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ABC SÁBADO, 6 DE SEPTIEMBRE DE 2014 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O LU C A D E T E NA NOS SIGUEN GANANDO POR JUAN ESLAVA GALÁN La carencia de idiomas, y del inglés en particular, es uno de los defectos que lastran la educación española, recuerden el papelón del presidente Zapatero en aquella reunión de mandatarios europeos. No obstante sería deseable que ese conocimiento se adquiriera sin por ello empedrar de anglicismos el español, nuestra lengua común en la piel de toro E visitado la estupenda exposición El último viaje de la fragata Mercedes. Un tesoro cultural recuperado que puede verse estos días en el Museo Arqueológico Nacional. La historia de la Mercedes es aleccionadora: zarpa de Montevideo con otras tres fragatas, rumbo a Cádiz, llevando a bordo un tesoro de monedas de oro y plata, además de diversos productos ultramarinos. A la altura del Cabo de Santa María, las costas de Portugal a la vista, le salen al encuentro y se emparejan con ellas otras cuatro fragatas inglesas mejor armadas, 184 cañones contra 148 (y con carronadas, los trabucos de los salteadores del mar, que disparan metralla a quemarropa) Los ingleses pretenden que las naves españolas rindan viaje en un puerto británico. Protestan los españoles que de eso nada y que no entienden el atropello puesto que los dos países están en paz. El comodoro Graham Moore se pasa los tratados internacionales por el forro y ordena abrir fuego contra la flotilla española. Los españoles se defienden. A los pocos disparos, una bala roja (incandescente) penetra hasta la santabárbara de la Mercedes y la fragata estalla como un petardo. Las otras naves se rinden tras reñida resistencia y acaban en puertos británicos. El tanteo final no deja dudas sobre el ganador. De un lado 269 españoles muertos (muchos de ellos pacíficos pasajeros) del otro dos ingleses. El Gobierno británico declara el cuantioso botín derechos del almirantazgo por lo que, según el vídeo de la exposición, el comodoro Moore no recibe un céntimo, aunque según el catálogo lujosamente editado (con su fe de erratas y todo) la parte que le correspondió del botín apresado le permitió enriquecerse ¿En qué quedamos? Dos siglos después, en 2007, la compañía cazatesoros americana Odyssey Marine Exploration, localiza el pecio de la Mercedes y extrae de él más de medio millón de monedas de plata y oro, además de otros efectos de puro interés arqueológico que traslada a su base de Tampa Florida. Protesta España por este nuevo acto de piratería del que es objeto y, tras largo y enconado proceso, los tribunales americanos fallan a su favor y obligan al expoliador a devolver el tesoro. La exposición, ya digo, es admirable por lo cuidada e instructiva. Tan solo me ha contrariado que, en el vídeo que la acompaña, el narrador, un marino español de los que padecieron el vida diaria. Nos detenemos en un stop (así señalado, excepto en algunos países de Hispanoamérica donde la placa indica Pare cliqueamos en el ordenador (pulsamos) vestimos fashion (a la moda) con atuendo casual (informal) nos ejercitamos en el gym (gimnasio) aliviamos las agujetas con un spray (rociador) cultivamos hobbies (pasatiempos, aficiones) somos managers (gerentes) pendientes del marketing (mercadeo) anunciamos nuestros productos en stands (puestos, expositores) sacamos tickets (boletos, entradas) y cuando viajamos hacemos un tour (visita guiada) El mestizaje de los idiomas, en lugares donde la aculturación es intensa, origina curiosas componendas. En Puerto Rico tengo oído mailear una carta (echarla al correo, mail en inglés) En aquellos ámbitos, aunque el español sea más débil ha contribuido sin embargo con curiosos hispanismos. Cerca de la frontera mexicana encontramos en un edificio oficial el rótulo Housgow (transcripción fonética aproximada de la palabra española Juzgado pronunciada con el seseo mexicano) En los pantanos de Miami hay caimanes, en inglés alligators (herencia de la expresión española el- lagarto que era como los llamaban los españoles que llegaron a aquellos humedales en el siglo XVI) NIETO H atraco inglés, comience su exposición diciendo y escribiendo: Mi nombre es Javier de Iriarte Ese anglicismo, mi nombre es tan normalizado hoy entre la gente joven, en lugar del español Me llamo Javier de Iriarte me pareció que testimoniaba que los ingleses nos siguen ganando esta incruenta batalla del idioma. Conste que estoy de acuerdo en que el inglés sea, por su intrínseca plasticidad, por su sensata gramática y por el lugar que ocupa en el mundo, la nueva lingua franca en la que hablantes de distintas lenguas deberemos entendernos en el futuro. La carencia de idiomas, y del inglés en particular, es uno de los defectos que lastran la educación española, recuerden el papelón del presidente Zapatero en aquella reunión de mandatarios europeos. No obstante sería deseable que ese conocimiento se adquiriera sin por ello empedrar de anglicismos el español, nuestra lengua común en la piel de toro. En el pasado lo hemos conseguido en ámbitos tan populares como el deporte por excelencia en el que, aunque nos han metido algún gol (goal) como football (hoy españolizado y aceptado como fútbol) al menos los locutores de hogaño (antes speakers) ya no dicen como antaño corner (saque de esquina) ni off side (fuera de juego) algo es algo. El inglés se introduce inevitable en nuestra olviendo a nuestros anglicismos hay algunos muy divulgados porque continuamente aparecen en la jerga de los políticos y de los tertulianos que sobre ellos debaten. A menudo dicen honesto (del inglés honest) cuando quieren decir honrado (el que actúa íntegramente y con justicia) Como sabemos, honesto significa, en español, decente, recatado pudoroso Aunque en su cuarta acepción pudiera también ser honrado sería muy convenientemente no confundirlos. A los ciudadanos, y especialmente a los políticos, no podemos exigirles que sean honestos si admitimos que esa cualidad pertenece al ámbito de lo privado, pero podemos y debemos exigirles que sean honrados (ámbito de lo público) Del mismo modo cuando dejan de ser honrados y se ven envueltos en un escándalo sería preferible decir implicados aunque convengo en que muchos implicados en latrocinios públicos intenten escapar de su responsabilidad envolviéndose ahora sí literalmente, en alguna bandera que hayan adoptado como propicia coartada de sus ilícitos enriquecimientos. Es complicado, lo sé, pero en cualquier caso sigue siendo deseable que para adquirir nuestro anhelado inglés no agredamos al español con esas balas rojas de los anglicismos no sea que algún día lo veamos estallar como a la Mercedes y tengamos que lamentar haber perdido el tesoro más preciado, el de nuestra lengua. JUAN ESLAVA GALÁN ES ESCRITOR V