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ABC MIÉRCOLES, 1 DE OCTUBRE DE 2014 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL RECUADRO UNA RAYA EN EL AGUA ANTONIO BURGOS TERTULIANIZACIÓN Estamos asistiendo a una peligrosa contaminación de la lengua española con los giros, vocablos y expresiones del tertulianés SPAÑA está tertulianizada, ¿quién la destertulianizará? Pues no sé si alguien será capaz, pero un gran paso para quitar el paño del púlpito de tanto doctor Liendre sentando plaza de oráculo es hacer al personal considerar la ridiculez del lenguaje que se trabajan para no decir absolutamente nada. Hasta el punto de que aquí hemos dicho que han inventado un idioma: el tertulianés. Que hasta donde yo sé (que, como ellos, no sé nada) consiste en la puesta de negro sobre blanco de los temas de hondo calado y largo recorrido sobre un escenario de por aquí te quiero ver, Maribel. Que los tertulianos ocupen horas y horas de las radios y las televisiones con su jerigonza del fraile y su albondigón, caiga quien caiga, es al fin y al cabo un problema bastante concreto. Como dirían ellos en perfecto tertulianés, puntual Mientras les sigan pagando la morterá los que se la dan por decir paparruchas con mucha solemnidad, allá ellos... y acá nosotros. Lo malo es que como se pega menos lo bonito (el mío, que sea de Bermeo) observo que estamos asistiendo a una peligrosa contaminación de la lengua española con los giros, vocablos, modismos y expresiones del tertulianés. Igual que hay un espanglish se está formando un tertucastellano Consiste el tertucastellano en el uso del tertulianés en asuntos que nada tienen que ver ni con las tertulias, ni con la televisión, ni con la radio, ni con el arte de estar colocado de saltimbanqui de plató en plató y de estudio en estudio, ni con la política, ni con nada... Sino con cuanto ya denunció Quevedo en La culta E latiniparla la gente cree que por decir palabras rebuscadas y raritas es tomada por más culta y leída. Acuérdense de cuando toda España se puso a decir a nivel de o lo que es para parecer más culta... El daño que está haciendo el tertulianés en el español podría marcarse en el programa Sálvame poniendo allí un azulejo como los que señalaban la altura alcanzada por las aguas en las grandes riadas del Guadalquivir: Hasta la línea inferior señalada en esta cerámica llegó la cretinez del lenguaje tertulianés en el año 2014 No me invento nada. A esos ganapanes de las miserias y desgracias propias y ajenas de Sálvame les he escuchado con estos oídos frases de este tenor: -No puedes culpabilizar a Isabel Segunda, aunque ella focalice lo que tú quieres verbalizar y poner en valor... Los autotitulados colaboradores de Sálvame han roto todos a hablar en tertulianés, y dicen como lo más normal del mundo conlleva reto y como no puede ser de otra manera ¿Y las frasecitas? Llegan ya hasta el habla común de la calle, del trabajo, de la familia, de los amigos: -Con la que está cayendo... -Te has pasado siete pueblos. -Tienes que hacértelo mirar. -Malo, no: lo siguiente. ¿Y el sí o sí dónde me lo dejan? ¿Quién fue el imbécil que dijo por vez primera lo de sí o sí construcción adverbial que ahora no se les cae de la boca a millones de cretinos cultiparlantes y tertulianohablantes? ¿Y el para gustos, colores ¿Y el leer Leer ya no es pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados Eso era antes: una antigualla. Ahora leer significa interpretar o analizar Especialmente en la tertulianización del lenguaje de los periodistas deportivos: el que no sabe leer el partido no es nadie, es una mierda pinchada en un palo, que ni siquiera sabe decir hola, hola, hola y anunciar lo que vaya haciendo falta. Y, ojo, la supresión del artículo propia del tertulianés ha llegado también al lenguaje deportivo. Como es Zarzuela y no La Zarzuela, y Moncloa y no La Moncloa, todos los avances se hacen por banda derecha y no por la banda derecha Será que lo más tertulianesco, moderno y progresista es dejar el artículo la a Massiel para su La, la, la IGNACIO CAMACHO LA MADRASTRA El Estado tiene la ley y la razón, pero los soberanistas tienen el relato, la mitología, el marco mental. La propaganda A a haber ruido, mucho ruido. El Estado tiene la ley y además tiene la razón, pero el soberanismo catalán tiene el relato, el marco mental, que es el nombre posmoderno de la propaganda. En una sociedad con el pensamiento deconstruido por la brevedad sintética de Twitter no hay modo de competir con la brevedad contundente de un eslogan de dos palabras. Para rebatir la falacia escondida en la simpleza del lema dejadnos votar se necesitan argumentos complejos: el derecho constitucional, la titularidad de la soberanía, la naturaleza de la nación, la prevalencia de las leyes sobre la voluntad política. Eso no funciona. Queda la contundencia lacónica del no, el organicismo berroqueño, marmóreo, de las instituciones. La prohibición fulminante del referéndum de autodeterminación es una medida imprescindible para mantener la observancia de las reglas democráticas; sin embargo, resulta difícil, muy difícil, convertir esa victoria legal en una victoria política. El Estado, España, la España constitucionalista, ha llegado tarde a un debate cebado durante tres décadas por los soberanistas en su escalada tenaz y minuciosa de independencia psicológica. Y llega además lastrado por contradicciones, complejos y cargas que bloquean la imprescindible convicción en su propio mensaje. Con la rémora histórica de una falta de compromiso nacional, de un sentimiento vergonzante de la sociedad española respecto de sí misma, de su energía, de sus razones. La complacencia de nuestra izquierda con el nacionalismo excluyente es un fenómeno único en la política europea que ni siquiera ahora, en pleno desafío a la igualdad de los ciudadanos, deja de manifestarse en una vocación de equidistancia táctica. Arrastrada por un sentimiento de culpa, un turbio remordimiento posfranquista, la derecha también ha sentido mala conciencia de la cohesión nacional como elemento integrador de la democracia. Durante años hemos renunciado todos a la pedagogía mientras el poder autonómico de Cataluña levantaba las estructuras políticas y sobre todo sentimentales de la secesión. Les hemos dejado inventarse una nación por la cara. De modo que mientras España y sus demonios buscan un relato, los nacionalistas explotan el suyo. Una mitología sencilla, atractiva, seductora, aglutinada en torno a la solemne épica de la emancipación; da igual que se trate de una superchería cuando a su favor cuenta con la sensación de certeza superficial que proporcionan los argumentos sencillos. Han logrado que la España democrática aparezca como una madrastra autoritaria que cohíbe por la fuerza su ímpetu de libertad. Y dominan la estrategia del ruido. Acostumbrados a rentabilizar el victimismo se han apoderado de la comunicación y llevan ventaja. El Estado ha frenado en seco la ofensiva, pero para derrotarlos es menester algo más que la ley. Se necesita fe y no está claro que España sepa creer en sí misma. V JM NIETO Fe de ratas