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14 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA DOMINGO, 19 DE OCTUBRE DE 2014 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO NO PODEMOS Ese marxismo televisivo y simplista encarna una nueva casta N la víspera de las europeas leí el programa electoral de Podemos. Intenté hacerlo de forma desprejuiciada, buscando otras ideas frente a la crisis en curso, que consiste en el declive económico y moral de Occidente (problema al que en España se añade el de la unidad de la nación) La levedad intelectual del documento me decepcionó, y más siendo sus autores profesores de Ciencias Políticas, empleados públicos de la Complutense adornados con sobresalientes y doctorados varios. No era más que una acumulación de majaderías utópicas, imposibles de implantar sin quebrar el país y convertirlo en un paria de sesgo bolivariano. Todo venía envuelto además en la más sobada prosa postcomunista. Los mismos tópicos que vienen utilizando desde hace décadas veteranos como el profesor Beiras para encubrir, con un manto justiciero, el rastro de dolor y miseria que dejó en el siglo XX la aplicación del marxismo, pura lejía para las libertades. El viernes un importante periódico publicó una tribuna de Podemos. Era como una página de publicidad, pero sin pasar por taquilla. De nuevo quise conocer sus ideas de primera mano. El argumentario era simple: todo es un asco y Podemos lo arreglará, porque es nuevo y participativo (por supuesto, no falta la frase talismán de todo líder teletubbie: Es tiempo de abrir un tiempo nuevo ¿Sus soluciones? Ninguna. Se habla, eso sí, de la intervención extranjera de España y se cita como ejemplo Eurovegas (que no vino por las exigencias que impuso el Gobierno) y las bases americanas (una realidad asumida y fuera de debate) Con mal gusto, aludiendo al nazismo, se critica el IV Reich financiero que nos obligó a fijar un techo de gasto en la Constitución. Muchos creemos que fue una medida benéfica, que impide que cualquier irresponsable pueda empeñar el futuro de las generaciones venideras. En cuanto a los escándalos de corrupción, tan podrido no estará el sistema cuando él mismo los está depurando (aunque falta exigencia ética por todas partes, empezando por PP y PSOE) Aparece también, por supuesto, la facilona alusión a la casta ese establishment que nos domina. Me temo que si naces en Madrid y puedes ir a su Universidad, luego vives de la misma (dinero público) te has lucrado por asesorar a políticos, accedes a los platós de Berlusconi y Lara para predicar día y noche y acabas sentado entre la crema de Estrasburgo... En fin, si no eres ya parte de la casta que denuncias, mucho se parece. Es legítimo el enojo de la gente machacada por la crisis, que sufre pese a la mejora macroeconómica. Es lógico que barajen alternativas. Pero abrazar un despropósito para darle una colleja a Rajoy no arregla nada. Ese desahogo se apellida suicidio. Jean Tirole, que acaba de ganar el Nobel de Economía y sale menos en la tele que Monedero e Iglesias, pero sabe un poco más, ha advertido a Francia que o hace reformas o se estrellará Esas reformas no consisten en cheques- regalo para todos, sino en la consolidación fiscal y la liberalización de la economía. La antítesis del potaje de Podemos. Tirole vive en el mundo real. Los otros, en la gaseosa de la televisión y el mullido limbo de la casta universitaria. E PROVERBIOS MORALES JON JUARISTI COLAPSOS El fracaso del independentismo catalán no se ha debido tanto a presiones externas como a un viejo antagonismo endógeno E L colapso del proceso independentista en Cataluña parece dar la razón a Rajoy, que siempre manifestó su convicción de que el referéndum de autodeterminación no se celebraría, pero no creo que pueda atribuirse a la firmeza del Gobierno inmovilismo, según la oposición el súbito desistimiento de Artur Mas. Ni a ello ni a presión externa alguna. La movilización del unionismo catalán, por mucha idealización voluntarista con que se le intente adornar, ha sido tan débil si se la compara con las manifestaciones secesionistas, que ha servido más para animar a los partidarios de la consulta que para otra cosa. La sociedad civil catalana no ha contado con una minoría de bloqueo frente al separatismo, al contrario de lo que sucedió en el caso vasco. La única oposición al plan soberanista partió de dos partidos políticos minoritarios en la comunidad autónoma, PP y Ciutadans. La tan cacareada resistencia empresarial ha constado, en la práctica, de un parvo puñado de pronunciamientos individuales ambiguos, como el de cierto poderoso presidente de un grupo multimediático, que, declarándose dispuesto a mantener en una Cataluña independiente sus editoriales de textos en catalán, anunciaba su intención de llevarse a Madrid las dedicadas al libro en castellano, por entender que no convendría conservarlas en un país de lengua ajena. Como el propio Alfred Bosch observaba hace unos días en la primera cadena de la televisión estatal, es absurdo pensar que el castellano desaparecería de Cataluña si ésta se independizara. Estoy de acuerdo. Más aún: sospecho que, al imponerse las consideraciones pragmáticas sobre un romanticismo resistencial ya innecesario, el catalán retrocedería aceleradamente en una Cataluña independiente. Si de la supervivencia de las lenguas minoritarias de España se trata, creo que no alcanzarán nunca mejores condiciones para su uso y desarrollo que las conseguidas en el Estado de las autonomías. Insisto en lo de creo Hablo de una convicción personal, pero estimo que a la vista de casos como el del irlandés, el urdu o el tagalo (estos últimos con muchos más hablantes que el catalán) tratar de demostrar lo contrario pondría a las llamadas oficialmente lenguas propias de las autonomías en una situación de alto riesgo. Si no ha sido ni el Gobierno ni una débil oposición interna al nacionalismo lo que se ha cargado el plan secesionista del 9 de noviembre, ¿qué ha pasado? Sencillamente, lo que ya sucedió otras veces en el seno del nacionalismo catalán: el descubrimiento de que la derecha nacionalista y la izquierda nacionalista hablan de cosas distintas cuando hablan de amor, y es que CiU teme más a la Cataluña de Esquerra, Iniciativa, etcétera, que a la España de Rajoy. Se ha vuelto a producir, pero como farsa cómica, el divorcio que se dio en su día entre Cambó, por una parte, y Maciá (y Companys) por la otra. Un divorcio que adquirió categoría de tragedia durante la guerra civil de 1936 a 1939, mucho más decisiva para la historia de la Cataluña contemporánea que el Corpus de Sangre o la Guerra de Sucesión. El catalanismo nunca ha podido superar aquella escisión interna. El nacionalismo vasco nunca conoció nada parecido, y, a pesar de ello, es muy improbable que el PNV y la izquierda abertzale se pongan de acuerdo en lo que significa la expresión nación vasca El nacionalismo catalán lo tiene aún más difícil. ¿Es posible que la derecha nacionalista y la izquierda nacionalista de Cataluña consumen un verdadero pacto nacional? Sí. De hecho ya lo hicieron en su día, con Tarradellas: el pacto constitucional español de 1978.