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ABC MARTES, 21 DE OCTUBRE DE 2014 abc. es opinion OPINIÓN 15 Turquía, por la paz y la estabilidad Desde el inicio de la crisis en Siria, Turquía ha movilizado sus medios para poder aliviar el dolor causado por la tragedia humana que se está viviendo, y mientras abría sus puertas a los sirios no ha tenido en cuenta las diferencias étnicas, religiosas o sectarias, ni ha incurrido en ningún tipo de discriminación. La única agenda de Turquía es que se garantice la paz y la estabilidad en la región, principalmente en Siria, que se ponga fin al drama humano que se está viviendo, y que se derrote al terrorismo. Asimismo, Turquía ha declarado al EI como organización terrorista que supone una amenaza tanto para su propia seguridad nacional, como para la paz regional e internacional. Turquía actúa junto con la comunidad internacional en contra de los elementos que tienen como objetivo poner fin a la paz regional, y presta su apoyo a todos los esfuerzos dirigidos a eliminarlos. De acuerdo con lo expuesto en la declaración oficial realizada ayer 20 de octubre por el Ministerio de Asuntos Exteriores de la República de Turquía, se ha facilitado toda la ayuda humanitaria posible, se han aplicado las normas de compromiso con precisión y se ha actuado en total colaboración con la Coalición para Kobani. También se ayudará a posibilitar el paso de las fuerzas que dependen de la Administración Regional Kurda, los peshmergas, hacia Kobani. Por otro lado, da pie a confusión el hecho de reducir esta cuestión a Kobani y los kurdos. Turquía no pide soluciones sólo para una región y un grupo étnico concreto, sino que pide soluciones para toda la región y para todos los que están en el punto de mira del régimen de Siria y del terrorismo del EI, independientemente del grupo étnico al que pertenezcan. El problema tendría más posibilidades de solucionarse si la comunidad internacional también actuara en esta dirección. ÖMER ÖNHON EMBAJADOR DE LA REPÚBLICA DE TURQUÍA EN MADRID TRIBUNA ABIERTA FUTURO LOW COST POR IGNACIO CALDERÓN BALANZATEGUI Los jóvenes tuvieron que aprender a convivir con la incertidumbre, a abandonar la seguridad que generaciones anteriores habían logrado STUDIAR, buscar pareja, encontrar trabajo y tener piso. Podía cambiar el orden, trastocarse algún paso u obviarse alguno de ellos, pero grosso modo estos eran los ingredientes básicos que los jóvenes españoles manejaban hasta 2008 para trazar una, en su opinión, trayectoria exitosa, un proyecto vital viable. Hoy en su mayoría siguen queriendo lo mismo, pero la crisis ha devastado sus esperanzas. De hecho, el impacto de la crisis ha sido tal que ha modificado sus valores, sus actitudes, sus comportamientos o sus aspiraciones. Lo que piensan sobre las instituciones, sobre los adultos, sobre la política o sobre ellos mismos. Sin duda, hay un antes y un después de la crisis. Probablemente para todo el país, pero muy marcadamente para los jóvenes. Tanto es así que incluso la FAD, entidad ligada históricamente a la prevención del consumo de drogas, ha abierto el foco de atención y acción para ocuparse del conocimiento de la realidad global juvenil. Así nace el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, que centra sus esfuerzos en analizar y promover estrategias que propicien el desarrollo personal y social de los jóvenes. Y lo primero que analizamos es cómo por primera vez en décadas los jóvenes españoles están convencidos de que ellos vivirán peor que sus padres y sus hijos vivirán peor que ellos; y de que hay conquistas de sus padres que se perderán irremisiblemente. En definitiva asumen que les tocará vivir una vida low cost, una vida en precario. No hace mucho que los españoles vivíamos una fantasía social en la que todo parecía a nuestro alcance; más aún, donde ese todo parecía pertenecernos por derecho. Los jóvenes (o muchos jóvenes, pues no son todos iguales) trasladaban esa exigencia al espacio de lo lúdico. Convertían esas etapas vitales en un paréntesis en el que, esperando a crecer, no había más empeño que el de disfrutar lo más posible. Pero apareció la crisis y los jóvenes tuvieron que aprender a convivir con la incertidumbre, a abandonar la seguridad que generaciones anteriores habían logrado a través de un contrato social no implícito: si me preparo, aprendiendo, estudiando, cumpliendo las normas de la socialización, podré acceder a los beneficios de la integración en la comunidad, a un trabajo, a una vivienda, a una familia... Ahora se ha hecho añicos esa fantasía presentista. Ha desaparecido la esperanza de logros ciertos tras esa etapa de espera e irresponsabilidad. Y esto ha conllevado la reacción de los jóvenes: una visión evidentemente crítica del contexto; una gravísima desconfianza en las instituciones que no hace sino profundizarse día a día; una cierta desesperanza y una pérdida de credibilidad en un sistema que les ha mentido y engañado. Son actitudes que se manifiestan sobre todo en los discursos dominantes aunque en lo personal, los jóvenes españoles siguen declarándose satisfechos de su vida, posiblemente porque, pese a todo, no han perdido la fuerza esperanzada que les da tener la vida por delante y el soporte imprescindible de la familia. Además, ya no están en ese parón de actividad y responsabilidad. Han decidido implicarse en la búsqueda de una salida en medio de la incertidumbre: cambiando prioridades, aceptando renuncias, buscando alternativas, reivindicando valores diferentes; sobre todo implicándose más en el cambio para todos. Los jóvenes vuelven a reivindicar la acción política, no tanto como adscripción ideológica cuanto como acción transformadora frente a los problemas, no exactamente por la vía de la política formal sino a través de formas nuevas y diferentes de participación. Se niegan a dar cheques en blanco a los partidos políticos. Apuestan por tomar el timón, por cambiar el rumbo, por crear un nuevo escenario donde el esfuerzo, la honestidad, la rebeldía o la responsabilidad sean los valores fundamentales. La postura de los jóvenes, así como su lectura y aceptación de la realidad, nos debe llenar de esperanza. Su disposición a transformar desde el activismo pacífico todo lo necesario para construir esa nueva era que está amaneciendo es un dato claro para el optimismo. Por supuesto que estos jóvenes de los que hablamos E PIEDRA FE DE ERRORES Por un error, en la sección de Sociedad de la edición de ayer fue identificado como el Papa Francisco un cardenal que saludaba a Benedicto XVI son muy diferentes entre sí; no hay una juventud sino diversos grupos de jóvenes con distintas aspiraciones, actitudes diferenciadas, propuestas diversas. Pero, una vez más, de lo que hablamos es del discurso dominante; y no cabe menospreciarlo. Debemos tenerlo en cuenta para que el futuro sea un futuro equilibrado; donde los jóvenes insuflen su energía, sus ideas renovadoras y su disposición sin que desaparezca, se invisibilice o apague la experiencia y la voz de los adultos. Creo que no es suficiente con el abandono de aquellos que lo hicieron mal, sino que creo deben dar un paso adelante aquellos que lo hicieron bien. Los adultos debemos tener la oportunidad de corregir todo aquello en lo que nos equivocamos colaborando con los jóvenes, que ya han demostrado su disposición para que entre todos construyamos el futuro. IGNACIO CALDERÓN BALANZATEGUI ES DIRECTOR GENERAL DEL CENTRO REINA SOFÍA SOBRE ADOLESCENCIA Y JUVENTUD DE LA FAD Pueden dirigir sus cartas y preguntas al Director por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid, por fax: 91 320 33 56 o por correo electrónico: cartas abc. es. ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas.