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ABC SÁBADO, 15 DE NOVIEMBRE DE 2014 abc. es ENFOQUE 5 EFE Aunque pruebe su inocencia... Monago es culpable JAIME GONZÁLEZ ¿Quién paga ahora mi honor y el de mi familia? se preguntó ayer José Antonio Monago tras anunciar que dispone de documentación que certifica que pagó de su bolsillo 22 viajes privados a Canarias y que las otras 16 veces que voló a las islas fueron por motivos justificados de trabajo. La pregunta del presidente de Extremadura tiene fácil respuesta: nadie. Es más, aunque se sometiera al polígrafo más infalible de la verdad que pudiera imaginarse y aportara pruebas irrefutables de su inocencia, Monago seguiría siendo culpable para un sector muy amplio de la sociedad, porque su desconfianza es tan grande que las palabras de un político duele escribirlo valen muy poco, casi nada. Monago se siente víctima de una operación perversa y puede que tenga razón, pero el presidente de Extremadura debería entender que la pira incendiaria en la que han ardido él y su familia la verdadera víctima de todo esto, convendría no olvidarlo es consecuencia de un clima de opinión que ha aniquilado el concepto mismo de presunción de inocencia. El señor Monago sabe mejor que yo por qué se ha invertido la carga de la prueba. La presunción de inocencia se rompió como el amor de la canción de tanto usarla. De tanto sobarla, en muchos casos con las manos manchadas, se ha vuelto en contra de los políticos como un bumerán, hasta el punto de tener que demostrar a diferencia del resto de ciudadanos que no son culpables. Es injusto, sí, pero tiene una lógica social apabullante en un país donde la desconfianza de la gente se ha convertido en un instrumento de legítima defensa ante el alud de casos de corrupción. Al señor Monago este argumento le parecerá un agravio. Lo reconozco, pero hace tiempo mucho tiempo que las cosas ya no son como deberían ser, sino desgraciadamente como son. La percepción de la sociedad ya no se pierde en matices, porque la corrupción ha pasado en términos de conciencia colectiva de lo concreto a lo general, y las que antes eran sombras de duda se han vuelto irreversibles certezas, fruto de un profundo descreimiento en la política. Y de eso no tienen la culpa quienes siguen desconfiando de la palabra de Monago, por mucho que esté sustentada en documentos. Es tremendo, pero cierto. Tan cierto como la respuesta a la pregunta que se planteaba ayer el presidente extremeño: ¿quién paga ahora mi honor y el de mi familia? Nadie, señor Monago. Aquí no paga nadie. ESPAÑA José Antonio Monago compareció ayer en rueda de prensa para aportar documentación que probaría que pagó de su bolsillo los viajes privados a Canarias