Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO, 31 DE AGOSTO DE 2014 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA HACIENDO AMIGOS IÑAKI EZKERRA AUTODECAPITÁNDONOS El Estado Islámico es la pura antítesis, no ya del Estado de Derecho, sino de la Civilización H AY guerras, conflictos, litigios internacionales en los que no resulta fácil posicionarse, dirimir las razones o las culpas ya que éstas se reparten entre los bandos en pugna. Pero hay veces en que la cosa está muy clara y no admite vacilaciones. La carnicería que ha montado ese engendro religiosoideológico llamado Estado Islámico en Siria e Irak no deja lugar para las dudas ni las ambigüedades: esas terribles imágenes que han mostrado estos días las televisiones de centenares de soldados apresados, desnudados y humillados ante unos captores que se burlaban de ellos imitando sádicamente el ruido de las ametralladoras ratatatatá... antes de darles muerte; esos éxodos masivos de la población civil; esos energúmenos que usan las modernas tecnologías de la comunicación para amenazarnos con entusiasmo y mostrar eufóricos las cabezas que han seccionado; este verano sangriento, en fin, de cabezas cortadas que en realidad ya se anunciaba desde que el ISIS tomó en junio la ciudad de Mosul y consiguió, al hacerse con el petróleo y con la sucursal del Banco Central de Irak, incrementar sus recursos de novecientos millones de dólares a dos billones y convertirse en la organización terrorista más rica del mundo. ¿Quién puede ver un mínimo y remoto asomo de justicia o justificación, de bondad o nobleza en esa amenaza y en todo ese horror? ¿A qué vie- ne el mutismo de nuestra izquierda, o sus condenas en voz baja y con la boca pequeña? ¿Dónde están los manifiestos y manifestaciones de nuestros líderes progresistas, nuestros pacifistas, nuestra juventud y nuestros artistas concienciados con las grandes causas? Sorprende ese estruendoso silencio en esa izquierda que es tan aficionada a usar la palabras nazi y fascista contra cualquiera que no es de su cuerda; contra cualquier voz crítica en la política o en la prensa; contra el inquilino de la casa Blanca, sea quien sea, republicano o demócrata; contra el Estado de Israel, que ha sido el primero en aceptar una tregua con unos terroristas como los de Hamás a los que, por propia definición, no habría que dar ninguna tregua. Esa izquierda, sí, que hasta teoriza sobre un supuesto proceso en el que la víctima paradigmática del nazismo de ayer se habría convertido en el victimario de hoy perpetuando sobre los palestinos el horror cometido sobre ella. Yo no sé si se han dado cuenta quienes se dedican a urdir esa lúdica y barata clase de paradojas que comparar una guerra como la de Gaza con el Holocausto también es una forma de negacionismo No. No se pueden ver genocidios en un Estado pluralista, serio y democrático que se defiende en una guerra de las lluvias de misiles y a la vez callar ante los verdaderos y premeditados genocidios, como los de ese Estado Islámico que es la pura antítesis, no ya del Estado de Derecho, sino de la Civilización misma. Nunca hemos visto a ningún representante de Israel celebrar ninguna de las consecuencias trágicas de la guerra ni decir que hay que matar a todos los árabes y a todos los que no profesan el judaísmo. Pero, en cambio, sí vemos continuamente a representantes del Islam que dicen que hay que matar a los judíos por serlo, a los infieles por serlo, a los hijos de éstos sólo por serlo. Y eso sí es un programa genocida. Esos sí son crímenes contra la Humanidad. Ésas sí son violaciones de la Convención de Ginebra. Si hay algo que se parezca al nazismo son esas decapitaciones de civiles y de niños. Callar ante ellas es renunciar a usar la cabeza para pensar. Es autodecapitarnos nosotros mismos. IGNACIO CAMACHO EL REGRESO No es la vuelta a la rutina lo que te desazona sino la punzada de una inquietud, abstracta pero verosímil, de no repetirla SO que llaman síndrome post- vacacional, la simple angustia depresiva del final del verano, se te pasó en los primeros años de la crisis; el bombardeo de despidos a tu alrededor fue tan intenso que comprendiste pronto el privilegio de poder volver al trabajo cada septiembre. Lo que no conseguiste ahuyentar fue el pellizco de desasosiego responsable que en fechas como la de hoy envuelve tu ritual de regreso. Hasta hace un lustro sólo te preocupaba el tráfico del retorno, la tensión de las horas de volante en las autovías atestadas y el estrés de la recogida de los enseres antes de la partida. Ahora hace tiempo que mientras conduces camino de la ciudad pasas revista en tu interior a las vicisitudes de la empresa, a los rumores laborales, a las perspectivas de ventas para el nuevo curso; no es la vuelta a la rutina lo que te desazona sino la incertidumbre de repetirla, la punzada de una inquietud abstracta pero verosímil, el cosquilleo de una cierta zozobra que necesitas calibrar para no sentirte un frívolo. En los periódicos que has ojeado en la playa decían que las cosas han mejorado y van a más pero ya ni siquiera te consideras escéptico: simplemente has aprendido a convivir con los desengaños. Cuando te bajaron el sueldo y te recortaron días libres lo único que te molestó fue que los jefes te dijesen que eran medidas provisionales; te alivió que la llamada no fuese para el finiquito y pensaste que ellos jugaban con tu desamparo. Tres veranos completos pasaste agazapado sin salir de vacaciones, escapando al pueblo de tus padres para que los niños no estallasen en el encierro urbano, hasta que el año pasado decidiste confiar y volver medio mes a la costa pero cambiando el hotel de los tiempos felices por un discreto apartamento. Al repetir en este agosto serás estadística de la recuperación que no te acabas de creer, el turismo en alza, el consumo interno; quizá también deberías serlo de la invisible economía informal por el pago en negro del alquiler que te ha exigido el dueño. Un ministro está dando cifras de crecimiento en la radio mientras tú recuerdas cuánto tiempo hace que deberías haber cambiado el coche en el que apenas caben ya los chicos y calculas los inminentes gastos de septiembre, el colegio de la niña, el chaval que empieza la Universidad, todo eso que antes pagabas con la extra perdida y la devolución de Hacienda que se esfumó con la subida de impuestos. Tu mujer te ha adivinado el pensamiento y te ha hablado con confortables palabras de confianza: los indicios de mejoría general, el crédito que os ha ofrecido el banco, su propia esperanza de volver a encontrar empleo. Con las luces de la ciudad al fondo has meneado en silencio la cabeza sin responder lo que de verdad te ronda en el pensamiento: que los muertos más estúpidos de una batalla son los últimos, los que caen cuando ya se está acabando la guerra. E JM NIETO Fe de ratas