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78 CULTURA DOMINGO, 19 DE OCTUBRE DE 2014 abc. es cultura ABC El museo de la ciudad abre la mayor exposición dedicada en 60 años al detective creado por Conan Doyle Sherlock Holmes revive en un Londres sin niebla LUIS VENTOSO E l orondo y admirable profesor Harold Bloom, tan dotado de arrobas como de neuronas, suele comentar que algunos personajes literarios acaban convirtiéndose en libres autores de sí mismos. Bloom pone como ejemplo máximo las creaciones de Shakespeare, que parecen cobrar vida propia. Cita en especial a Hamlet, que cuando ce- Moriarty, su archienemigo rramos el libro continúa acompañán- En la exposición está a disposición todo donos con su despliegue de inteligen- el fondo de armario de Holmes: sus cia ofendida. abrigos, incluido el Belstaff que diseConan Doyle (1859- 1930) médico es- ñó Derek Rose para el espigado Cumcocés que hizo fortuna como escritor berbatch, sus disfraces (más bien facomercial, no goza del aprecio crítico lleros) probetas para sus experimende Shakespeare. En vida no recibió un tos, la lupa, el violín, el sombrero de solo premio. Pero se las apañó para caza de paño, sus pistolas y hasta la hicrear uno de los personajes más impe- podérmica, con la que se evadía a golrecederos y rentables de la historia de pe de cocaína cuando la carencia de un la literatura: Sherlock Holmes. Hasta buen caso lo sumía en la abulia y la deel próximo 1 de marzo se puede ver en presión casi maníaca. el Museo de Londres, a un En la salida, una gran paso de la catedral de San pantalla donde vemos caer Fondo de Pablo, la mayor muestra el agua en una catarata con armario sobre el detective de los úlun fondo musical de susSe muestran timos 60 años. Un festín pense. Es la gran cascada para los seguidores de Hol- sus abrigos, sus suiza de Reichenbach. Allí disfraces, mes (y de su particular Sanmurió Sherlock Holmes en cho Panza, el doctor 1901, a manos, cómo no, de la lupa, el Watson) Allá está el cuasu archienemigo, el profesombrero... derno original donde Cosor James Moriarty, tan innan Doyle hizo caminar teligente como nuestro hépor primera vez a Holmes, cuando pre- roe, pero con su luciferino talento aplitendía llamarlo Sherrinford Holmes. cado a beneficio del mal. Fue una Y también los manuscritos de la nove- muerte con marcha atrás. Conan Doyla Los crímenes de la calle Morgue le lo liquidó porque estaba saturado de de Allan Poe, donde aparece el gran C. su personaje. Pensaba que opacaba su Auguste Dupin, el detective que asom- obra seria de la que hoy nadie se bró e inspiró al escritor británico. acuerda. Pero se vio forzado a resucitarlo al cabo de unos años ante el claBenedict Cumberbatch mor de los lectores, que cuando sucumNo faltan las películas sobre el inqui- bió en Reichenbach se dieron de baja lino de Baker Street, que van desde el en masa en el periódico que publicaba cine mudo hasta la magnífica serie de sus folletines. la BBC, con el brillante actor Benedict La muestra se titula El hombre que Cumberbatch trayendo al investigador nunca vivió y nunca morirá cita todesde las nieblas victorianas al Lon- mada de otro genio inabarcable y raro, dres limpio y tecnológico del siglo XXI. Orson Welles. Holmes está tan vivo Se han reunido multitud de fotos y di- que sabemos muchísimas cosas de él, bujos para evocar la atmósfera de la aunque lo que lo hace magnético es su ciudad, que incluyen los planos y ma- extrañeza. Sherlock nació en 1854, propas ferroviarios que utilizaba el nove- bablemente el 6 de enero. Era hijo de lista para hacer deambular a su personaje. En realidad, Conan Doyle no vivió mucho en Londres. Era más de campo que de una metrópoli que en sus días debía resultar un lugar engorroso: la mítica niebla londinense, que hoy no existe salvo en días muy señalados, no era hija del Támesis, sino de la combustión de carbón sucio; las calles, populosas, ofendían con el hedor de las caballerías; la luces de gas eran pobres; los barrios esquinados, todavía sórdidos y a veces peligrosos, un pasadizo a la aventura, el riesgo y el enigma. una familia bien, con un tío pintor de nacionalidad francesa, pasó de perfil por la universidad y cuando se establece como detective privado al principio pasa estrecheces, lo que le lleva a admitir como compañero de piso al doctor John H. Watson, un honesto médico militar que prestó servicio en Afganistán, donde resultó herido. Watson será el biógrafo de Holmes y por él conocemos su porte: 1,83 de estatura; delgado, pero fuerte; de ojos agudos y penetrantes mentón cuadrado y prominente, que anuncia determinación, y una delgada nariz de halcón Sus manos son de un tacto sorprendentemente fino, aunque siempre están manchadas por los productos químicos de sus experimentos. Sidney Paget Sin embargo, el aspecto físico de Holmes y su atildada manera de vestir la imagen mental que teníamos todos de