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14 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA JUEVES, 6 DE NOVIEMBRE DE 2014 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO NO ES SIN TIEMPO Permanecer como diputado 37 años no es un servicio público, es un empleo C ÉSAR Antonio Molina fue tal vez la persona de más altura intelectual y dominio de su parcela que pasó por los melifluos gabinetes de Rodríguez Zapatero. Tal vez por eso, en otra de sus decisiones psicodélicas, el Atila de León lo hizo volar de regreso en un avión urgente cuando estaba en un viaje oficial en el extranjero y lo cesó sin explicación alguna. Le faltaron tres meses para cumplir dos años al frente del Ministerio de Cultura. Tras aquello, el PSOE ofreció a Molina asilos varios. El más evidente, quedarse apalancado en el Congreso oprimiendo el botón y asegurándose una nómina. Pero la dignidad no le dio para aceptar el balneario donde vegetan tantos caídos en las urnas o en las refriegas partidarias. Así que lo dejó y volvió a ganarse el condumio con lo suyo: sus libros y ensayos, la universidad y la gestión cultural. Del coche oficial pasó al taxi, el metro y la caminata. Renunció a los privilegios del post ministerio y se zambulló en la vida real, llena de incertidumbres, pero también repleta de alicientes para quien crea que mandar no lo es todo. Alfonso Guerra ha estado 37 años sentado en el Congreso y ahora anuncia que se irá. No es sin tiempo. El decano de la Cámara, que tiene 74 años, estudió perito industrial y Filosofía y Letras, y ha cultivado un perfil de sabio con extensos conocimientos, que tal vez resultaría ameno refrendar con un examen. Lo cierto es que a los 29 años ya se nutría del PSOE, que ha sido su medio de vida. El cénit de su biografía lo alcanzó entre 1982 y 1991, cuando ocupó la vicepresidencia del Gobierno con Felipe González, con quien hoy comparte una mutua aversión y un avinagrado envejecer. Enjuto, ocurrente y faltón; de gafas, labios y verbo gruesos, disfrutó de alto mando en España, que ejerció de manera despotilla El que se mueva no sale en la foto es la cita cuartelera que deja en la historia menuda de nuestra política) Su salida de la primera línea no fue precisamente a hombros. Dimitió acorralado por las vergüenzas de la corrupción, esa misma mugre que ahora le parece tan nueva al adanismo obnubilado ante Tele- Podemos. Perdido el poder, ha continuado 23 años levitando por el Congreso. Alfonso, el Lenny Bruce sevillano del PSOE, fue el rey del club de la comedia en la gala minera de Rodiezmo. Pero nunca reparó en el auténtico chiste de la jornada: el admirable camarada Fernández Villa, el héroe de la UGT, que puño en alto y pañuelo rojo al cuello se forraba saqueando los fondos mineros. El gran debe de Guerra, como el del frívolo Bono y otros barones socialistas veteranos, patriotas de palabra y no de hechos, fue su dejación de funciones durante la barra libre de Zapatero con el nacionalismo. ¿Dónde estaba el vitriolo justiciero del gran Alfonso cuando el peor presidente de la democracia abría la caja de Pandora que ha exacerbado hasta el delirio el problema catalán? Entre las lentejas y los principios a veces toca hacer finos equilibrios. Es respetable. Pero no admirable. Se va Guerra. ¿Cuál es su legado? CAMBIO DE GUARDIA GABRIEL ALBIAC EL CRACK- UP Ni bolivarismo ni peronismo cumplen las sintaxis completas del nazismo, aunque ambos sean tan herederos de él L O igual se dice de lo distinto. Siempre. Sobre ese axioma alza Platón el más alto monumento a la inteligencia y el más perenne. Él lo llama filosofía. Lo igual se dice siempre en lo distinto. Y ahí, las paradojas del ser y el movimiento dejan de ser un ingenioso juego gramatical para abrir el abismo al cual Aristóteles habrá de llamar filosofía primera y nosotros metafísica. Lo igual es lo distinto. Sin esa previa cautela, hablar sería imposible. Imposible, pensar. Hablar, pensar, es anudar cosas diversas en palabras únicas: ordenar lo disperso. Lo distinto: crack de 1929, recesión de 2008. Lo igual: el desmoronamiento, la extinción del sentido. Francis Scott Fitzgerald, que pudo ser el más grande de los escritores del siglo veinte, antes de que derrumbe y alcohol hicieran de él el más brillante, da a esa puerta sobre la nada su nombre metafórico: crack- up. Crack- up son esas líneas tenues que, al cuartear la superficie de una porcelana, anuncian su destrucción sin consumarla. Y hacen de ella escombro anticipado. Y pueden también ¿quién ignora eso? aumentar su belleza. Y me rompí como un plato viejo escribe Fitzgerald. En 1936. A siete años del estallido que se llevó por delante su mundo en 1929. Porque solo en la distancia que pone el tiempo puede un hombre percibir que se ha roto, que las grietas fueron ce- rrando sus mallas y que nada volverá ya a ser lo mismo. Es una de esas demoliciones, escribe, que uno no nota hasta que es demasiado tarde... que se producen casi sin que uno lo advierta y se perciben bruscamente Cuando la porcelana, tan inmaterial, de la vida estalla. La grieta se había abierto en Wall Street, un jueves negro de octubre de 1929. Se llevó por delante a una generación dorada, cuya melancolía Fitzgerald había retratado mejor que nadie. Horadó pacientemente los esmaltes de la vieja Europa. Avanzó con la paciente lentitud de lo inexorable. Trazó mallas invisibles. Austria quebró. Quebró Alemania. Todo era oscuro y en apariencia estancado. Luego, 1932. Y el estallido: la irrupción electoral del nazismo. La llamarada populista, sobre la cual un demente cabalgó la paranoia centroeuropea, fue juzgada por todos anécdota transitoria. Nos las arreglaremos bien con esos simpáticos muchachos proclamaba en esa fecha Oldenburg- Januschau, con la jovialidad de los viejos conservadores que todavía no se habían apercibido de que estaban muertos. Seis años después de abierta la gran recesión de 2008, todas las cartografías del sentido se desmoronan: eso dice el CIS. Pero no es cosa de España solo. Los populismos que ahora emergen no pueden ser confundidos con los fascismos de entonces. Son derivas benévolas del totalitarismo. Por completo distintas al horizonte bélico sobre el cual daba la lógica de los años treinta: ni bolivarismo ni peronismo cumplen las sintaxis completas del nazismo, aunque ambos sean tan herederos de él. Por completo iguales, en el rechazo de cualquier racionalidad política que busque poner mesura en el furioso estallido de sentimientos humillados: Auden daba la clave de los fascismos pero lo es de todo populismo en esa afectivación de la política. Es el crack- up. No una quiebra económica, no política. Es cada uno de nosotros, que somos ya sin cura loza cuarteada: almas desnortadas a la espera de nada. Y en esa nada siempre prolifera, silencioso, lo peor. En 1932. Y ahora. Porque lo igual ahí nació esa reliquia a la cual llamamos aún filosofía lo igual es cuanto se puede decir de lo distinto.