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ABC DOMINGO, 24 DE AGOSTO DE 2014 abc. es estilo CULTURA ABCdelVERANO 85 Muchachas un hombre pegó en público a su mujer en un bar y nadie dijo ni hizo nada. No podía olvidar aquella escena. Después, mientras escribía, logré poner una distancia con la historia. Al final llegué a la conclusión de que la palabra escrita puede curar, tiene esa capacidad sanadora. -Publicó su primera novela a los 18 años. ¿Qué ha aprendido desde entonces? -Después de mi primera novela seguí cursos de escritura y no aprendía nada, solo me dio más seguridad. Incluso en Columbia me dijeron que uno tiene que escribir como es. ¿Y qué me dice de la fama? ¿Le ha cambiado? -Yo no he cambiado con la fama. Los que cambian son quienes te rodean. El mayor inconveniente es que ya no soy anónima, pero sigo yendo en metro y en autobús y hasta hace bien poco te- Lo más duro Escribir sobre el maltrato a la mujer en esta novela fue lo más duro de todo Sin planificar Cuando me pongo a escribir, no tengo una idea preconcebida, la historia va surgiendo Éxito y crítica Mi éxito fue tan grande que los críticos no pudieron tragarlo y empezaron a fusilarme La escritora trata de repetir el éxito de su anterior obra: Los ojos amarillos de los cocodrilos nía un Clío (ahora, eso sí, confiesa tener un Audi) Cuando empecé como periodista, no me imaginaba como novelista. De hecho, en mi familia solo había tres libros y tres discos. He hecho de todo, de hecho algún día contaré mi vida, porque es una novela. Realmente estoy en muchos de mis personajes, ahí me puedes encontrar. -Tuvo una infancia muy dura y ahora es una escritora que goza de reconocimiento mundial. ¿Cree que tendemos a sobreproteger a los más pequeños? -A mis hijos les he sobreprotegido muchísimo y en el fondo yo soy más fuerte que ellos. Yo salí de una situación muy mala, tuve una infancia muy dura, pero hay muchos que no salen. Pero, si quieres a tus hijos, es muy difícil encontrar el punto intermedio. -Cubrió la boda de Guillermo de Inglaterra y Catalina de Cambridge. ¿Echa de menos el periodismo? -No, porque cuando era periodista no hacía más que lo que yo quería y ahora mismo hago lo que quiero también con mis libros. Tuve mucha suerte, porque tuve un redactor jefe que comprendió que sería incapaz de hacer algo que no me gustara. -Hábleme de su especial relación con el mundo de la moda. -Con el mundo de la moda he tenido mucha suerte. Me ha ayudado mucho Chanel, Gaultier, Inès de la Fressange... Jean Jacques Picart lanza a todos los nuevos modistos en Francia y la jefa de prensa de Chanel me dijo que tenía que ir a verle porque él era quien sabía cómo funcionaba todo entre los jóvenes... ¡Resultó que era fan de Hortense (una de las protagonistas del libro) Al final, Picart e Inès de la Fressange han terminado convertidos en personajes en la segunda y la tercera parte de la trilogía. ¿Por qué se fijó en Jacqueline Kennedy para escribir una novela? -Es un personaje muy interesante, tuvo seis o siete vidas, es un personaje de novela en sí mismo. Era una mujer muy complicada, pero no quería que se supiera, de ahí que proyectara esa imagen, pero no era ni mucho menos perfecta. Es muy raro que una persona que llega a un cierto grado de fama sea un cretino, que detrás no haya nada. Si profundizas, siempre encuentras algo. -Ha hecho felices a millones de lectores, pero tiene muy enfadados a unos cuantos críticos. -Los críticos me dan exactamente igual. No es mi problema, allá ellos. Empezaron a fusilarme con El vals lento de las tortugas El éxito fue tan grande que no pudieron tragarlo. En París hay muchos códigos, clanes y debes elegir el código en que te mueves. A mí me gusta estar sola, lo he decidido, no me gustan los clanes. Incluso con mi familia, por eso no he conseguido estar casada mucho tiempo. -La soledad es el estado ideal para el escritor. -Sin duda. Cuando escribo vivo y respiro el libro, nada más. Tengo mucha gente en la cabeza. ¿Por eso ha huido a Normandía? -No me aburro. Tengo el triángulo que forman París, Normandía y Nueva York. Cecilia Bartolli, en la brillante escenografía de Damiano Michieletto ABC FESTIVAL DE SALZBURGO El arte de una princesa de cuento La soprano Cecilia Bartolli triunfa en la nueva versión de la ópera de Rossini ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE SALZBURGO Desde hace tres años, el Festival de Salzburgo mantiene una fluida relación con el de Pentecostés celebrado en la misma ciudad y dirigido por Cecilia Bartoli. El año pasado recuperó Norma de acuerdo con los cánones interpretativos bellianianos y, en esta ocasión, se ha fijado en La Cenerentola rossiniana. La primera representación del título ha concluido de forma triunfal, dando la razón a la diva y a sus ambiciones interpretativas. Bartoli comparte el éxito con el director de escena Damiano Michieletto, autor de una propuesta brillante, colorista y narrativamente incisiva. A ella se debe la emocionante alegría que acompaña el rondó de Angelina, Nacqui all affanno mientras la protagonista se rodea de una niebla de burbujas de jabón. O la sorprendente entrada de la carroza reconvertida en un Mercedes y atravesando la pared del bar en el que trabaja la pobre Cenicienta. O su triunfal aparición en un modernísimo y elegante bar de copas, vestida impecablemente de noche y de rojo inmaculado. Las propuesBartolli como Cenerentolla tas de Michieletto tienen la virtud de desarrollarse en espacios cercanos, que cualquiera cree y querría haber visitado. Así es más fácil ubicar el mérito del arte pirotécnico de Cecilia Bartoli que, en La Cenerentola busca, además, el más difícil todavía al desarrollar la linea vocal a partir de las variantes usadas por María Malibrán. Bartoli las delinea meticulosa con la letra y su transcripción y, circunstancialmente, con una afinación no pulcra en el registro superior y con graves algo huecos. A su lado, cabe alguna objeción. En lo que al reparto se refiere, parece claro, pues son malas las intervenciones de las hermanas Lynette Tapia y Hilary Summers. La del bajo Ugo Guagliardo concluye en un Aliodoro de mínimos. Mejor parados salen Enzo Capuano, Don Magnifico, y Nicola Alaimo, cuya corpulencia dibuja sin mayores esfuerzos un Dandini estimable. Otro mundo es el del tenor Javier Camarena, pues ante la solvencia de su parte, la seguridad en la emisión y la pureza de varios agudos no hubo dudas. Queda el trabajo del Ensemble Matheus y del director Jean- Christophe Spinosi, cuyo esfuerzo filológico tal vez responda a una supuesta realidad pero menos a la ortodoxa tradición rossiana, ante la que es necesario recordar el trabajo del maestro Claudio Abbado, moderno defensor de este título. Escaso contraste en los afectos, apenas incisividad en los crescendi falta de un apoyo firme en el bajo que sustancie la música... Bonitos colores historicistas y agradable lectura. Al menos en la sala. En el disco será otra cosa.