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ABC LUNES, 13 DE OCTUBRE DE 2014 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL CONTRAPUNTO ISABEL SAN SEBASTIÁN CUANDO DESPERTEMOS DEL ÉBOLA... Los fantasmas de la corrupción, el enfrentamiento, las mentiras y la demagogia seguirán ahí C UANDO despertemos del ébola, que despertaremos, los dinosaurios seguirán ahí. Cuando vayan apagándose las alarmas, Teresa ¡ojalá! haya vencido a la enfermedad, se aleje el peligro de nuevos contagios y el virus asesino retroceda hasta su lugar de procedencia, donde esperemos pueda ser definitivamente vencido, la pesadilla sanitaria dejará paso a los viejos fantasmas de siempre, que permanecen agazapados, con su potencial destructivo intacto. Cuando el combate contra esta feroz pestilencia vuelva a ser cosa de misioneros y voluntarios heroicos, dispuestos a sacrificar sus vidas en la ayuda desinteresada a los parias de la Tierra, España abrirá los ojos y se encontrará con una realidad sombría para la que no ha generado anticuerpos: corrupción, mediocridad, división, enfrentamiento, mentira, traición, ignorancia, demagogia... viejos conocidos nuestros que acechan en cada esquina. Ofende a la razón, la dignidad y el bolsillo contemplar, desde la tribuna de pagadores de impuestos, el espectáculo obsceno de las tarjetas opacas de Caja Madrid, el escándalo interminable de las subvenciones fraudulentas en Andalucía o los cientos de millones evadidos por la famiglia del padre- padrino Pujol, hasta ahora con total impunidad. Enciende el ánimo constatar hasta qué punto se ha practicado en este país el discurso del haz lo que yo digo, no lo que yo hago predicando austeridad y o solidaridad mientras saqueaban los recursos públicos los propios encargados de custodiarlos. As- quea sentirse engañada por todos, haberse jugado la vida, enterrado amigos, renunciado a tanto, sin otra finalidad última que la de encumbrar y enriquecer a unos cuantos sinvergüenzas. ¿Para qué dimos la batalla en el País Vasco? No fue pensando en ver a la serpiente gobernar San Sebastián, desde luego. Tampoco creímos ser nunca testigos de la infamia cometida con Bolinaga y otras alimañas de su especie. No nos plantamos ante al terror ni nos enfrentamos a sus cómplices recogedores de nueces sospechando que poco tiempo después su proyecto sedicioso de quebrar España, una España que nos pertenece a todos, estaría a un paso de materializarse en Cataluña, a falta de una auténtica ofensiva política destinada a impedirlo. En ausencia de medida alguna en el campo de la educación y la comunicación de masas susceptible de contrarrestar la abyecta propaganda separatista que ha envenenado las mentes. Es decir, sin oposición por parte de los partidos e instituciones responsables de evitar que, antes o después, se consume la ruptura. Todo o casi todo lo que se levantó entonces, hace poco más de quince años, yace hecho escombros en el fondo del barranco de ignominia al que nos hemos precipitado. Los movimientos cívicos (con honrosas excepciones, como Sociedad Civil Catalana) la resistencia ciudadana, el entramado legal (la maltratada Ley de Partidos) los principios, los valores, la determinación que sustentaron ese edificio... Todo se ha ido al garete. Claro que no es lo único. Ha pasado prácticamente inadvertido, en medio de la vorágine, el flagrante incumplimiento por parte del PP del compromiso referido a la derogación de la vigente ley del Aborto, que para muchos, ahora lo vemos, constituía vulgar munición electoral contra el PSOE, inservible una vez alcanzado el poder. Quienes creímos, ingenuamente, compartir con el partido en el Gobierno la convicción de que matar a criaturas indefensas en el vientre de su madre no puede ser un derecho hemos constatado nuestro error. Porque aquí convicción, lo que se dice convicción suficiente como para pesar más que el cargo, han demostrado tener Jaime Mayor Oreja y Alberto Ruiz- Gallardón. Los demás han mirado hacia otro lado. Pero, para bien o para mal, los muertos informativos que mata la última portada se empeñan en resucitar. Y, cuando despertemos del ébola, ellos seguirán ahí. IGNACIO CAMACHO FUERA DE LUGAR La continuidad de Mato y Rodríguez agrava el desafecto por la política. Personas inapropiadas en sitios inadecuados ÓLO la endogamia y el sectarismo de la política pueden explicar que la ministra de Sanidad siga en un Gobierno al que por méritos nunca debió pertenecer. Y otro tanto cabe decir del consejero bocazas Javier Rodríguez, contumaz soliviantador primero de la clase sanitaria madrileña y luego de la opinión pública española al empeñarse en culpabilizar de forma grosera a la auxiliar clínica contagiada de ébola. Apartados de facto de la gestión de esta crisis que no han logrado evitar ni han sabido manejar, amonestados por sus jefes directos y repudiados por sus compañeros de partido, permanecen en sus puestos sólo en virtud de esa regla no escrita del manual político que aconseja no ceder jamás a la presión del adversario por cargada que esté de motivos. Ceder se considera un síntoma de debilidad y entregar la cabeza de un responsable equivale a quedarse sin fusibles de protección y estimular al rival a seguir cobrándose piezas. No importa que la sociedad se escandalice ni que los errores palmarios perjudiquen al propio partido que gobierna; no importa que el fracaso de los gestores les arrebate cualquier autoridad moral para dirigir; se trata de evitar por todos los medios dar la razón a los antagonistas y ofrecerles en bandeja un éxito. Aunque la realidad objetiva obligue a retirarlos de la circulación para afrontar con cierta garantía los problemas que ellos deberían para eso fueron nombrados haber resuelto. O al menos no haberlos agravado con su incompetencia, su facundia o su torpeza. He aquí una de las causas más claras del desafecto ciudadano por la política. La gente no puede entender que personas sin capacidad para ejercer su función estén al frente de responsabilidades de Estado. El criterio de selección de equipos directivos que se aplica en la alta Administración no pasaría ningún filtro en la empresa privada: se pagan favores, se priman obediencias. Y el resultado es la frecuente presencia de personas inapropiadas en sitios inadecuados. Cualquiera puede elegir mal, pero en la implacable competitividad del libre mercado las equivocaciones se corrigen con sustituciones, despidos, relevos, ceses. Que además, en el caso de la vida pública, constituyen la manera de pedir disculpas a los electores y ofrecerles una reparación simbólica del fallo. Mato y Rodríguez están claramente fuera de lugar. La una, sin entrar en su dudoso entorno personal y su débil perfil político, por clara falta de cuajo para reaccionar ante una emergencia nacional. El otro por su desaprensiva, incendiaria ausencia de tacto en la justificación del caos en el que le tocaba poner orden. Sobrepasados por las circunstancias, ambos han demostrado ineficacia manifiesta para cumplir la misión que tenían encomendada. Cada minuto de su continuidad agrava la crisis de empatía social que sufre la actividad pública. Es un trastorno, un estrago. Un autosabotaje. S JM NIETO Fe de ratas