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84 CULTURA DOMINGO, 19 DE OCTUBRE DE 2014 abc. es cultura ABC El Marqués, entre la pasión de la maldad y su arte glorificado Francia conmemora el bicentenario de este polémico personaje. Una exposición en el Museo de Orsay y un ensayo de Michel Onfray revisan sus controvertidas figura y obra JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL EN PARÍS Conmemoración muy polémica del bicentenario de la muerte de Donatien Alphonse François de Sade (París, 2 de junio de 1740- Charenton- Saint- Maurice, Val- de- Marne, 2 de diciembre de 1814) entre el libertinaje y la delincuencia sexual, precursora de los crímenes totalitarios. Con una ligereza asombrosa, el Museo de Orsay presenta una exposición destinada al gran público, Sade. Atacar el sol comisariada por una vieja beata del culto sadiano, Annie Le Brun, que lleva sus legendarias arbitrariedades religiosas hasta el extremo de presentar al divino Marqués como un precursor de Picasso que habría influido en grandes maestros del arte contemporáneo, tan dispares como Goya, Géricault, Ingres, Degas, Rodin, Man Ray, Fragonard y Francis Bacon, entre un largo etcétera. En el otro extremo, el filósofo y ensayista Michel Onfray publica un ensayo implacable contra el filisteísmo ignorante de las modas parisinas, transmitiendo sin leer ni verificar los más catastróficos eufemismos, transformando en libertario a un torturador criminal, hablando de liberación del cuer- po y el erotismo para ocultar el comportamiento de un asesino capaz de profanar a sus víctimas, glorificando el carácter revolucionario de un personaje capaz de secuestrar a hombres, mujeres y niños para torturarlos en un castillo medieval con el fin de gozar con tales crímenes. Cézanne, Degas y Picasso tratan el cuerpo humano, en general, y el cuerpo femenino, en particular, con un respeto sacro. El erotismo más escandaloso (en el caso de Picasso) está siempre al servicio de la glorificación respetuosa del cuerpo del otro o la otra. Sade, por el contrario, se sirve del cuerpo humano para glorificar el crimen, el asesiInfluencia invisible nato, la tortura. Que no tienen Annie Le Brun ha escogido nada de liberación El criun centenar largo de granmen, el asesinato y la tordes obras, esencialmentura están perpetrados te francesas, con el fin de por libertinos que com glorificar la influencia pran, raptan, secuestran sencillamente invisible y profanan el cuerpo hudel Marqués de Sade enmano con el fin expreso tre los más grandes maesde gozar. La liberación de tros del arte y la literatura los libertinos sadianos pasa de finales del siglo XIX y todo por el secuestro y la tortura de el siglo XX. Así, obras de caA los 20 años las víctimas, mera carne de rácter directa o indirectamencañón inmolada en la prisión El Marqués de te erótico o carnal de Cézadonde el delincuente sexual nne, Degas, Picasso o Man Ray Sade, retratado es un precursor de los totalison presentadas como suje- por Charles- Amé- tarismos del siglo XX. tas a la influencia precurso- dée- Philippe van Quizá fue el cineasta Pier ra de Sade. Le Brun no preLoo en 1760, Paolo Pasolini el primero en senta ninguna prueba que cuando Sade revisar la parisina subida a permita creer su profesión de tenía veinte años los cielos de Sade, con su pefe, cuando habla del paralelícula Saló o los 120 días de lismo e influencia de Sade en Las se- Sodoma inspirada parcialmente en la ñoritas de Aviñón de Picasso, por ejem- célebre novela de Sade. Por vez primeplo. Modestas escenas prostibularias de ra, de manera muy gráfica, se recuerda Degas son avanzadas, igualmente, con el carácter totalitario (fascista y nazi, el mismo fin: intentar probar lo difícil- en esa película) de las prácticas glorifimente defendible, desde un punto de cadas por Sade: secuestro de inocentes vista intelectual. La comisaria se guar- utilizados como víctimas de torturas da mucho de presentar las versiones sexuales. gráficas o ilustraciones de los grandes El beaterío parisino sadiano no aprelibros de Sade, Justine o Las 120 jor- ció ni aprecia la pavorosa versión cinenadas de Sodoma y Gomorra bien co- matográfica de una novela de Sade. Minocidas y al alcance de todos los públi- chel Onfray va mucho más lejos. En su cos. Esas ilustraciones pondrían de ma- nuevo ensayo, La pasión de la maldad nifiesto lo contrario. el ensayista reconstruye con mucha pre- cisión pedagógica la genealogía contemporánea de los sucesivos descubrimientos de Sade, tras la legendaria apología de Apollinaire. No sin cierta alegría liberadora, Onfray subraya que André Breton, Georges Bataille, Jacques Lacan, Roland Barthes y Philippe Sollers, entre un largo etcétera, siguieron el camino abierto por Apollinarie, sin haber leído, en verdad, los textos liberadores, eróticos y transgresores de un delincuente sexual glorificado por revolucionario y precursor. Alucinación colectiva Se trata de un fenómeno de alucinación colectiva comenta Onfray, agregando: Alucinación patológica muy parisina, a lo largo de todo el siglo XX. Tras haber suscrito la vulgata marxista- leninista, el maoísmo, el freudo- lacanismo, el estructuralismo o la actual teoría del género, los intelectualoides parisinos se ponen de rodillas, todavía, ante la apología del crimen de un delincuente sexual Sin duda, Sade no fue solamente un delincuente sexual. Ni su obra, luciferina, puede reducirse a la mera ilustración de una patología criminal. Su poesía filosófica engarza con el materialismo de los ilustrados de mediados y finales del XIX. Algunos de sus relatos no siempre libertinos forman parte de una cierta novela galante y pedagógica, tediosa pero nada subversiva. Quizá la polémica abierta con motivo del bicentenario permita aproximaciones menos ideológicas y apresuradas, para liberar a Sade de sus exégetas más beatos y poder comprender la modernidad de una cierta fascinación intelectual por el crimen totalitario.