Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES, 3 DE NOVIEMBRE DE 2014 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O LU C A D E T E NA LA EXTRAÑA Y PERSISTENTE TIRANÍA POR LUIS DEL VAL ¿Por qué esa rebeldía arrolladora de la mujer, esa insurrección que ha cambiado profundamente la sociedad, llevada a cabo con enérgica sublevación y espíritu revolucionario, se ha detenido frente al despotismo de la moda? Porque esta dictadura, como cualquier otra, del tipo que sea, es imposible sin un alto grado complicidad, incluso de beneplácito fidelidad a los modistas (con a por favor, como modelista) este seguimiento a las normas por parte de un grupo, las mujeres, que a lo largo del siglo pasado se atrevieron a arrumbar normas seculares. Está demostrado médicamente que un tacón superior a los tres centímetros provoca trastornos en la rótula, en los tobillos, en los discos de las vértebras e, incluso, me comenta el doctor Miguel Bufalá, en las caderas. Hace poco, en la boda de la hija de un amigo, asistí al desfile de unas mujeres, jóvenes y hermosas, a las que se les veía escasa experiencia en los tacones altos, y me producían una especie de ternura, hasta que llegó la hora del baile, y cambiaron la imposición de la moda por unas zapatillas para bailar, con lo que aplazaron el riesgo de una condromalcia. Ya sé que los chicos también seguimos la moda, y recuerdo con horror aquellos pantalones de pata de elefante de mi pecadora jueventud, pero sigue siendo un misterio que una ejecutiva, que lleva las riendas de una empresa y sortea las complicaciones de hoy en día, acorte o alargue la largura de sus faldas, porque así lo han decidido unos tipos que, comienzo a sospechar, odian a las mujeres. Creo que lo que aman son las perchas y, por eso, han fomentado la obsesión por la delgadez, olvidando que la Naturaleza ha dotado a las hembras de unas caderas y de un busto que están muy bien concebidos para la reproducción de la esNIETO pecie. Si la Naturaleza hubiese sabido que el ser humano iba a poder comer tres veces al día, todos los días, se hubiera evitado un sisrirme a los tormentos del corsé, que dificultaba tema somático que tiende a la acumulación de la respiración, y parece que era la causa de los grasas, porque durante cientos de miles de años desmayos, así como otras muchas imposiciones se comía solo cuando se cazaba, y se ayunaba el molestas. Tan es así que, a mediados de los se- resto de las jornadas, que eran muchas más. Clasenta, una de las reivindicaciones feministas, en ro que si la Naturaleza hubiera previsto lo que iba su aspecto formal, fue la de renegar del sujeta- a ser el espacio del asiento de clase turista en el dor, y hubo quema pública de ellos, como un ges- avión, hubiéramos evolucionado hacia tamaños to insurrecto para decir que eso se había acaba- mucho más pequeños. do. Bueno, eso no solo no se acabó, sino que seEl penúltimo enfrentamiento entre los tiranos gún me cuentan mi mujer y mis amigas, la mayoría y la anatomía humana ha sido decretar que la cinde los sujetadores actuales llevan tanto relleno, tura no está al principio de las caderas, sino que que es muy difícil encontrar un sostén común. la cintura se sitúa por encima de la pelvis, que es Y esto es lo que me extraña y me tiene intriga- como decidir que el esternón finaliza en el omdo. Que estas mujeres rebeldes, que alcanzan las bligo. Este dictamen nos ha alcanzado también más altas cotas de poder, que cuando se dedican a los pobres chicos, de tal manera que aquella ama cualquier campo triunfan en él y marcan direc- plitud, que nos permitía aliviarnos de pie en las trices, estas desobedientes a priori y descon- inevitables actividades mingitorias, deviene en fiadas de cualquier tipo de sugerencia que pue- la incómoda tarea de buscar un excusado que nos da suponer un recorte a su libertad, se muestren permita bajarnos los pantalones, como las chitan sumisas, tan disciplinadas con las imposicio- cas, para poder llevar a cabo una micción. nes de la moda. Las chicas son guerreras y lo de ¿Por qué esa rebeldía arrolladora de la mujer, muestran en todos los campos hasta que un tipo esa insurrección que ha cambiado profundamenen París, en Milán o en Madrid, decide que su cuer- te la sociedad, llevada a cabo con enérgica sublepo se tiene que sustentar sobre unos tacones de vación y espíritu revolucionario, se ha detenido ocho centímetros, y, con una asombrosa docili- frente al despotismo de la moda? Porque esta dicdad, con una insólita sumisión, acatan esta ex- tadura, como cualquier otra, del tipo que sea, es traña e insospechada dictadura. imposible sin un alto grado complicidad, incluMe consta que después del neolítico comenzó so de beneplácito. la moda, y que afecta tanto a hombres como a mujeres, pero me fascina este cumplimiento, esta LUIS DEL VAL ES ESCRITOR E S bastante probable que el siglo XX pase a la Historia como el siglo en el que se llevaron a cabo las dos guerras mundiales y la aparición del comunismo y su caída, con el derrumbe del muro de Berlín; y que, en el aspecto científico, se anote el desciframiento del genoma humano; y, en el tecnológico, la aparición de la comunicación digital y el reino esplendoroso de internet. Escribo sin pretensiones eruditas y guiado por el sentido común. De la misma forma, es probable que el siglo pasado haya sido el del fin de la discriminación de la mujer hablo de Occidente al menos en sus aspectos más gruesos y evidentes, aunque todavía haya mucho trecho que caminar, porque las transformaciones sociológicas nunca han tenido lugar de la noche a la mañana. Desde la publicación de la obra de Mary Wollstonecraft, Vindicación de los derechos de la mujer a finales del siglo XVIII, hasta los coletazos contemporáneos del feminismo, ha corrido bajo los puentes agua suficiente como para ahogar a media Humanidad, pero todavía está inacabada una lucha que se ha superado en lo cultural, pero que todavía anida en el ancestro antropológico de la especie. No obstante, creo que ha sido en el siglo XX donde las mujeres han llevado a cabo una auténtica revolución, han dinamitado el concepto tradicional de la familia, por un lado, y han fortalecido el concepto marxista de la familia como unidad económica, por el otro, con su incorporación masiva al trabajo externo, sin que esta transformación haya concluido, ni mucho menos, y sin que nos encontremos con ideas asentadas y seguras sobre el lugar hacia el que vamos. Lo que nadie pone en duda es que el siglo XX fue el siglo de rebelión de la mujer, que se enfrentó a la autoridad del padre, del hermano mayor, del novio y del marido, sin que la exposición suponga una jerarquía cronológica, y que recuperó un protagonismo que, sin llegar todavía a su apogeo, se encuentra en cotas muy satisfactorias, repito, en la sociedad capitalista occidental, porque hay todavía países medievales que consideran a la mujer como un mero animal reproductor y o placentero. Este aspecto ornamental de la mujer, la ha obligado durante muchos años a someterse a incómodas directrices de vestuario. Simone de Beauvoir en El segundo sexo subrayaba una evidencia que nos pasaba inadvertida: los pantalones de los hombres, protectores de su sexo, mientras las faldas de las mujeres, abiertas, sugerían la disponibildad sexual de la hembra. No quiero refe-