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ABC SÁBADO, 15 DE NOVIEMBRE DE 2014 abc. es cultura CULTURA 55 Hoy se cumplen quince años de la muerte del músico más emotivo de la historia del pop español Enrique Urquijo y su guitarra, la mejor maleta para el gran viaje de su vida: la música Enrique Urquijo El estribillo de la melancolía MANUEL DE LA FUENTE MADRID E l invierno ya se ha instalado traidoramente en la ciudad. Es una de esas noches gélidas y tenebrosas del noviembre madrileño. Las viejas calles del centro son oscuros laberintos sin salida, interminables túneles sin esperanza, las jeringuillas de los sueños perdidos descansan agonizantes, pero todavía con el puñal del desconsuelo entre los dientes. Por esas mismas calles, que conoce como ese vagabundo sin norte que es, un cuerpo avanza lentamente. De vez en cuando se para y se apoya en una esquina, y un látigo se le viene a la garganta. Trastabilla, duda, tropieza, busca entre un océano de tinieblas alguna salida. Se esconde, los gatos del desánimo y la tristeza siempre cantan de noche. Una vieja canción se le viene como un suspiro desolado a la garganta: He muerto y he resucitado... Una canción que le sirve de faro en otra noche sin luna y sin estrellas. Busca algo para respirar más hondo, más hondo todavía, más hondo todavía... hasta los entresijos de su corazón partido. Busca otra bocanada homicida que le temple el ánimo, algo de química que llevarse a la boca. Es una noche gélida y tenebrosa del noviembre madrileño y Enrique Urquijo busca respuestas en el viento fatal de su desesperación. La canción le enciende los penúltimos ánimos: Un árbol con mis cenizas he plantado... Está perdido, pero Enrique sigue imaginando estribillos, está perdido, pero Enrique entre vómitos y náuseas sigue marcando con su lapicero el pentagrama de su tristeza, de su eterna tristeza. Esa tristeza que, dicen pájaros de bastante mal agüero, le acompaña desde que era un niño por las calles de Argüelles. Pero Enrique fue siempre también una sonrisa, y un chiste tras otro (siempre afilados y sutilmente irónicos) pegado a la barra del Honky Tonk, como un viejo marinero que cuenta sus batallas. Perdidas casi todas. Y era un amante y un padrazo apasionado y entregado: Abrázate a mí, María, y no llores más por mí Y también el músico rebelde (con alguna que otra causa) que les ponía los pelos de punta a los capos de su discográfica cuando en las entrevistas promocionales con la prensa, risa va, risa viene, encendía un porro detrás de otro. Arriba, en el escenario, al fren- te de Los Secretos y Los Problemas (solo a un cachondo como Enrique podía ocurrírsele un nombre así para su banda) durante veinte años, desgranó unas canciones que siempre, quisieras o no quisieras, acababan por ponerte los pelos de punta: He roto todos mis poemas, los de tristezas y de penas... y sílaba a sílaba, estribillo a estribillo, te hacía ajustar cuentas con tu corazón. Sus canciones son, pasen y pasen los años, un monumento al pop español, pero también el mapa para cruzar los páramos más angustiosos de la vida, esos cuyas rosas siempre nos acaban clavando sus espinas. Música en las venas No tenía la mejor voz del planeta, ni era un virtuoso (ni Dylan, ni Cohen ni Bruce lo son) porque a Enrique la música se le salía por los ojos, y en sus venas siempre latió la emoción siempre arrítmica de sus ventrículos y aurículas. Cuando Enrique se bajaba de las tablas de un concierto en un pueblo más muerto que vivo, como él decía, era un chaval ordinario, pero que me vuelvo vulgar al bajarme de cada escenario Como siempre, exageraba. Llevamos las canciones de Enrique en el chaquetón de nuestra desesperanza, y su melancolía nos hace cosquillas en los bolsillos. Llevamos las canciones de Enrique, quince años después, en las solapas de un frac que nunca llegó a pasar por el altar, en los ojos de esa buena chica, con el fular de la desolación al cuello, que nos dice adiós desde un tren sin destino: La vi en un bar de aquellos que frecuenta, aquella chica que estaba de ne- ABC Tanto tiempo después Llevamos sus canciones en el chaquetón de nuestra desesperanza, y quince años después su música todavía nos hace cosquillas en los últimos rincones del alma gocios en la puerta y Enrique comprendía que nada había cambiado. Desde aquel 15 de noviembre en un siniestro portal de Malasaña, Enrique ya no persigue sueños rotos, porque los ha cosido con el hilo de tus ojos Allí en un portal, en un portal de Malasaña, quedó para siempre como un niño bendito. Esperando a los Reyes Magos. Concierto- homenaje y CD DVD Hoy se cumplen quince años de la trágica muerte de Enrique Urquijo, y sus compañeros de noche y profesión no podían olvidarlo. Precisamente lo van a recordar en la sala Galileo, el local donde Enrique actuó por última vez, con un concierto que lleva por título Han llovido quince años parte de la letra de la canción Hoy la vi la última pieza que grabó. El recital lo ha organizado un apasionado fan de Urquijo, Rafa Higueras. Además del recital, las piezas que se cantarán han sido grabadas en un CD DVD homónimo. La recaudación del concierto, de la venta de CD DVD y de los productos de merchandising será donada por Álvaro Urquijo en nombre de la familia a dos ONG: www. criscancer. org y www. cirujiaenturkana. com Las entradas ya están agotadas. Pero ya es hora de pasar lista a los compañeros, amigos que se pasarán esta noche por la Sala Galileo: Juanma del Olmo (Los Elegantes) José M Granados (Mamá) Pancho Varona, Álvaro Urquijo, Jesús Redondo, III República, Marwan, Andrés Suárez, Rafa Higueras, Ramón Arroyo, Diego Cantero (Funambulista) Casa Rusa y César Pop. Otros artistas que han colaborado en el disco, pero no estarán en Galileo, son Leiva, Johnny Cifuentes, Txextu Altube, Vicky Gastelo, Rebeca Jiménez y Jorge Marazu.