Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
8 ENFOQUE SÁBADO, 20 DE SEPTIEMBRE DE 2014 abc. es ABC REUTERS Turquía abre sus fronteras Humanidad elemental JOSÉ LUIS RESTÁN Turquía es siempre un país de contrastes y perplejidades. El dosier kurdo siempre está encima de la mesa de los gobiernos de Ankara, sean laicos o islamistas. Es un asunto que nunca alcanza la deseada solución y que a veces duerme como una especie de bomba de relojería. En esta ocasión, sin embargo, ha prevalecido una experiencia de elemental humanidad frente a cálculos políticos y las revanchas de la historia. El Gobierno de Erdogán ha decidido abrir sus fronteras para permitir el paso a numerosos fugitivos de etnia kurda que habían llegado huyendo del furor asesino de los yihadistas del Estado Islámico. En la aterrada huida de sus casas y sus campos, miles de kurdos de nacionalidad siria se toparon con una verja sólidamente defendida por la Policía y el Ejército turco. Quedaron así, nunca mejor dicho, entre la espada y la pared. En este dramático momento, la geografía y la historia pueden jugar malas pasadas. Los kurdos andan repartidos entre Irak, Irán, Siria y Turquía, y su conciencia de identidad cultural ha sido siempre una espina clavada en cada uno de estos países, cuya trayectoria reciente ha sido todo menos tranquila. Acoger en su territorio a miles de kurdos debe de ser algo difícil de digerir para las autoridades de Ankara, siempre recelosas frente al posible resurgir del nacionalismo kurdo en su frontera suroriental. Máxime ahora, cuando el Kurdistán irakí se configura como el embrión de ese estado que los kurdos han acariciado en sueños durante generaciones. Sin embargo, el Gobierno turco ha dado prioridad a lo fundamental. Abriendo la verja ha permitido a miles de kurdos, muchos de ellos mujeres y niños, ponerse a salvo de un enemigo que lo es de todos. Quién sabe si este gesto puede ser semilla de un futuro de convivencia inesperado. AFP Arriba, soldados turcos permiten el paso de kurdos procedentes de Siria en la frontera de Suruc. Sobre estas líneas, una pareja kurda pisa suelo turco tras huir de la amenaza yihadista