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MARTES 3.2.2015 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena, 7, 28027 Madrid. Diario ABC, S. L. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta publicación, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa. Número 36.195 D. L. I: M- 13- 58 Apartado de Correos 43, Madrid. Publicidad 902 334 556 Suscripciones 901 334 554 Atención al cliente 902 334 555. EL PULSO DEL PLANETA VISTO Y NO VISTO La semilla de la libertad Londres celebra los 800 años de la Carta Magna que acotó el poder de Juan sin Tierra, antecedente de las declaraciones de derechos LUIS VENTOSO CORRESPONSAL EN LONDRES IGNACIO RUIZ- QUINTANO FUSIÓN Los neocomunistas prometieron en la Puerta del Sol dar de comer al pueblo y los mejores cocineros se dieron cita en Madrid Fusión P odría ser un oscuro rey medieval más. Pero el mito de Robin Hood, su villanía y el derecho conservan en la memoria a Juan I de Inglaterra (11671216) Apodado Juan sin Tierra, es el malvadísimo monarca de las películas del arquero de Sherwood, el pérfido usurpador de la corona de Ricardo Corazón de León, entretenido dando mandobles en la tercera cruzada mientras su hermano exprime como un limón a sus vasallos. El retrato resulta maniqueo. Ni un hermano era tan malo ni el otro tan beatífico. Pero lo cierto es que para financiar sus guerras en Francia, Juan abusó tanto de sus impuestos feudales que provocó una revuelta nobiliaria. En mayo de 1215, los señores sublevados se hicieron con Londres. El rey Juan se vio forzado a rubricar en Runnymede, en un prado a orillas del Támesis al Oeste de la capital, la Magna Carta Libertatum. Esa Carta Magna, a la que puso su cuño el 15 de junio de 1215, es la semilla pionera de las libertades regladas, la añosa y reservona antecesora de la carta de derechos humanos. Los británicos están honrando sus 800 años por todo lo alto. Una exposición en la Biblioteca Británica de Londres ha reunido las cuatro copias manuscritas que se conservan, dos de las cuales se custodiaban en las catedrales de Lincoln y Salisbury. Más de 40.000 personas de veinte países han participado en un sorteo para ser uno de los 1.215 elegidos que podrán ver la muestra en la biblioteca londinense. La Carta Magna supone un hito en todo el mundo anglosajón. La Constitución de Estados Unidos de 1787 no habría existido sin aquel vetusto papel que unos nobles ingleses del salvaje Medievo impusieron al soberano. Su principal revolución es que establece el principio de que nadie está por encima de la ley Y ahora viene lo bueno: ni siquiera el Rey. Además sienta el principio del derecho a un juicio justo. La cláusula 39 es un milagro jurídico, si pensamos que es anterior al cepillo de dientes y que lo que ahí se fija todavía hoy se E EFE Las cuatro copias en la Biblioteca Británica. A la izquierda, dos visitantes observan un manuscrito El Rey Juan se vio forzado a rubricar en Runnymede la primera Carta Magna, el 15 de junio de 1215 incumple en algunos países, como la Venezuela de Maduro, sin ir más lejos. Ningún hombre libre podrá ser detenido o encarcelado o privado de sus derechos o de sus bienes, ni puesto fuera de la ley ni desterrado o privado de su rango de cualquier otra forma, ni usaremos de la fuerza contra él, sino en virtud de sentencia judicial de sus pares y con arreglo a la ley del Reino Además, se consagran las libertades comerciales de Londres y otras ciudades y se pone coto a la arbitrariedad fiscal del monarca. Cierto que la Carta Magna no se cumplió en su día. En cuanto se rehizo, el Rey Juan la declaró en suspenso y el Papa también la condenó. Pero la puerta se había abierto y ya nunca se cerraría. En 1216, Juan muere por disentería y el Rey Luis de Francia, con ayuda de algunos nobles, desembarca en las islas para imponer como heredero a su hijo. Otros caballeros deciden apoyar a Enrique, el vástago de nueve años del difunto Juan sin Tierra, pero esgrimiendo como baza la implantación de la Carta Magna. Triunfa y Enrique III, aunque la modificará dos veces, acabará aplicando la médula de la norma: que el Rey ya no es un monarca absoluto ajeno a la ley. Cincuenta años después, Inglaterra tendrá ya un Parlamento, que en 1689 dió la vuelta de tuerca definitiva a la democracia imponiendo a Guillermo de Orange la Carta de Derechos. Las grandes democracias se enorgullecen de su historia y hasta la convierten en una fiesta. Runnymede es ya una atracción turística, hasta con un carril bici alrededor del prado donde cedió el Rey Juan. l sábado los neocomunistas prometieron en la Puerta del Sol dar de comer al pueblo, y el lunes, los mejores cocineros del mundo se dieron cita en Madrid Fusión (cada vez que leo lo de Fusión se me aparece Robert Oppenheimer con una bomba bajo el brazo) para ver qué se puede hacer. De momento, en el menú del bar de abajo ya se notó ayer la onda expansiva de la fusión: en vez de lentejas con galufo, crema de boletus con caviar de trufa y en vez de escalope, con patatas, pollo al estilo Neguri con chips al estilo Zarautz Al leer la pizarra me dio la misma risa que a Indalecio Prieto el cartel de Pongo buebos de repente de la taberna Biencomes en Elorrio Ko- ko- ro- ko puso de mote Prieto al tabernero) En la posguerra española hubo campaña oficial por el plato único (por el huevo único, en realidad) y D Ors propuso a la Academia la supresión del singular, huevo de modo que lo correcto, culinaria y gramaticalmente, fuera huevos ¡Ah, la fusión de la política y el estómago! La cocina fina y afrancesada viene de la Revolución francesa, que al suprimir la aristocracia dejó sin curro a los cocineros, que tuvieron que establecerse como autónomos. La suya es una cocina inodora y laica, frente al ajo y las preocupaciones religiosas de la cocina española, con su olor a convento y a cuartel (mitad monjes, mitad soldados) En Madrid, la crisis huele a cocido, que cunde mucho pero con la economía echando brotes verdes que da gusto los políticos quieren menos olor y más color en los platos del votante (que no elector) y mandan a llamar a los chefs, que ya no son cocineros, sino alquimistas. ¿Y la tradición? Tradicionalmente, nuestra derecha era vitalista de cátedra, y nuestra izquierda, vitalista de almuerzo. Pero de Monedero se dice que almuerza roscón, como los ratones. O como Tolstoi, que renunció a la caza y se hizo vegetalista, destinando, ay, el producto de sus obras a fines de beneficencia. Como Monedero.