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16 OPINIÓN DOMINGO, 19 DE OCTUBRE DE 2014 abc. es opinion ABC POSTALES DIARIO DE UN OPTIMISTA JOSÉ MARÍA CARRASCAL AQUILES Y LA TORTUGA POR GUY SORMAN Los países emergentes creyeron que les bastaría con explotar indefinidamente su mano de obra barata y sus recursos naturales, pero no se prepararon para la revolución tecnológica que permite la reindustrialización de los países ricos ¿BUENAS O MALAS NOTICIAS? Cuando creíamos que estábamos saliendo del pozo, resulta que seguimos en él L O más sorprendente, inquietante y a la vez revelador del rebrote de la crisis económica es el regodeo, el regusto, la satisfacción que produce en la izquierda. Algún comentarista no puede disimular su alegría ante lo que llama fracaso del austericidio que aprovecha para poner unas banderillas de fuego a Frau Merkel. Mientras un observador medianamente objetivo diría que es la peor noticia de los últimos tiempos: cuando creíamos que estábamos saliendo del pozo, resulta que seguimos en él, y que incluso los europeos más ricos tienen dificultades. ¡Pero esto es ilógico, suicida! Si la recuperación encalla en los países punteros, aquí no va a salvarse nadie, empezando por los más pobres nos dice ese observador objetivo, naturalmente extranjero. Eso será en su país le respondemos Para un español, lo importante es la derrota del rival político. Que traiga daños a la nación es secundario, entre otras cosas, porque considera que la nación es él o, todo lo más, su partido. ¿Pero cómo puede gobernarse, cómo puede funcionar un país así? preguntaría, asombrado, nuestro interlocutor. Pues ya ve, como lo hemos venido haciendo hasta ahora, a trancas y barrancas, aparte de los periodos en que nos peleamos de verdad. Aunque también hay una explicación detrás de ello. Si esta crisis, o cualquier otra, una marea negra o un atentado terrorista, tumba al gobierno rival y lleva a al poder al partido propio, tampoco le afectará tanto, pues sabe que los suyos expresión muy castiza, gobernarán para él y su familia carnal y política. Sin contar la satisfacción que le producirá contemplar cómo los rivales se chinchan. ¡Pero esto es una locura! Así, ese país no podrá salir nunca adelante. Lo que tejen los unos lo deshacen los otros insiste, apesadumbrado, el extranjero. Y no nos queda más remedio que darle la razón Al margen de esta peculiaridad hispana, la realidad es que si bien la crisis empezó en Estados Unidos al desplomarse Lehman Brothers y se trasladó a Europa, esta segunda oleada se origina en Europa y se traslada a Estados Unidos. Con la enorme diferencia de que los Estados Unidos tienen una capacidad de reacción muy superior a la de Europa, como ha demostrado infinidad de veces, la última en esta ocasión. Mientras, los europeos nos hemos acostumbrado al mullido colchón del Estado de Bienestar, devenido en Estado de Beneficencia, que gasta más de lo que ingresa, y nos resistimos a dejarlo, sin que todas las llamadas al orden presupuestario consigan restablecerlo. Algo que no augura nada bueno. Que España haya crecido el último año más que ningún otro país de la CE basta y sobra para mostrar lo precario de nuestra situación. Y, encima, hay quien se alegra. Que no son sólo los que quieren instaurar un régimen venezolano. ¿P OR qué los pobres lo siguen siendo? La economía es una ciencia ingrata ya que, en teoría, sabemos cómo pasar de la miseria a la prosperidad gracias a la combinación adecuada de capital y de trabajo. También sabemos que esta alquimia es más eficaz cuando la crea un empresario privado y la vigila un Estado legítimo, árbitro del juego. Cuando, tras la caída del pseudomodelo soviético, el mundo entero se sumó a esta receta liberal, a la mayoría de los economistas les pareció evidente que todos los países, al aplicar estas reglas, convergirían hacia una prosperidad común. Esta teoría de la convergencia parecía confirmada inicialmente por la práctica. Así, entre 2000 y 2009, según el Banco Mundial, los países pobres avanzaron un 7,6 por ciento, y los países ricos un 3 por ciento. A ese ritmo, en treinta años, la renta personal del 80 por ciento de los habitantes más