Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
14 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA MIÉRCOLES, 17 DE SEPTIEMBRE DE 2014 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO LA GRAN MUDANZA Bezos pagó 188 millones por el Washington Post Bill Gates ha abonado 1.933 por un videojuego E N agosto de 2013, Jeff Bezos, el propietario de la tienda digital Amazon, sorprendió haciéndose con The Washington Post El tendero electrónico ponía 188 millones de euros encima de la mesa y la familia Graham le entregaba su diario, el periódico que labró su leyenda finiquitando al presidente Nixon en 1974, también en agosto. La de Woodward y Berstein en el Post de papel es probablemente la gesta más sonada de la historia del periodismo. Tal fue el eco de su campanazo que pronto se puso de moda entre nosotros el supuesto periodismo de investigación En su versión castiza, en la mayoría de los casos las gloriosas investigaciones consisten en que alguien le filtra interesadamente un papel a un periódico. A veces el investigador se pone tan intrépido y creativo y su periódico tan amarillo que sus descubrimientos no pasan la cruel prueba del tiempo: las abracadabrantes exclusivas de una mañana devienen en microscópica rectificación a la siguiente. El periodismo de investigación, el de verdad, también existe, claro. Por ejemplo, en estas páginas se ha desmontado el tinglado de los ERE, el mayor robo de la historia de la democracia española. Pero es una tarea lenta, minuciosa. Exige la labor de varios especialistas durante largo tiempo y la prudencia de guardar en el cajón lo que no está bien cotejado. Desconfíen de un diario que venda una bomba cada mañana, porque les estará ofreciendo mercancía averiada. Un año antes de que Bezos abonase 188 millones por el venerable Post de 137 años, Facebook había pagado cuatro veces más por Instagram, una firma de aplicaciones para compartir y tratar fotos con 13 empleados. Ahora Bill Gates ha adquirido por 1.933 millones de euros un videojuego sueco, Minecraft, que permite a sus miles de usuarios divertirse por mundos inagotables de evocadora estética Lego. Estamos inmersos en una revolución, la gran mudanza digital, a la que los periódicos llegan muy vivos, con una enorme audiencia en las webs, pero exangües tras haber cometido el error primigenio del todo gratis Si Bezos compra el viejo rotativo es por algo. Sabe que Instagram y Minecraft pueden ganar mucho dinero, pero nunca derribarán un gobierno ni son el fiel de la buena salud democrática de una nación. Ese intangible se llama respeto y prestigio. Poder. Nadie sabe al 100 a dónde va el periodismo. No ha surgido aún el genio que explique una salida clara a lo huevo de Colón. Todo son atisbos. Por eso sorprende que la Reina haya bajado al detalle de condenar el periodismo instantáneo, que valiéndose de las modernas herramientas tecnológicas intenta contar los hechos en tiempo real. ¿Deben resignarse los periódicos a ir por detrás de las redes sociales? ¿Han de ceder sin pelear el papel referencial de primera fuente de información ante un acontecimiento? Antes de subir al trono y cambiar su vida, Doña Letizia fue una periodista excelente, del mejor nivel. Pero hoy su papel es otro, y resulta arriesgado dar opiniones categóricas en cuestiones opinables. En la monarquía inglesa, Isabel II está haciendo juegos malabares para contenerse y mantener la imparcialidad ante un pulso separatista que le repugna. El cargo obliga. LLUVIA ÁCIDA DAVID GISTAU EL COLADO El PP sacrifica hasta los imperativos morales autoimpuestos cuando no le son útiles H ACE casi tres años que Rajoy y Sáenz de Santamaría asisten a los consejos de su gabinete sin animarse a preguntar quién es el desconocido con gafas, rostro anguloso y pelo cano que está sentado entre sus ministros como uno más. Disimulan, le permiten participar e incluso servirse café, tal vez por miedo a que el colado sea un perturbado capaz de reaccionar con violencia si alguien le dice que abandone la sala porque los miembros del Gobierno deben discutir cosas de adultos. La infiltración de ese extraño con el que ni los escoltas se atreven es tan profunda y asombrosa que este cronista lo ha visto incluso durante las sesiones parlamentarias. Suele estar sentado en los escaños azules, a la mismísima diestra de la vicepresidenta, con quien comparte confidencias y cuyas intervenciones elogia, mientras ella finge que no la sorprende encontrárselo también allí. A lo mejor Sáenz de Santamaría envía señales de auxilio y no las sabemos ver ni hacemos nada por sacarle de encima al acosador quien, por cierto, se maneja con tanta soltura en su personaje que hasta el presidente del Congreso le cede la palabra a veces. El pasado verano, durante un partido entre el Real Madrid y la Fiorentina, un espontáneo uniformado hasta en el mínimo detalle como un jugador del Madrid se coló en el campo, se mezcló con los futbolistas y se dispuso a rematar un córner. Un defensa de la Fiore incluso lo marcó. Pasaron unos segundos maravillosos antes de que los jugadores del Madrid advirtieran su presencia y pararan el partido para que lo echaran. Me da la impresión de que exactamente lo mismo le ha ocurrido al Gobierno con el hombre que se hace pasar por ministro de Justicia, sólo que han estado sacando el córner durante casi tres años. Por eso ahora que les ha montado un lío con la reforma del aborto todos reniegan de él, y dicen no conocerlo ni saber cómo ha llegado a circular su proyecto a pesar de que los consejos de ministros son jerárquicos, y ningún proyecto sale del borrador sin la aquiescencia y la implicación del presidente y de la vicepresidenta del Gobierno. Salvo que se prefiera creer que no existe esa jerarquía y que cada ministro va por donde se le antoja como si aquello fuera los autos de choque, mientras el presidente y la vicepresidenta no se enteran de nada hasta que escuchan hablar de ello a los tertulianos de la radio. La concentración de la culpa por el gatillazo de la reforma en Gallardón, a quien ya se atribuyen hasta pensamientos suicidas que son como ponerle el cuchillito a mano y dejarlo solo para que practique el seppuku por honor, tiene el inconveniente de retratar al presidente y a la vicepresidenta como trajes vacíos con los que sus propios ministros ni consultan antes de salir en tromba con ideas propias. Lo cierto es que se trata de un recurso muy grosero para tapar otra evidencia: que el PP sacrifica hasta los imperativos morales autoimpuestos cuando no le son útiles o cuando una encuesta indica que acarrean desgaste electoral. Después del imperativo moral del Faisán, ahora liquida el imperativo moral del derecho a la vida y trata de hacer pasar por un lunático al ministro que lo verbalizó, es de suponer que con el conocimiento de su jerarquía, o de lo contrario habría sido cesado. Otra cosa es que la reforma fuera en sí regresiva hasta hace tres generaciones, con el pretexto de corregir liviandades de Zapatero, y que el PP haya descubierto que no conocía su propio partido, sino que confundió un estrato sociológico con el todo.