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84 ABCdelVERANO CULTURA DOMINGO, 24 DE AGOSTO DE 2014 abc. es estilo ABC Katherine Pancol Me dan igual los críticos, no son mi problema La escritora francesa, que ha vendido millones de ejemplares con la trilogía de Los ojos amarillos de los cocodrilos regresa al panorama editorial español con nueva saga: Muchachas INÉS MARTÍN RODRIGO ENVIADA ESPECIAL A PARÍS Leonardo da Vinci defendía que la simplicidad es la sofisticación definitiva y Nabokov hablaba del divino detalle como clave de la literatura. A medio camino entre una tesis y otra se encuentra la obra de Katherine Pancol (Casablanca, 1954) es la autora de la trilogía de Los ojos amarillos de los cocodrilos una de las sagas más vendidas en los últimos años en nuestro país (más de 700.000 ejemplares desde su publicación en 2011, según su editorial en España) Convertida en un fenómeno literario, lejos quedan ya los días de periodismo en los que Pancol tuvo ocasión de entrevistar a Lady Di y más lejos aún están los cursos de escritura que se vio obligada a tomar después del efímero éxito de su primera novela, publicada cuando contaba tan solo con 18 años. Con un permanente gesto agradable y ese estilo solo propio de quien se sabe elegante, la escritora se trasladó a París desde su retiro en Normandía para recibir a ABC con motivo de la inminente publicación en España de Muchachas (La Esfera de los Libros) su nueva trilogía y uno de los platos fuertes de la rentrée en nuestro país. En ella, la novelista narra la historia de un grupo de mujeres (y hombres) que se mueven entre Nueva York, París, Borgoña, Londres o Miami, con el maltrato como telón de fondo y una aparentemente velada crítica social. ¿Por qué optó por un título tan español como Muchachas (La novela se ha publicado bajo ese nombre, sin traducción, en todos los países en los que se ha editado) -El título es un guiño a España, un país con el que he tenido una relación muy buena. España ha sido el detonador fundamental para las ventas en el extranjero. Estaba escribiendo y, en un momento dado, se me cayó el lápiz; me agaché a recogerlo y al levantarme se me ocurrió. Tenía un profesor español que siempre decía que las muchachas eran estupendas y me acordé de él. -Ha optado, de nuevo, por una trilogía. ¿Por qué? -Desde el principio tuve claro que quería algo corto y sin animales (cocodrilos, tortugas y ardillas copaban los títulos de su anterior saga) pero cuando quise darme cuenta llevaba escritas 800 páginas e iba solo por la mitad de lo que quería contar. Llamé a mi editor y me dijo que siguiera, así que cuando terminé tenía 1400 páginas. Estudiamos el libro para ver por dónde podía cortarse y encontramos dos puntos, por lo que pudimos convertir Muchachas en una trilogía. -En este primer volumen está muy presente el maltrato a la mujer. ¿Quería que fuera una denuncia social? -Es una reivindicación humana. El maltrato está demasiado generalizado y es importante hablarlo, contarlo, que la gente sepa que ocurre cerca de nosotros. Por ejemplo, el mismo día que se jugaba la final del Mundial de Brasil, Boko Haram secuestraba a 60 niñas y nadie dijo nada. Escribir sobre el maltrato a la mujer fue lo más duro de todo. Se hace muy raro tener dentro de ti a esos personajes. Me tuve que meter en la mentalidad del hombre, llegar a discernir ese punto tan sutil que separa la violencia de la no violencia. Todas las mujeres a las que entrevisté tenían una falla tectónica por donde puede entrar esa violencia. Es muy difícil explicar lo sutil que es ese punto en el que ella casi le muestra que debe pegarle. Tras la publicación de la novela en Francia, recibí cartas de mujeres maltratadas e incluso alguna me dijo que había dejado a su marido... ¡Bien! -Al entrevistar a todas esas mujeres para la elaboración de la novela, ¿volvió a ponerse en el papel de periodista? -Realmente no, porque tienes que buscar una empatía con ellas casi psicológica. Localizar a las mujeres fue muy fácil, por desgracia. En Francia, una mujer muere a manos de su marido cada dos días. Es algo muy duro, muy difícil. Lo mejor es que se hable en los medios, que haya conciencia pública. Lo peor es el silencio cómplice. -En Muchachas se cuelan varios personajes de Los ojos amarillos de los cocodrilos -Los personajes que aparecen vinieron al libro para dar un poco de felicidad, incluso a mí misma, porque la historia en Borgoña es tan dura que casi los necesitaba para poder darle otro ritmo a la novela. Es como una sinfonía: la historia empieza en Nueva York, con todo lo dulce, lo bonito y luego llega la parte amarga... Escribir un libro es como una sinfonía. -En mayo se estrenó en España la película, protagonizada por Emmanuelle Béart. ¿Qué le pareció? -Me gustó el reparto, pero no la puesta en escena. La libertad que tienes escribiendo un libro no la tienes escribiendo un guión. ¿Cuál es su método de trabajo, cómo escribe? -Escribo en pequeños cuadernos, donde voy tomando notas que pego en la pared y voy uniendo unos con otros hasta conformar los personajes. Cuando me pongo a escribir, no tengo una idea preconcebida, la historia va surgiendo sola. Antes paso mucho tiempo con los personajes, les conozco muy bien y les creo a partir de puzzles de muchas personas. Con trocitos muy pequeños que vienen de diversos sitios, de pronto te aparece un personaje fantástico. Con un personaje real, estaría limitada, aunque tengo espías en todos lados, desde Miami a Cuba. Uso a los personajes como dados: los lanzo sobre un tablero y veo lo que sale. No tengo un plan establecido de principio a fin, de ahí que los finales sean agotadores porque cada personaje quiere contar su propio final. -Alguna vez ha dicho que la escritura sirve para ver lo que queríamos olvidar. -Con esa frase me refería a una escena que presencié y que me llevó a escribir