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12 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA SÁBADO, 6 DE SEPTIEMBRE DE 2014 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO Y AHÍ SIGUE Que el PSOE no haya expulsado a Chaves, que continúe en el Congreso y esté en la calle, da idea del pulso ético del país L escándalo de corrupción en la Junta de Andalucía es el más descarado, contumaz y voluminoso en la historia de nuestra democracia. Bárcenas, en chándal, pero con gomina, espera en Soto del Real a que la justicia espabile. Urdangarín aguarda cita en un confortable exilio en Ginebra, con chapuzones por Biarritz para distraerse. Matas pasa este tórrido fin de verano disfrutando ya de los salutíferos aires de la cárcel de Segovia. Tres hitos de la inmoralidad pública. Pero comparados con el récord cleptómano de la Junta, semejan unos aplicados becarios de Rinconete y Cortadillo. Solo los Pujol compiten con solvencia con el logro del socialismo andaluz, porque solo ellos hicieron lo mismo: tejer desde el poder una malla clientelar inextricable, con el objeto de oxigenar las arcas propias y partidarias. Dicho en idioma Ángel Exposito: se lo llevaron crudo. Y lo que es peor, para encubrir sus desmanes se invistieron como garantes del bienestar de su gente. En la Junta, el régimen socialista se presentaba como el baluarte capaz de salvar al pueblo llano del abuso de los señoritos cuando en realidad estaban robando el dinero de los parados andaluces. En Cataluña, el régimen nacionalista defendía al pueblo del expolio de Madrid, y lo animaba a liberarse a toda costa de tan pernicioso yugo. Pero lo que realmente hacían era saquear a los catalanes. El robo de fondos en la Junta se llevó a cabo de tres maneras: falsos expendientes de regulación de empleo, estafa que la juez cifra en 855 millones; ayudas a UGT con facturas falsas; y subvenciones multimillonarias para cursos de formación que jamás existieron, un descontrol que puede superar a los ERE. Manuel Chaves, licenciando en Derecho por la Universidad de Sevilla, gobernó la Junta 19 años, de 1990 a 2009, el epicentro del escándalo. Al aflorar los primeros indicios de la magnitud del latrocinio, podría haber ocurrido lo siguiente: Chaves dimite inmediatamente y deja la política, el PSOE lo expulsa y pide disculpas, la Justicia lo sienta en el banquillo y rápidamente lo condena a una larga pena de cárcel. ¿Pero qué pasó en nuestra España? Chaves no reconoce nada, e incluso se pone altivo y se muestra displicente con la prensa y con Alaya. Zapatero lo nombra vicepresidente florero del Gobierno como premio a su ejemplar labor. El PSOE lo designa y mantiene como presidente del partido ¡durante doce años! Todavía hoy, sigue cobrando tan ancho nómina del Congreso. ¿Culpable o inocente? Solo caben dos hipótesis. O consintió e incluso impulsó la creación de una espectacular red clientelar; o es inocente, porque los mandos intermedios, varios consejeros incluidos, abusaron de su buena fe y lograron burlar todos los controles para sustraer miles de millones de pesetas. En la segunda hipótesis, su incompetencia sería tan llamativa que en modo alguno puede ser vicepresidente de España, ni siquiera sereno de barrio. A Chaves le gusta salir a correr. Que no lleve años haciendo footing indoor en un patio certifica la mala salud ética de este país. E HORIZONTE RAMÓN PÉREZ- MAURA ¿POR QUÉ SE HACEN CRUCES? Si te han dejado hecho un guiñapo, nada sorprende que actúes como un guiñapo contra el responsable de tu miseria P ODEMOS estar de acuerdo en que airear las vergüenzas de tu expareja no es elegante. Mas es también una reacción humanamente comprensible cuando crees que te han destrozado la vida. Porque si te han dejado hecho un guiñapo, nada tiene de sorprendente que actúes como un guiñapo contra quien sea responsable de tu miseria. Algunas de las escenas que describe Valérie Trierweiler en su impactante Merci pour ce moment (Les Arenes. París, 2014) son de una sordidez moral difícilmente superable. Por ejemplo la descripción de François Hollande, a la sazón primer secretario del Partido Socialista Francés, tumbado desnudo en la cama que compartía con la autora, mientras hacía cálculos políticos a raíz de una noticia que acababa de conocer: la detención en Nueva York de Dominique Strauss- Kahn acusado de asaltar sexualmente a una empleada de un hotel francés. Hasta entonces Strauss- Kahn, director general del Fondo Monetario Internacional, era el candidato favorito de la izquierda para batirse con el presidente Nicolas Sarkozy. Hollande casi no existía en las encuestas por una razón bien sencilla: carecía de una carrera política digna de ese nombre. Los cargos ejecutivos más importantes que había ejercido hasta entonces y durante siete años eran el de alcalde de Tulle, una localidad de menos de 15.000 habitantes y presidente durante cuatro años del consejo general de la prefectura de Corrèze (242.000 habitantes) que es un poco más que ser presidente de diputación provincial en España. Ninguno de los primeros ministros socialistas que había tenido Francia hasta entonces (Mauroy, Fabius, Rocard, Cresson, Bérégovoy, Jospin) le confió una cartera ministerial. Él solo podía llegar al poder si un rival de currículo perfecto y vida privada distraída veía sus (muchísimas) miserias aventadas. Así fue. Se ve que desde la cumbre del poder se cree que se está por encima del bien y del mal. Hollande no creyó necesario casarse con Trierweiler para hacerla primera dama de Francia. Qué progre. Y quizá, en su maniqueísmo, pensaba que sus infidelidades así eran menos graves. Pero lo que más impresiona del caso es que Hollande pudiera de verdad creerse que podía mantener una relación íntima continuada con la actriz Julie Gayet sin que nadie se enterara. Se citaban a dos manzanas del Palacio del Elíseo, salía del piso franco pasadas las 11 de la mañana... ¿Es que nadie iba a investigar dónde estaba el presidente hasta esa hora? El currículo con el que Hollande fue elegido presidente de Francia era de una mediocridad tal que a nadie permite manifestarse sorprendido por su forma de actuar. Y por la manera en que dejó a la madre de sus cuatro hijos para irse con la señora Trierweiler, debería sorprender a esta menos que a nadie las infidelidades de las que fue víctima. Pero estas cuestiones morales, que pueden ser reflejo de una sociedad, probablemente no sean, políticamente, lo más relevante de la Presidencia de Hollande. Después de la caza judicial a la que se ha visto sometido su predecesor, Sarkozy, sin precedentes en la V República, ni con François Mitterrand, que hundía barcos de Green Peace a bombazos ahora nos encontramos con que el descalabro de popularidad de Hollande 17 por ciento se traduce en la encuesta de ayer de Le Figaro si hubiera elecciones presidenciales mañana, Marine Le Pen ganaría en primera vuelta. Y si pasara a segunda vuelta contra Hollande, Le Pen sería la próxima presidenta de la República Francesa. No paramos de mejorar.