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52 CULTURA MIÉRCOLES, 17 DE SEPTIEMBRE DE 2014 abc. es cultura ABC Leonard Cohen El retorno del hombre lento El artista canadiense, que cumple 80 años el domingo, lo celebra con un nuevo disco producido por un antiguo escudero de Madonna LUIS VENTOSO CORRESPONSAL EN LONDRES s una delincuente, pero la música le debe algo a Kelley Lynch. Gracias a ella, Leonard Cohen, que en 1994 se retiró a una montaña de Los Ángeles para reencarnarse en vida en monje budista a dos mil metros de altura, tuvo que volver a la carretera en enero de 2008, cuando ya arrastraba 74 años (bien llevados, eso sí, y con la elegancia atemporal de la casa) Mientras Leonard meditaba, Kelley robaba. Su contable y persona de confianza, la vieja amiga de toda la familia con la que incluso el inefable Leonard había tenido un lío, desvalijó las cuentas del poeta, bastante nutridas. De los cinco millones de dólares que atesoraba en su fondo de pensiones, le dejó 150.00. Lorca, la hija que acredita con su nombre la pasión de Cohen por el poeta granadino, dio la voz de alarma. Leonard se acercó al banco y detectó que la contable había detraído con su tarjeta 75.000 dólares de la cuenta personal del cantante. Al final, cuando Lynch fue detenida, la Justicia elevó el robó a 8,4 millones de dólares. Del dinero nunca más se supo y Cohen se vio obligado a girar. Era la segunda vez que el dinero lo obligaba a destapar su talento: en 1967 dejó su paraíso griego de la isla de Hydra y viajó a Nueva York para hacerse cantante porque no podía vivir de la literatura, su primer afecto. Desde su retorno forzado de hace seis años ya no ha para- E do. A veces ha habido sustos, como cuando en 2009 en Valencia se desplomó en el escenario por una intoxicación alimentaria. Pero al día siguiente ya estaba cantando en Barcelona. Las giras han sido un rosario de llenos y buenas críticas. En 2012, el auténtico judío errante presentó un disco, Old Ideas Ayer en Londres, en la Casa de Canadá, su país, dio a conocer uno nuevo, Popular problems En una sala atestada, periodistas de 27 países recibieron al clásico entre aplausos. Cohen, que como buen veterano todavía tiene el gesto conmovedor de llamar a los discos long play se mostró socarrón y caballero, como siempre, acaso con su voz de barítono un poco más queda. Cuando le dijeron que es un disco de desesperación, replicó risueño: No. Todo el mundo sabe que soy un optimista cerrado Una humorada de un depresivo químico que llegó a coquetear con el suicidio. La nueva entrega se llama Popular problems y es corta, poco más de media hora, pero muy sustanciosa, en especial viniendo de un hombre que el próximo domingo cumplirá 80 años. Cuándo una periodista le preguntó cómo lo celebrará, sacó su sorna hebraica: ¿Me puede dar usted alguna idea? Una podía ser tan simple como echarse un pitillo: Pienso mucho en fumar. Justo ahora estaba pensando en eso Cohen, muy delgado, con barbita corta blanca, lucía el mismo uniforme que lleva en la carátula de disco: traje oscuro bien cortado, camisa gris y corbata de listas. El sombrero en la mano, con su pelo cano peinado hacia adelante y cierto parecido con el Mr. Spock más trascendente de Star Trek El mujeriego impenitente, el hombre que fue también un artista a la hora de conquistar a las más bellas mujeres andaba ya enfilando la sesentena y todavía mantuvo un amorío con Rebeca de Mornay, olvidada actriz de hechuras Barbie se muestra todavía un poco más atento cuando pregunta una fémina. Las hechuras del galán, que perdido el físico conserva la afición. El disco es excelente. Pero Cohen tiene la honestidad de admitir que es un éxito compartido. La música la fir- Sin convicciones Carezco de soluciones populares. He tratado durante años de definir una posición política y no puedo descifrarla ma a medias con Patrick Leonard, un eficacísimo alquimista, un teclista al que han recurrido como productor Elton John, Brian Ferry y muchas veces la astuta Madonna. La mayoría de las ideas musicales vinieron de Patrick, con un poquito de modificación reconoce. Cohen sólo firma solo una pie- El referéndum de Escocia Un periodista le preguntó por el referéndum escocés. El informador que conducía la velada, de la BBC, se quedó pasmado: No le preguntamos nosotros por esto ¡y le preguntan los españoles! al parecer más preocupados que los propios británicos. Cohen se limitó a expresar su respeto por todas las convicciones: No siento que pueda tomar partido. Asumo que cada uno trabaja con sus mejores intenciones, no veo nada siniestro de un lado o de otro. La gente trata de hacer que sus vidas tengan significado y a veces piensa que la manera es a través de la política. En cualquier caso, reconozco la lucha de la gente por darle significado a su existencia y eso merece un respeto Pero cuando se le habló de Canadá, que está acechada también por el virus de la ruptura, recordó que mi familia eran refugiados, vivieron situaciones terribles, y yo nunca podré olvidar la hospitalidad de Canadá Se le entendía...