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ABC MIÉRCOLES, 1 DE OCTUBRE DE 2014 abc. es ENFOQUE 5 ACN Derriban una estatua de Pujol Metáforas del paraíso JAIME GONZÁLEZ Que a Jordi Pujol lo hayan bajado de su pedestal por las malas solo se explica por el hecho de que hace trece años lo subieran por las buenas. Y aunque el grosero procedimiento empleado para su derribo merezca un severo reproche, las razones políticas por las que en su día lo encumbraron y fundieron en bronce se justifican mucho menos que ese empujón nocturno que ha terminado con sus huesos en tierra. La natural propensión del nacionalismo a elevarse por encima del suelo no es más que el reflejo de ese carácter totémico que lo ha llevado a erigirse en protector de la tribu. Fruto de esa exaltación de sí mismo es el monumento levantando a Jordi Pujol en Premià de Dalt en 2001, una obra que sin entrar en valoraciones artísticas provoca grima. No por exceso de realismo, sino de narcisismo. Toda la simbología del nacionalismo es un monumental ejercicio de autocomplacencia. Tanta jactancia no se compadece con la realidad de un territorio cuya inmensa potencialidad se ha visto gravemente mermada por la actuación de unos gobernantes que han hecho del pueblo catalán un gigantesco escudo humano para convertirlo en rehén de su particular estrategia. Lo que está ocurriendo ahora mismo en Cataluña se parece mucho al ritual del chivo expiatorio. Con paso firme, Artur Mas ha llevado a Cataluña al borde del abismo. Pero no será él quien siga adelante con el desafío soberanista, sino la primera línea de combate de una legión de abducidos cuya misión será la de tensionar al máximo, aun a riesgo de quebrar la convivencia de una sociedad obligada a decidir por la fuerza. A Jordi Pujol lo han derribado de su pedestal en Premià de Dalt, pero su efigie rodando por el suelo no es la metáfora de su propia decadencia, sino la de un pueblo el catalán que ha sido víctima de una monumental estafa. Una forma de corrupción que no tiene que ver con el dinero oculto en paraísos, sino con la pérdida de su propia identidad. ¿Qué fue de aquella Cataluña abierta y seductora que era la luz precursora de una España en blanco y negro? La han fundido, me temo. Arriba, la estatua de Pujol en Premià de Dalt, que apareció en el suelo. Debajo, antidisturbios de los Mossos retiran una de las tiendas de campaña que la CUP intentó situar en Barcelona frente a la Delegación del Gobierno en Cataluña