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ABC SÁBADO, 6 DE SEPTIEMBRE DE 2014 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA RECUERDOS Recuerdo que este periodismo ha estado llamando insurgentes a los perros yihadistas que secuestraban periodistas CONGOJA el alma el degüello de esos reporteros por los perros yihadistas. Pero no debemos olvidar que esos reporteros fueron capturados en Siria, donde informaban sobre la guerra que esos mismos perros yihadistas libraban (y libran) contra Al Assad, uno de los pocos gobernantes de Oriente Próximo que protege a los cristianos. Por escribir que quienes combatían a Al Assad eran, en realidad, perros yihadistas que anhelaban la restauración de la umma o por celebrar la venturosa intervención de Rusia que impidió que Estados Unidos y su séquito de lacayos intervinieran sin careta en el conflicto, he sido machaconamente insultado durante los últimos años por cierto periodismo chulángano y bocón, de forma velada o elusiva desde sus tribunas de papel, y de forma desaforada o salvaje desde su cochiquera de Twitter, donde cada insulto era además celebrado, amplificado y extendido a mis allegados por su legión de jenízaros. No corresponderé a este vómito de insultos velados o salvajes, que he olvidado; pues, como buen meapilas, procuro obedecer el mandato evangélico del amor al enemigo. Recuerdo, en cambio, que este periodismo ha estado llamando hasta ayer mismo rebeldes e insurgentes a los perros yihadistas que secuestraban periodistas para luego poderlos degollar. También recuerdo que este mismo periodismo, allá por la primavera de 2011, mientras cele- A braba orgiásticamente que Gadafi estuviese perdiendo el control de Libia, se pronunciaba con ardor a favor de los rebeldes que combatían en Siria, diciendo: Muchos en Occidente tienen dudas sobre los rebeldes en estos levantamientos. Yo creo que, en una guerra así, debería estar claro con quién estar Este periodismo, desde luego, lo ha tenido clarísimo: recuerdo que en el verano de 2012, celebraba, como enardecido por una lujuria belicista, que frente a la estrategia del horror de Al Assad estuviesen allí los insurgentes dispuestos a hacerla fracasar con la sangre de los soldados del régimen Y en el verano de 2013, cuando ya estos insurgentes tan heroicos divulgaban vídeos en los que se comían el corazón de sus enemigos, recuerdo que todavía este periodismo lamentaba que hubiese gente (influida, desde luego, por meapilas) que creyese que los enemigos de Al Assad son peores que el régimen y que la insurrección está controlada por Al Qaeda u otros yihadistas También recuerdo que, en septiembre de 2013, después de la intervención venturosa de Rusia, este periodismo tildaba a Obama de pésimo defensor de una causa justa y exhortaba: Se trata de atacar a Al Assad para dejar constancia de que quien viola las reglas lo paga. Lamentable es la falta de músculo político y moral en Occidente para defender lo obvio Todo, en efecto, muy obvio y musculoso, según la consigna jaque de este tipo de periodismo que, todavía en junio de 2014, ante el espectáculo de los yihadistas martirizando cristianos, recuerdo que tenía el cuajo de escribir que tal horror no se habría desatado si Occidente hubiese apoyado a las fuerzas complicadas y heterogéneas (nótese la sustitución de rebeldes o insurgentes por este divertido circunloquio) que guerreaban contra Al Assad. Y remataba la faena pintorescamente: Ahora Siria anuncia su venganza y nos visita y amenaza ¿De qué Siria está hablando este periodismo, santo cielo? No es Siria, Estado que protege a las minorías cristianas, quien nos amenaza, sino los perros yihadistas a quienes este periodismo tan guay y molón ha estado apoyando en su lucha contra Siria, a la vez que insultaba chulescamente a quienes osaban llevarle la contraria. Menos mal que algunos meapilas tenemos algo de memoria. IGNACIO CAMACHO EL GATO CON CANAS Felipe es un morrongo taimado y suave que se ha dejado demasiados pelos en las puertas giratorias de su propia biografía González, aquel gatazo suave que decía Umbral, la edad le ha acentuado los rasgos de felino canoso y taimado, de morrongo ladino, bronceado y comodón que se pasea por las estancias del poder con la displicencia señorona de un dueño de la casa. En Sevilla González sigue siendo Felipe, el padrino moral del partido- guía del régimen andaluz, el carismático sabio de la tribu que guarda las esencias de su socialdemocracia pragmática y clientelar en el armario algo apolillado de una hegemonía cuarteada por la corrupción y el paso del tiempo que a todos nos alcanza. Hay un discreto trasiego de coches oficiales bajo los toldos que velan en la Plaza de San Francisco los resoles tempranos de la mañana de septiembre en la que el veterano santón desparrama doctrina sobre la nomenclatura del susanato. Fluido, sin papeles, automecido en su prosodia suave y aún magnética, a años luz del discurso acartonado y simplón de las nuevas élites, conserva cierta aura de su viejo hechizo aunque se haya dejado ya muchos pelos enredados en las puertas giratorias del Íbex y en los pliegues de una biografía irremediablemente contradictoria. Porque el problema del viejo líder del socialismo burgués consiste en que su lucidez de gurú chirría al contraste con la memoria de su propia experiencia de gobernante, y sobre sus palabras sensatas rebota un eco de errores del pasado. Toda la arquitectura social y política que ha quedado en cuestión con el crujido del sistema fue diseñada y construida bajo su mandato. La justicia politizada que denuncia la politizó él; el Pujol cuyos fraudes capotea con aire comprensivo obtuvo de él la preminencia complaciente sobre la que asentó su impunidad virreinal; la debilidad estructural de su propio partido es consecuencia remota de su personalista hiperliderazgo. El hombre que modernizó España dejó también sembrados en ella los vicios de forma que han aflorado en la primavera del descontento social. Y su juicioso análisis estratégico se resquebraja con el peso de las hipotecas vencidas de aquella etapa de esplendor caducado. Felipe siente nostalgia de sí mismo, como todos los gobernantes retirados. Su partido dejó hace tiempo de vivir de las migas de aquella tortilla de los pinares que el zapaterismo deconstruyó en la nouvelle cuisine de una posmodernidad líquida. El taponazo generacional del país ha arrumbado con insolencia su autoridad moral relegándolo a la caricatura de un abuelo Cebolleta sentado en consejos de la alta empresa, y unos jóvenes universitarios tardocomunistas les están comiendo a sus herederos la merienda. Y sin embargo, todavía suena bien la melodía palabrera del viejo hechicero, tan distinta del encorsetado y superficial trino en boga a la medida de las redes sociales. Lástima que esta Historia sin estatuas sea tan cruel con sus glorias caducas y avente tan rápido las cenizas en un claroscuro de sombras. A JM NIETO Fe de ratas