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ABC MARTES, 16 DE SEPTIEMBRE DE 2014 abc. es cultura CULTURA 53 ÓPERA Toros De cómo volver a soñar MOZART, LE NOZZE DI FIGARO Int: Pisaroni, Soloviy, Wolf, Tsallagova, Schneiderman, Coro y Orq. Titulares del Teatro Real. Dir. de escena: Emilio Sagi. Dir. musical: Ivor Bolton. Lugar: Teatro Real. Fecha: 15- IX ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Tarde triunfal en Salamanca, con El Juli, Perera y Del Álamo a hombros EFE MADRID Parece que nada ha cambiado, pero el paso del tiempo deja arrugas. Ayer, el Teatro Real abrió su temporada con Las bodas de Figaro y el espectador contento, como el escolar con su nuevo plumier, se sienta, observa y recuerda. Cree encontrarse en aquel julio de 2009 en el que la producción dirigida por Emilio Sagi se estrenó con la intención de considerar la nostalgia desde una perspectiva positiva. Él mismo lo explicaba sin desvelar que el escenario aparentaría encanto tras el realismo de estancias y jardines, ambientes de carácter sevillano en los que se oye la chicharra, surge el agua, ilumina la luna y huele el aire. Volver debería ser agradable, si no fuera porque repetir es difícil. Entonces, en el Real, había prosperidad, ilusión y debate sobre lo que se hacía y sobre lo que merecía la pena hacer incluyendo propuestas como las de aquellas Bodas cuya corrección fue sinónimo de buen acabado y solvencia. Ahora, por el contrario, se anuncian cambios sustantivos en la programación de este año que acaban de pillar al espectador a contrapié y se le niega solemnidad a la inauguración del curso reponiendo la ópera de Mozart en una realización cuya sosería general sólo invita al tedio. Todo es extraño, desde luego, pues coincide con la presentación del nuevo director musical del teatro, Ivor Bolton, cuyos méritos le preceden y de quien se espera una gestión artística con carácter. A su favor queda, de momento, el intento por plantear una lectura mozartiana en un estilo informado históricamente, cuidado y comedido ante las voces. Exigente, hasta el punto de encontrar fondo en la Orquesta Sinfónica de Madrid cuya calidad es irregular y cuya presencia apenas tiene brillo. La falta de un ritmo interno claro, la difusa articulación, la escasa vivacidad de la propuesta, la superficialidad del mensaje matizado a partir del estrecho ámbito expresivo en el que se mueve la interpretación tiene consecuencias funestas en el resultado final. La más inmediata es la grisura que transmite a un primer reparto que se conforma con cumplir y que apenas añade al foso un mínimo entusiamo, más allá de algún destello ocasional. Es el caso de Sofia Soloviy, la condesa de Almaviva, cuyo Dove sono pone de manifiesto que una voz sin especial belleza y con problemas de afinación es capaz de lograr interesantes resultados gracias a la calidad del legato una sutil expresión de apariencia trascendente y un plus de personalidad capaz de doblegar a la orquesta hasta llevarla a su terreno. Otra voz con posibilidades Tsallagova y Soloviy, como Cherubino y condesa de Almaviva es la de Luca Pisaroni a pesar de la flojera espiritual de su Hai gia vinta la causa y alguna nota destemplada. Apurando, cabe mencionar Sylvia cuya actuación se resume en las buenas medias voces de Deh vieni non tardar Todo ello configura un resultado agridulce, triste, aburrido, pues son muchos los momentos en los que a una interpretación musical alargada en una JAVIER DEL REAL monótona horizontalidad se une un movimiento escénico reconstruido sin chispa ni comicidad, marmóreo y conformista: envejecido con las arrugas de un día loco muy distinto al que cualquiera podría imaginar al pensar en Las bodas y sobre el que, a falta de alguien más cercano y capaz, escribe con finura el musicólogo Tim Carter en el programa de mano. hVSS J h SG ZJ SZK J gWDJJZPpKHMM vP J w YOKR M KIZ Z IH GV oSUR POJ XK IVJ CC FFF 4 J SG ZJ SZK J 4 OR iZ V Z IH IUSOXO mOR KZ: MZSSV OJ: xVKZ VîP: y 4 k 4: v 5 R VS: ZPGû ZJIZ HMîP MOK OKKZO gWDJJZPpKHMM vP J w y (s D w Q! n KV 4 XK IVJ gZS 4: gWDJJZPpKHMM vP J yOPYOKRZ SO VJMHZJIO MOK S SZD lKXUPV Z Z xV VZR KZ Z kKOIZ VîP Z x IOJ Z y KU IZK kZKJOP Sw HJIZ VJMOPZ Z ZKZ WO Z ZJOw 3 0- 0- zy El Juli, Miguel Ángel Perera y Juan del Álamo salieron ayer a hombros de la plaza de toros de Salamanca, en el cuarto festejo de feria, donde Enrique Ponce pasó desapercibido, y hasta pitado. Ponce realizó al noble primero un toreo sin apreturas y con su habitual facilidad, basado en naturales y derechazos, y matando de un pinchazo sin soltar y una estocada a un toro cuya embestida pidió algo más por parte del torero; se silenció su labor. No logró acoplarse con el quinto, al que se limitó a trastear con la derecha antes de cobrar, tras un pinchazo, una estocada tendida y trasera, y dos descabellos, lo que le supuso una sonora pitada por parte del público. El Juli demostró su capacidad lidiadora para dominar la incierta embestida de su primero, en una faena que tuvo más emotividad y técnica que componente artístico, y que remató de una estocada baja que le valió la primera oreja de la tarde. Al quinto, cuya faena brindó a El Viti, lo recibió El Juli con unas verónicas sacando al toro a los medios, realizando a continuación una faena sobre ambas manos en la que la calidad de la embestida del animal le permitió lucir todo su repertorio, matándolo de una estocada y un descabello, logrando las dos orejas del bravo ejemplar de Domingo Hernández. En el primero de su lote, Miguel Ángel Perera estuvo dominador, aprovechando la noble embestida del garcigrande sobre todo por su pitón derecho, y alcanzó su momento culminante en una brillante serie de derechazos sin ayuda. Unas toreras manoletinas precedieron a una gran estocada, que hizo rodar al toro sin puntilla, consiguiendo dos orejas. Perera tiró de oficio ante el desconcertante séptimo, y a base de tesón logró arrancarle algunas series de mérito, que fueron aplaudidas y fue premiado con una oreja en reconocimiento al esfuerzo, tras acabar con el burel de una buena estocada. El salmantino Juan del Álamo sacó unos brillantes pases a su primer enemigo, poniendo todo de su parte a base de conocimiento y valor para dominar la incierta embestida del astado, al que finiquitó de una estocada a toro arrancado, por lo que logró una oreja, en justo premio a su labor. Desde el inicio con el octavo, Juan del Álamo evidenció ganas de un triunfo grande ante su afición y cuajó en los medios una faena muy completa, rematada con unos torerísimos adornos, antes de conseguir una estocada que le valió para cortar las dos orejas.