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12 OPINIÓN LLUVIA ÁCIDA PUEBLA LUNES, 3 DE NOVIEMBRE DE 2014 abc. es opinion ABC DAVID GISTAU LA PRESIÓN El periodista no debería decidir en función de sus prejuicios qué existe y qué no, eso corresponde al intelectual D ESDE que ejerzo esta profesión, la mayor presión ambiental que he conocido es la que sugiere que es mejor no publicar o comentar los hechos que perjudican valores colectivos superiores, tales como la Democracia, o la Constitución, o el Estado, al mismo tiempo que fortalecen a sus adversarios. Supongo que tener sobre la mesa la información sobre el GAL representa el paradigma de esta encrucijada. La presión regresa cada cierto tiempo. Ahora la están ejerciendo los que dicen que habría que tapar la corrupción en lugar de denunciarla para no participar en la caída de un gobierno, el colapso del sistema y el advenimiento de una fuerza política extremista que se nutre de lo mismo que destroza a las demás. Estos, por cierto, también dicen que de Podemos no se debería hablar: ¿de verdad sería un ejercicio de honestidad periodística fingir que no existe el primer partido español en intención de voto, que no está ocurriendo algo que involucra a millones de personas? El periodista no debería decidir en función de sus prejuicios qué existe y qué no, eso corresponde al intelectual. La presión a la que me refiero también proviene ahora del problema independentista en Cataluña. Por ejemplo, un lector convencido de que el periodismo debe autocensurarse ante informaciones veraces u opiniones derivadas de estas que perjudican al Estado frente al independentismo no aprobaría que yo dedique el próximo párrafo a decir que el Ministerio del Interior está practicando guerra sucia al filtrar a los medios dosieres fabricados únicamente para desacreditar, destruir el prestigio de políticos relacionados con el nacionalismo catalán. Que los periódicos, fatuamente, llamen a esto periodismo de investigación es solo un señuelo comercial. Más grave es que al Ministerio del Interior ni siquiera le preocupa que algunos de estos dosieres contienen informaciones falsas, verdaderas difamaciones, como parece ser el caso aún por confirmar del todo del que alude al alcalde de Barcelona, Trías. El ministro del Interior en persona ha avalado esta información ante diversos periodistas. ¿Qué hacemos con él si resulta ser falsa? ¿Qué hará con su propia conciencia el periódico que la publicó, El Mundo sin exponerla a cualquiera de las honestas maniobras de contraste que bastaron a Javier Chicote para descartarla? La conclusión evidente es que estas artimañas de las alcantarillas ponen en duda moral todas las diligencias abiertas al nacionalismo, sobre todo las que rompieron una impunidad de décadas concedida por el propio Estado. Tal vez sea conveniente agregar a esto la inquietud que me produce saber que el Estado dedica recursos a aplastar por motivos políticos las vidas y las honras de individuos. Este gobierno consigue que incluso cuando se trata de un valor colectivo superior uno termine dudando estar en el bando de los honorables. EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA HALLOWEEN, FIESTA ESPAÑOLA Justicia es dar a cada uno lo suyo. A la España de antaño, la comunión de los santos; a la España de hogaño, el calabazón de Halloween O no sé si Halloween es una mera fantochada de origen yanqui o una celebración satánica cuyos orígenes debemos buscar allá en la noche de los tiempos. Pero es de justicia que en la España de hogaño se celebre Halloween por todo lo alto, en sustitución de la solemnidad de Todos los Santos; y, para ser del todo justos, yo propondría que la celebración de Halloween sea encumbrada a la dignidad de fiesta nacional, con reyes y ministros disfrazados de zascandiles macabros, alcaldes jugando al truco o trato (previo cobro de comisión, se entiende) y militares desfilando con prosopopeya y ringorrango ante el gran calabazón. Decía el Buey Mudo que la justicia es dar a cada uno lo suyo; y que nadie hay tan justo como Dios. Ahora la teología atorrante trata de presentarnos a un Dios más empalagoso que el dulce de leche, repartidor de buenismo a domicilio, al modo de un vendedor de crecepelos o enciclopedias. Pero Dios es ante todo justo, enemigo de la estupidez y el ternurismo, dispuesto a dar grandes banquetes a quienes lo merecen, pero capaz también de expulsar del banquete a quienes se presentan sin la vestidura limpia. Dios, hoy como ayer, se complace con la ofrenda de Abel y desdeña la de Caín, dando a cada uno lo suyo. Y es, en efecto, de justicia, que el pueblo aguerrido que empujó hasta el mar a los moros tuviera la asis- Y tencia de todos los santos; como es de justicia que la ciudadanía pusilánime que tiembla ante los moros y discute si debe cederles sus catedrales para que sustituyan el perfume del incienso por el tufo de los pinreles tenga la asistencia de los diablejos de Halloween. Es de justicia que el pueblo valeroso que se lanzó a descubrir América, desbrozar sus selvas y entremezclar su sangre con la sangre de los indios, para fundar la raza más hermosa que vieron los siglos, recibiese las bendiciones de todos los santos; como es de justicia que la ciudadanía birriosa que se deja colonizar por los detritos de la América yanqui, y viste cual mendigo yanqui, y se deja arrasar el cerebro por el napalm de la propaganda yanqui reciba las bendiciones de los espíritus de Halloween. Es de justicia que el pueblo gallardo que daba jarabe de palo lo mismo a los herejes luteranos que a los invasores gabachos, y que a todos les metía por el culo su morralla teologoide y su bazofia revolucionaria, gozase de la intercesión de todos los santos; como es de justicia que la ciudadanía lacayuna que se deja dar por retambufa lo mismo por la virago de Merkel que por el miramelindo de Juncker, y que a todos lame sus zurrapas, goce de la intercesión de los calabazones de Halloween. Es de justicia que el pueblo sufrido que, con la esperanza puesta en el cielo, entregaba la hacienda y la vida por su rey pero no se dejaba ensuciar el alma ni por capitanes ni por comendadores (a los que apiolaba sin inmutarse, si osaban propasarse) fuese amado de todos los santos; como es de justicia que la ciudadanía floja que, con la esperanza puesta en la señora democracia, se deja saquear la hacienda y envilecer la vida y ensuciar el alma sea amada de las brujas de Halloween. Es de justicia que el pueblo soñador y enardecido de belleza del que nacieron el Ingenioso Hidalgo de Cervantes y los Cristos resucitados del Greco fuese el predilecto de todos los santos; como es de justicia que la ciudadanía mostrenca y agostada de fealdad de la que brotan las novelas angloaburridas y los calcetines resudados de Tàpies sea la predilecta de los murciélagos de Halloween. Justicia es dar a cada uno lo suyo. A la España de antaño, la comunión de los santos; a la España de hogaño, el chapoteo en su vómito, los pintarrajos de zombi y el calabazón de Halloween, tan vacío e inane como su alma puesta en almoneda.