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76 GENTESTILO SÁBADO, 29 DE NOVIEMBRE DE 2014 abc. es estilo ABC El rey de la cocaína A finales de los años 70 y primeros 80, Pablo Escobar tuvo un inmenso poder económico El hijo de Pablo Escobar: Mi padre me decía que no probara la droga Sebastián Marroquín creció rodeado de guardaespaldas y entre guacamayos de un millón de euros. El primogénito del traficante habla para ABC sobre el libro en el que recuerda al narco MARINA PINA MADRID Hace años que Juan Pablo Escobar dejó de ser él mismo para convertirse en Sebastián Marroquín. El primogénito de Pablo Escobar renunció a su identidad después de que el 2 de diciembre de 1993, el llamado Bloque de Búsqueda, perteneciente a las fuerzas armadas colombianas, acabara con la vida del narcotraficante. Cuando Sebastián todavía se llamaba Juan Pablo, era el heredero del fundador del cártel de Medellín. Su padre fue responsable de un imperio levantado sobre el tráfico de cocaína (llegó a controlar hasta el 80 por 100 del volumen mundial) urdidor de múltiples actos terroristas y vinculado directa o indirectamente con la muerte de más de 10.000 personas. Tras perder al cabeza de familia, empezaron los verdaderos problemas para Juan Pablo, su madre y su hermana: muchos antiguos socios les reclamaban cobrar las deudas que el capo dejó tras su muerte. Así que decidieron salir de Colombia y cambiar sus identidades. Así nació Sebastián Marroquín. Sin titubeos Licenciado en Arquitectura e instalado en Argentina, se ha armado de valor para recopilar en un libro los recuerdos de una infancia que transitó de la opulencia a la clandestinidad. La carga de ser el heredero del rey del narcotráfico colombiano, los asesinatos, los encarcelamientos, las negociaciones con las autoridades, las huidas... de todo eso habla Marroquín en Pablo Escobar: Mi padre (Planeta) Lo hago sin titubeo alguno, porque es momento de que la verdadera historia sea finalmente conocida explica tajante. Pasé mi infancia junto a un hombre Nueva identidad Tras la muerte de su padre, en diciembre de 1993, el joven Juan Pablo Escobar cambió su identidad por la de Sebastián Marroquín y se instaló en Argentina que siempre se mostró amoroso, que fue mi amigo y mi compañero de juegos. En el hogar, Pablo Escobar era un hombre muy diferente del que estaba en la calle. Hizo mucho daño a mi país, pero a los suyos nos dio mucho amor. Una contradicción que se suma a todas las que tuvo a lo largo de su vida escribe en un correo electrónico. A finales de los años 70 y principios de los 80, la familia Escobar llevaba tal vida de lujo y derroche que casi rozaba el esperpento. Tenían tanto dinero, que se gastaban 2.000 euros al mes en gomas para amarrar fajos de billetes. Marroquín recuerda cómo correteaba entre lagos artificiales y animales exóticos (guardaban hasta 200 especies diferentes) por la Hacienda Nápoles la finca familiar. Se gastó un millón de dólares en un guacamayo, yo le decía que se lo gastara en cuadros recordó una vez María Victoria Henao, esposa del traficante. Hasta que comenzaron a vislumbrar el lado oscuro de ese hombre amoroso En 1984, y bajo la presión del Gobierno, los Escobar se fueron a Panamá y de ahí se instalaron en Nicaragua. Sebastián tenía siete años y sintió que vi-