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14 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA JUEVES, 13 DE NOVIEMBRE DE 2014 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO SÁNCHEZ LO VE El líder del PSOE ha encontrado la solución al desafío separatista P EDRO Sánchez, madrileño de 42 años, economista, mayor de edad y en pleno uso de razón, ha encontrado la solución para el complicado problema del separatismo catalán. Antes de entrar en su propuesta, un resumen mínimo del envite. Artur Mas ha establecido unilateralmente, porque así lo decidió un buen día hace tres años, que su comunidad debe independizarse de España. Como primer paso para ello exige un referéndum separatista, que a día de hoy es ilegal, según las leyes democráticas que nos obligan a todos. Además, el señor Mas ha movilizado toda la maquinaria del poder autonómico para difundir la idea de la ruptura, invirtiendo cantidades multimillonarias de dinero público en propaganda independentista. Por su parte, su compañero de desafío, el señor Junqueras, un individuo tan poco fanatizado que días atrás rompió a llorar en una radio con la emoción que le produjo hablar de la independencia, exige que se ignore directamente todo principio legal español y se declare ya la república catalana. Ese es el problema que afronta el Estado democrático. Vamos ahora con la solución del señor Sánchez. En primer lugar, como marco general, hay que superar el rancio inmovilismo de Rajoy y permitir que los dirigentes separatistas vulneren la ley cuando quieran y como quieran. Pues según sentenció ayer el señor Sánchez, en una frase que liquida el derecho que rige en Occidente desde los romanos, no es el momento de los tribunales En segundo lugar, el asunto se arregla dialogando y con una reforma federal de la Constitución Vamos a imaginar que gobierna el señor Sánchez y puede aplicar su fórmula para arreglar el problema separatista. Diálogo, claro que sí. Sánchez se sienta con Mas y le ofrece una reforma de la Constitución llamando nación a Cataluña, un modelo de financiación que la primará a tope, detrayendo dinero a las otras comunidades; una reforma del Senado, que será la cámara territorial; y la recuperación de la versión inconstitucional del Estatut. ¿Qué pasa entonces? Pues que Mas le dirá que todo eso le parece muy bien, pero que estamos en otra fase y él exige además un referéndum de independencia. Junqueras le responderá directamente que él no quiere ni un referéndum, lo que quiere es la independencia, y ya. Como no es el momento de los tribunales y hay que dialogar, Sánchez, con su mejor telesonrisa, le da un gran abrazo al bueno de Artur, le dice que sí a todo porque en eso consiste el diálogo según Mas y le ruega transmita sus más afectuosos parabienes a Junqueras. Madrileños, gallegos, asturianos, valencianos y andaluces aplauden extasiados la gestión de un presidente que ha decidido que son ciudadanos de segunda respecto a los catalanes. Junqueras y Artur celebran que por fin hay diálogo y proclaman la independencia, porque los tribunales y la ley ya no operan en Cataluña. España desaparece como tal y Sánchez brinda con cava en la prensa global entre un mar de confeti. Aunque nada tiene que ver con lo anterior, un raro reflejo de la memoria me refresca una frase del viejo Montaigne: Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis CAMBIO DE GUARDIA GABRIEL ALBIAC GOLPE ESCÉNICO Es el peor modo posible de naufragio: rendirse ante un golpe de Estado sin combatir siquiera para defender a los golpeados P OLÍTICA y escena son lo mismo: inducción de representaciones anímicas, cuya eficacia se mide por su capacidad para imprimir en el espectador identificación sentimental con lo representado. Ni política ni teatro se atienen a más verdad que la de su potencia para poner en el sujeto pasivo la convicción blindada de que en el buen desarrollo de la farsa está su dicha. Y es esa ausencia de realidad a la cual atenerse la que dota a ambos, teatro y política, de su fuerza; modelar afectivamente a los sujetos que pagan ambas artes: en taquilla los unos, en Hacienda todos. Decir de una función teatral o política que ha sido una farsa, es enunciar un pleonasmo. Si se pretende valorar la función, solo existe un criterio: el éxito emocional que ella haya generado. ¿Ha sido una farsa la consulta catalana del domingo? Claro que sí. Como todo acto político. No perdamos demasiado tiempo en enunciar lo obvio: un patriarca, ornamentado con los decorados y atributos del sentimentalismo nacionalista, ha puesto en marcha lo que solo puede llamarse un golpe de Estado: tan escénico como cualquier otro. ¿Ha violado las leyes? Por supuesto. ¿Ha incurrido en supuestos que debieran arrastrar su inhabilitación como prólogo de su procesamiento? Hasta un niño sabe eso. En tiempos más duros, la sedición era objeto de pena máxima. Por fortuna, hemos ido civilizándonos. Solo que no ha habido reacción a eso. Y, sobre la escena, el patriarca ha podido exhibir ante su clientela un éxito: ha roto la unidad legal de España; nadie ha movido un dedo para impedírselo. Su victoria es completa. Los derrotados aducirán ahora la inanidad real de lo sucedido. Pero lo real no cuenta. Claro que se ha acercado a las fingidas urnas menos de un treinta por ciento. Claro que los fieles no suman más de un veintitantos. Da lo mismo. La apoteosis que cierra la comedia se ha consumado: ¡Hemos hecho lo que nos dio la gana! ¡Hemos violado sensatez y leyes! ¡Hemos desencadenado una sedición! ¡Y nadie ha tenido narices de estorbarnos siquiera! ¡Un Estado que renuncia a la capacidad constrictiva no es un Estado! ¡Existimos nosotros, porque España no! Todo en política se desenvuelve y se resuelve en el relato. En los años que gestaron la tragedia europea de entreguerras, ese relato existió solo en las retóricas grandilocuentes de las cuales iban a nacer fascismos y estalinismo. Los totalitarismos saben esto que les es esencial para sobrevivir: que gana aquel que genera teatro y, a ser posible, ópera, que es aún más hortera favorable: la tan wagneriana burguesía catalana debe haber aprendido muy bien eso. Lo aplica ahora. Lo aplicarán, en unos meses, los populistas bolivarianos en el resto de España. Herederos como son de esos totalitarismos de entreguerras. Que fueron la versión más operística de la farsa. Y la más exterminadora. El Núremberg de Leni Riefenstahl y el Bayreuth de Wagner son tan esenciales a la toma del poder por Hitler cuanto las SA y las SS. Ahora, se llaman televisores. Lo saben los nacionalistas catalanes, a quienes pronto seguirán los vascos. ¿Lo sabe el Gobierno? Es dudoso. De saberlo no hubiera perdido esta batalla como la ha perdido. Sin darla. Sin hacer uso de los medios constrictivos con que la constitución toda constitución democrática lo dota para defender al ciudadano. Que es su única razón de ser. Es el peor modo posible de naufragio: rendirse ante un golpe de Estado escénico, pero golpe sin combatir siquiera para defender a los golpeados.