pobres se habría equiparado más o menos a la renta personal de los europeos occidentales y de los estadounidenses. Aquí hacemos referencia a la riqueza personal, no a la producción nacional, que se calcula en función del número de habitantes y que no nos informa sobre la vida real en los países concernidos. China es la segunda economía mundial por su población, pero es la 93 en renta por habitante. Para vivir bien, más vale ser estadounidense o europeo que chino, aunque algunos ideólogos manipulan las estadísticas para convencernos de lo contrario. Esta convergencia de las rentas personales recuerda al precedente occidental. A principios del siglo XIX, los británicos contaban con una renta que superaba al menos en un tercio a la de los europeos del continente; justo antes de la Segunda Guerra Mundial, todos los europeos disponían de unas rentas comparables, tras haber aplicado en sus países los métodos británicos. Por desgracia, esta teoría de la convergencia se derrumba ante nuestros ojos para dar paso a una alternativa intelectualmente menos satisfactoria: la de la divergencia. Como la economía occidental, especialmente en Estados Unidos, ha recuperado su impulso mientras que los países llamados emergentes son, de repente, inmergentes los pobres del mundo, lejos de equipararse a los países ricos, se alejan de ellos. El Banco Mundial calcula ahora que el tiempo de equiparación será de un siglo, en lugar de treinta años años, y el Fondo Monetario Internacional (cuyas estadísticas son más fiables porque está menos politizado) de cerca de tres siglos. Evidentemente, solo se trata de previsiones que parten de la base de que nada cambiará en la configuración de los estados nacionales, en su deseo de crecimiento (una idea relativamente nueva en nuestra historia) en las herramientas técnicas y en las políticas disponibles. Lo que se pretende con estas hipótesis no es tanto adivinar si un indio vivirá tan cómodamente como un europeo dentro de treinta años años o dentro de tres siglos, sino enten- ABC Y SUS LECTORES La portada de un día de Fiesta Nacional La portada del pasado domingo, 12 de octubre, en la que aparecía Teresa Romero en su habitación del hospital Carlos III, ha provocado numerosas quejas por parte de los lectores, que tachan de sensacionalista una información gráfica que, sin embargo, ABC consideró relevante compartir con la opinión pública. LUIS GÓMEZ GARCÍA se refiere a la citada portada desde un punto de vista distinto. ¿Desde cuándo dice el lector dar conocimiento de la salud de una persona tiene más peso que recordar y celebrar el aniversario de una gesta que honra a toda la nación? El editorial al respecto de la página 4 asegura que una fiesta nacional como la de hoy debe mover a la cohesión nacional pero ¿cómo se va a producir esa cohesión si ni siquiera se molestan ustedes en destacar en portada la transcendencia de esa hazaña española que fue el descubrimiento y colonización del continente americano? El remitente invita a ABC a emplear su reconocida influencia para fomentar que cada 12 de Octubre se celebren a lo largo y ancho de la piel de toro desfiles, actos culturales y actividades para divulgar la importancia universal del descubrimiento Si esa proeza la hubiera hecho cualquier otro país europeo concluye la carta seguro que no perdería la oportunidad de recordárselo cada año al resto del mundo, but Spain is different, right? España enferma Juan Manuel de Prada no defrauda. Esta semana tocan aplausos. Tras las lamentables declaraciones y actuaciones de los últimos días en relación con el ébola, y leyendo su diario, que es el mío, me he sentido hermanado con Juan Manuel de Prada y su gran artículo España enferma A continuación, las entrevistas al padre misionero agustino José Luis Garayo y la misionera laica Carmen Valle, ambos en Sierra Leona, me han hecho ver que es verdad que una gran parte de la sociedad española anda perdida, pero, por otro lado, ahí tenemos ejemplos de que hay vida y esperanza en esta España escribe LORENZO ANÍBAL. Por su parte, ÁNGEL FABREGAT califica de magnífico el artículo de Prada. Lo firmo todo, me parece perfecto, salvo la corrección que apunto