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ABC LUNES, 3 DE NOVIEMBRE DE 2014 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL CONTRAPUNTO ISABEL SAN SEBASTIÁN PRIMARIAS EN EL PP Supongamos que Rajoy asume la responsabilidad de un probable varapalo en las municipales y autonómicas y anuncia su retirada, acompañado de Arriola S UPONGAMOS, no es mucho suponer, que el PP cosecha una sonora derrota en las elecciones municipales y autonómicas que aguardan a la vuelta de la esquina, perdiendo en el envite buena parte de su poder territorial, incluidas la Comunidad Valenciana, la de Castilla La Mancha y quién sabe si también Madrid, dependiente de un acuerdo in extremis con UPyD, según auguran las encuestas actuales. Supongamos, tampoco requiere un gran esfuerzo de imaginación, que Mariano Rajoy asume la responsabilidad de ese varapalo y anuncia su retirada, acompañado de Pedro Arriola, autor intelectual de la estrategia de desarme político e ideológico que ha dejado al centro derecha indefenso ante las acometidas conjuntas de la corrupción enquistada en sus filas, el empobrecimiento de una sociedad agobiada a impuestos y el incumplimiento de casi todas sus promesas electorales. Ese paso atrás, presentado públicamente como un gesto de generosidad hacia el partido, sería un modo elegante de evitar encabezar una candidatura abocada al desastre en las próximas generales. Y lo cierto es que tanto el PP como España saldrían beneficiados del trance. Supongamos, esto ya son palabras mayores, que en un alarde de espíritu democrático el presidente saliente renunciara a ejercer su tradicional derecho al dedazo y dejara que fuesen las bases, la mi- litancia o incluso los simpatizantes los encargados de elegir libremente al nuevo líder o lideresa encargado de afrontar la travesía del desierto y conducir a los de la gaviota a la salvación o la disolución, que ambos horizontes parecen hoy por hoy posibles. La salvación, previo proceso radical de regeneración interna, recuperación de principios y cambio de hábitos malsanos, ya sea en el poder compartido, ya sea en la oposición, o bien el camino que llevó a la UCD a suicidarse y dejar a España en manos de la izquierda durante quince largos años. Supongamos ahora, por difícil que resulte, una contienda limpia entre los aspirantes a administrar semejante herencia. Tendríamos en la palestra, en calidad de favorita, a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, la más cercana a Rajoy, esgrimiendo su condición de mujer joven, la buena reputación que la precede en la gestión de cualquier crisis, su control del CNI y el grupo parlamentario, así como la influencia considerable que ejerce sobre el IBEX 35 y los medios de comunicación dependientes de su auxilio. A su lado, disputándole la pole position aparecería la secretaria general, Dolores de Cospedal, no exenta de munición con la que librar la disputa. Y es que ella, también mujer, ambiciosa y abogada del Estado, es quien maneja el partido y conoce sus secretos, quien da y quita prebendas, quien controla las listas de las que dependen millares de cargos electos. Ella ha recorrido una a una las agrupaciones que a Soraya le son completamente ajenas y además ha conquistado el feudo al que no renuncia. No sería una rival inerme ni renunciaría a dar una batalla, como la que acaba de ganar imponiendo a su paladín en la dirección general de RTVE. Por último, con algunas cabezas de retraso aunque aupados por el aplauso del público, irrumpirían en la carrera algunos barones territoriales, entre los que destaca Alberto Núñez Feijó, una vez que Esperanza Aguirre parece herida de muerte en la última guerra Púnica. Su principal aval sería el hecho de haber ganado en las urnas y estar libres de corrupción... al menos por el momento. En su contra juega la lejanía de Madrid, donde los auténticos magnates nacionales cortan el bacalao y se lo reparten. Supongamos, puestos a suponer, que el Partido Popular celebrara unas primarias. ¿Quién saldría vencedor? ¡Hagan juego, señores! IGNACIO CAMACHO APOSTASÍA Rajoy nunca ha dicho que vaya a volver a presentarse. En un hombre tan poco transparente no caben los sobrentendidos L pánico es mal consejero; en situaciones críticas nubla la percepción de las salidas. Las encuestas y los escándalos han situado a dirigentes y militantes del PP en ese estado de medrosa ofuscación que suele acabar en desbandada. Zarandeados por la sucesión de sobresaltos han empezado a sufrir una crisis de fe en el marianismo, que nunca ha sido una doctrina sino un estilo y que por su propia naturaleza estatuaria, incapaz de despertar pasiones, carece de acólitos integristas. Presa de los nervios, una parte del centro derecha ha roto a abjurar de Rajoy y los más radicales se plantean directamente la apostasía. Con el agua de los sondeos por el cuello reclaman, todavía en voz baja, un relevo en el liderazgo. La presión conspiratoria típica de los partidos en aprietos busca su válvula de escape en una nueva candidatura. El presidente nunca ha dicho que vaya a volver a presentarse. Se daba por supuesto pero en un hombre tan poco transparente no caben los sobrentendidos. Tiene fama de no leer bien la temperatura social porque es refractario a los espasmos urgentes; sin embargo ha hecho carrera a base de escudriñar el fondo de la opinión pública más allá de sus revueltas aguas superficiales. Es imposible que no haya detectado y tomado nota del fenómeno de descorche generacional que comenzó con la desaparición de Suárez y la abdicación del Rey Juan Carlos. El año ha traído una renovación biológica de la nomenclatura pública española: Felipe VI, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Ana Botín, Dimas Gimeno. Es la hora de los cuarentañeros. Rajoy aún no ha cumplido los sesenta pero en la Moncloa hay espejos. En cualquier caso no dará un paso al costado porque cunda la impaciencia en sus filas espantadas por el agitado oleaje de la demoscopia. Y si se decide a hacerlo no será antes de las municipales de mayo. Muy a su pesar parece haber comenzado a entender que la corrupción solapa el eco de la recuperación económica que constituía su agenda prioritaria; sabe que en los jueces está cundiendo el espíritu de las manos limpias y que la depuración de las cloacas del sistema no ha terminado. Lo más probable es que pretenda apurar la catarsis expiatoria; siempre ha creído que los tiempos le favorecen cuando los alarga en vez de abreviarlos. Y luego ya se verá. Tiene todas sus ambiciones personales cumplidas y aunque lamenta que la sociedad no aprecie su trabajo de estabilización de la economía y muy en especial la evitación del rescate, en privado se le ha oído decir con cierta displicencia que ya ha sido presidente del Gobierno. Lo que en ningún supuesto va a permitir es que le impongan o le quieran manejar el calendario. Los poderes cesáreos no admiten empujones por su herencia. La sesión de fotos de familia del posmarianismo no está aún convocada. Y los o las aspirantes a figurar en ella se pueden enterar por una pantalla de plasma. E JM NIETO Fe de ratas