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ABC SÁBADO, 6 DE SEPTIEMBRE DE 2014 abc. es ENFOQUE 5 Mireia, hija de Jordi Pujol, llega al domicilio de sus padres; a la derecha, Felipe González EFE González sale en defensa de Pujol El capote JAIME GONZÁLEZ Como si fuera un arúspice etrusco (aquellos adivinos que se guiaban más por las tripas de las bestias que por la cabeza) Felipe González aseguró ayer que no cree que Jordi Pujol sea un corrupto, sino que está protegiendo a sus hijos. Suponiendo- -que es mucho suponer- -que Pujol estuviera actuando en defensa de su prole, su figura no sería la de un venerable anciano obligado a inmolarse por los suyos que es lo que se deduce de las palabras de González sino la de un colaborador necesario en una supuesta trama delictiva. Por decirlo más claro: Pujol sería cómplice de la corrupción de su familia. El acto de fe de Felipe González es tan respetable como peligroso, porque sin aportar prueba alguna convierte a Pujol en víctima de su propia saga, en el chivo expiatorio de los pecados de sus hijos. La pregunta que le haría a González es si la condescendencia rayana en la candidez que exhibe con Pujol sería extensible a nombres de otros partidos ligados a casos indiciarios de corrupción política. Y sospecho que no, lo que me lleva a pensar que el capote al Molt honorable no es ningún acto de honestidad intelectual, sino un error mayúsculo por lo que puede servir de operación de cobertura a quienes creen ver en el caso Pujol una maniobra contra Cataluña. Tal vez sin pretenderlo, González se ha servido de su condición de hombre de Estado para emitir un diagnóstico trufado de esa pusilanimidad blandurrona que adorna a quienes se sitúan por encima del bien y del mal aparentando una neutralidad que no es tal. Digamos que sus declaraciones son formalmente inconvenientes, bastante impropias por cierto en un hombre de Estado. ESPAÑA