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ABC MIÉRCOLES, 17 DE SEPTIEMBRE DE 2014 abc. es cultura CULTURA 53 Toros (o no tanto) za, Born in chains nacido entre cadenas, llena de resonancias bíblicas, como si fuese una nueva Hallelujah para el siglo XXI. Al parecer, llevaba más de 40 años dándole vueltas a esa canción, la fui reescribiendo para ir acomodándola a mis cambios de posición teológica dice el exmonje budista. No todo fue tan lento: Algunas de las canciones vinieron con una alarmante velocidad asegura un hombre que hace manifiesto de la lentitud. Aunque el disco se llama Problemas populares Cohen bromea y dice que él carece de soluciones populares Tampoco está aquí para arengas políticas: He tratado durante años de definir una posición política y no puedo descifrarla La voz del maestro de Montreal como le pasa al Dylan otoñal, su compinche del Chelsea Hotel ya no está para muchas fiestas. Los años les han dado un sonido lija a lo Tom Waits. En el caso de Cohen, casi todo se queda en un recitado. En sus peores momentos, este tipo de recurso recuerda a aquellos singles que grababa en los setenta españoles el terrible y olvidado Manolo Otero. Pero esta vez la variedad de la música, su riqueza, que va del tecno al country, pasando por ecos árabes y hasta algún ritmillo que se diría raï argelino, se acopla con naturalidad a la declamación del poeta, que como siempre descansa en coros góspel femeninos. La nueva obra de Cohen se abre con un elogio de la calma: Siempre me gustó lento. Lo lento está en mi sangre recita. Como siempre, baraja sus temas eternos, la improbabilidad que rodea al amor, la alabanza a su Dios, o su perplejidad cínica y llena de humor negro ante un mundo que va mal: Hay torturas, hay matanzas... y hay todas mis malas críticas canta. Llega a conmover cuando anuncia su intención de resistir: La fiesta se ha terminado Pero permaneceré de pie Seguiré en esta esquina Donde solía haber una calle Enrique Ponce se gusta en un derechazo a media altura EFE La medicina del doctor Ponce en la necrópolis ALBACETE PLAZA DE TOROS DE ALBACETE. Martes, 16 de septiembre de 2014. Casi lleno. Dos toros para rejones de Los Espartales (1 y Carmen Lorenzo (4 estupendo) y cuatro de Juan Pedro Domecq y El Torreón (2 bis) faltos de fuerza y casta. DIEGO VENTURA, dos pinchazos y rejón trasero (saludos) En el cuarto, rejón contrario y descabello (dos orejas) ENRIQUE PONCE, de purísima y oro. Pinchazo y estocada (ovación) En el quinto, bajonazo. Aviso (oreja con petición) IVÁN FANDIÑO, de caldero y oro. Pinchazo y media. Aviso (silencio) En el sexto, estocada y descabello (saludos) ROSARIO PÉREZ ALBACETE Leonard Cohen habló ayer con periodistas de todo el mundo en Londres AP Una tumba tras otra. Como una necrópolis griega. Cada toro parecía buscar la horizontal antes de la merienda. Cuando asomó el primero de lidia a pie sus hechuras invitaban a embestir. Se atisbaba calidad bajo el zapato, con unas imponentes velas que iluminaban la plaza, casi llena. Fue la mejor noticia: feria en auge en tiempos de taquillas débiles. Y para débil ese juampedro, que acabó de reventarse en un volatín. Tampoco el sobrero de El Torreón andaba sobrado de fortaleza pese a su buen aire. El doctor de Chiva le aplicó la medicina de la media altura y metros de por medio. Pero aquel remiendo no podía con su alma y hubo de abreviar. El botín se presintió en el quinto, que no poseía las fuerzas de Hércules pero sí más que sus hermanos de Juan Pedro, que lidió un serio conjunto. Toro idóneo para el maestro, que supo administrar con inteligencia su fondo. Ponce concedió distancias al potable Engreído oxigenándolo mucho entre serie y serie y tratando de limar ese punteo por sus contadas vitaminas. Tres rondas diestras sin bajar la mano contuvieron el sello poncista, pero cuando tomó la zurda el domecq hizo amagos de rajarse. Técnica templada y sapiencia para mantenerlo y recrearse en algunos muletazos de desmayo hasta acabar en las cercanías junto a las tablas. El abaniqueo, que en el valenciano es toreo, despertó una ovación mayúscula de un público entregado. No importó que la espada se cayera: los tendidos se vistieron de blanco y cortó una oreja. Fandiño, que sustituía a Talavante, trató de aupar al flojo tercero. Un par de naturales brillaron en la imposible obra, principiada con tres lances de estatua broncínea. Una preciosa media, que las borda, resplandeció ante el sexto, que completó un lote sin opciones. El triunfador en la mixta fue Diego Ventura, que desorejó al estupendo murube de Carmen Lorenzo. En figura el jinete, que desató el clamor con un par al quiebro y en las cortas al violín. Al que estrenó la tarde le enseñó los caminos en el primoroso toreo a dos pistas. Por el rejón final perdió el premio, aunque la puerta grande se la ganaría luego...