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50 GENTESTILO MARTES, 3 DE FEBRERO DE 2015 abc. es estilo ABC Katy Perry apareció subida en un león dorado para interpretar Roar AFP Una Katy Perry inofensiva y apta para todos los públicos triunfa en la Super Bowl La cantante hizo un espectáculo moderado y llamativo para captar a todos los televidentes JAVIER ANSORENA CORRESPONSAL EN NUEVA YORK La Super Bowl es el acontecimiento deportivo, televisivo y comercial más importante del año en EE. UU. y todo lo que la rodea se mira con lupa. La final de la Liga profesional de fútbol americano (NFL) venía este año cargada de polémicas: acusaciones a uno de los equipos finalistas New England Patriots de deshinchar pelotas en un partido anterior, críticas a la organización por su política sobre violencia de género, la negativa de una de las estrellas del partido Marshawn Lynch, de Seattle Seahawks a hablar con la prensa... Lo único que le faltaba es que algo saliera mal en el espectáculo del descanso, el momento que congrega a medio país alrededor de la pantalla. La organización no se podía permitir un Justin Timberlake descubriendo un pecho de Janet Jackson, un espectáculo soporífero de Tom Petty The Heartbreakers o a Madonna con dificul- tades para seguir el paso a su cuerpo de baile. Pero llegó Katy Perry y ejecutó con pulcritud un show enlatado de luces, bailes, máquinas y canciones de su particular fábrica de himnos adolescentes. Su actuación fue tan espectacular como inofensiva. Se presentó en el césped del estadio de la Universidad de Arizona montada en el lomo de un león dorado descomunal para interpretar su canción Roar El felino recordaba al montaje de El Rey León en Broadway, en dorado y fulgurante. Una guitarra sin cable Perry llevaba las riendas del animal amarrada a la espalda por una barra, lo que daba bastante rigidez a sus movimientos. En el caso de esta estrella del pop es una ventaja, ya que no destaca por su capacidad de baile. Se comprobó cuando saltó al escenario Missy Elliot, la célebre rapera, que ofreció una remezcla de tres de sus canciones. Ella y sus bailarines mostraron lo que es moverse por el escenario de verdad. Antes, Perry había compartido escenario con el otro invitado a su show, Lenny Kravitz. Interpretaron jun- tos I Kissed A Girl su primer gran éxito, en el que Kravitz intentó aportar un toque roquero. Es difícil que sea creíble con una guitarra eléctrica desenchufada, y la presencia de Kravitz fue anecdótica. Convencieron al completo los efectos de luces y el diseño del escenario, que pasaba de ser un tablero de ajedrez futurista a una playa naif repleta de muñecos hinchables. Aquí es donde más cómoda se vio a Perry, donde mejor pudo desplegar su provocación inocente, apta para todos los públicos, desde preadolescentes a señoras de Nebraska. Esa es la clave de un espectáculo exitoso en el descanso de la Super Bowl, dentro de los cánones sobre los que está montado el evento. Que sea coherente con la imponente plataforma comercial que lo sustenta. Los anuncios son el acontecimiento publicitario del año. Al igual que hay espectadores cuya prioridad es ver a la estrella musical de turno, otros hacen más caso a la televisión cuando llegan los anuncios que cuando la pelota está en movimiento. La media pagada por los anunciantes es de 4,5 millones de dólares por bloque de treinta segundos. La mayor audiencia en TV Una inversión que merece la pena: el partido del domingo batió el récord de audiencia en EE. UU. con un 72 del share y el 49,7 del rating (medición sobre el conjunto del país) Un total de 114,4 millones de espectadores se reunieron frente a los televisores, la mayor audiencia de la historia en Estados Unidos para un evento televisivo, informó la consultora Nielsen. Una cifra sensiblemente superior a los 111,5 millones del pasado año. El frenético espectáculo de Katy Perry acabó por lo alto, con la estrella pop volando sobre una plataforma, entonando su himno Fireworks envuelta, cómo no, en fuegos artificiales. Su archienemiga, Taylor Swift, debía de morderse las uñas durante la emisión del show. O quizá ya prepara el suyo para la Super Bowl del año que viene. Colorido Katy Perry se cambió tres veces en 12 minutos