uno de mis mejores amigos. ¿Es consciente de lo que su rol en el Milán aportó al fútbol italiano? Baggio y Matthaus Fueron los ídolos de mi infancia. Siempre sentí admiración por los grandes 10 Platini, Zola, Mancini... Verlos era sinónimo de divertimento Bandera de un estilo Mi rol en el Milán supuso un cambio de tendencia en el fútbol italiano. Me enorgullece haber inculcado el jogo bonito en mi país Final de Estambul Aquel partido me enseñó lo caprichoso que es el fútbol. Me dieron ganas de dejarlo. Pero después tuvimos nuestra revancha en Atenas Mundial 2006 La prórroga de la semifinal contra Alemania son los treinta minutos más bonitos de la historia de la selección italiana No piensa en su adiós Mi retirada está muy lejana. Hay Pirlo para rato. Me quedan muchos años de fútbol. Todavía amo a este deporte como cuando debuté con 16 años Futuro en Europa El Borussia nos dirá de qué pasta estamos hechos, pero si pasamos, mejor no cruzarnos con el Madrid. Solo quiero verlo en la final A sus 35 años, y tras 20 en la élite, el medio italiano sigue siendo un referente mundial -Sí. Hasta que Ancelotti me hizo jugar por delante de la defensa, ese puesto en Italia solo lo ocupaban futbolistas de corte defensivo con la misma idea: destruir antes que construir. Fue empezar a jugar yo de pivote y a producirse un cambio de tendencia. Se demostró que se podía ganar jugando bien al fútbol. Me enorgullece haber inculcado el jogo bonito en Italia. ¿Cuál de las dos Champions que logró recuerda con más cariño? -La primera. Fue en un derbi y por penaltis. A mayor emoción, mayor felicidad. En el fútbol y en la vida. -Donde no hubo sonrisas fue en Estambul, el 25 de mayo de 2005, en una final de Champions surrealista. -Aquella noche aprendí que el destino en el fútbol es muy caprichoso. No solo nos remontaron un 3- 0 en siete minutos, sino que Dudek paró con los ojos cerrados un trallazo de Shevchenko en el área pequeña. Hay señales contra las que no se puede luchar. Tras aquel partido me dieron ganas de dejar el fútbol. Pero, afortunadamente, dos años después, este bendito deporte nos devolvió en Atenas lo que nos quitó en Estambul. Ganar mi segunda