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52 CONVERSACIONES DE ESTÍO DOMINGO, 24 DE AGOSTO DE 2014 abc. es ABC Aurelio Arteta El sentimiento dominante del nacionalismo catalán con España es xenófobo Catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad del País Vasco, para Arteta el nacionalismo es intrínsecamente perverso ALFONSO ARMADA SORIA E s gracias a Aurelio Arteta que el último día de julio descubrimos el incomparable claustro soriano de San Juan de Duero, junto al río, que pasa manso, tras las tapias. Es gracias a Aurelio Arteta (Sangüesa, Navarra, 1945) que volvimos a pensar con plena conciencia en virtudes como la compasión o la admiración moral, tan poco cultivadas, por no decir desdeñadas, en tantos ámbitos, como el País Vasco. Es ahí donde Aurelio Arteta ha cultivado otra virtud que casi le cuesta la vida, la del coraje, la del valor. Porque este catedrático de Filosofía Moral y Política en la Universidad del País Vasco, especialista en ética y marxismo, se la jugó no callándose cuando los asesinatos de ETA arreciaban (y por eso tuvo que acostumbrarse a vivir con escolta) y, siempre, entonces y ahora, por atreverse a señalar a los que con su complicidad, su silencio, su cobardía, su mirar hacia otro lado permiten que los crímenes se cometan y los asesinos y quienes les amparan puedan campar a menudo, con demasiada frecuencia, sin vergüenza. Autor de libros que no han envejecido un ápice desde que fueron publicados, como La compasión. Apología de una virtud bajo sospecha (1996) La virtud en la mirada: ensayo sobre la admiración moral (2002) El saber ciudadano (2008) o Mal consentido: La complicidad del espectador indiferente (2010) en los últimos años ha perseguido con tanto denuedo como lucidez uno de los mayores ejemplos de la pereza a la hora de hablar y de pensar, el uso de tópicos, que tanto dicen de nosotros, de quiénes somos, de cómo razonamos. Sin haberse convertido en superventas, los dos volúmenes de Tantos tontos tópicos (2012) y Si todos lo dicen. Más tontos tópicos (2013) amén de sus celebradas series sobre el uso y abuso del archisílabo, le han em- pezado a dar a Arteta una visibilidad que el rigor de sus obras amerita. Colaborador de diarios como El Correo El País o Navarra Hoy la víspera de nuestra cita a orillas del Duero presentó en la Fundación Duques de Soria su última serie de tontos tópicos y lo hizo metiéndose en camisa de once varas y caminos llenos de espinas. Uno de los que más le incomodan es uno de los que mejor le definen: ¡Pero no pretenderá usted convencerme! Pues claro, de eso se trata, para eso hablamos, para eso intentamos persuadir mediante la palabra. Leyendo acerca de sus tópicos uno acaba adoptando la costumbre de morderse la lengua no sea que lo que va a soltar sea solemne majadería, porque como bien recordó en Soria el tópico nos evita pensar por uno mismo. Los tópicos no son inocentes. Son pretextos para quedar bien no en vano son síntomas del clima moral de una sociedad Caminando junto a Aurelio Arteta uno se hace preguntas incómodas. Y sin embargo es difícil encontrar a un hombre capaz de destilar, en medio de tantas razones para la pesadumbre, mayor humor, mejor ternura. Ni siquiera los muertos estarán seguros si el enemigo vence y ese enemigo no ha cesado de vencer ¿Cómo de pertinente sería la frase de Walter Benjamin aplicada al País Vasco ahora que la violencia explícita del tiro en la nuca y la bomba lapa ya no están y la pelea es por el relato? -Los asesinados, desde luego, no estarán seguros si se les olvida. Pero, si a ellos no se hace justicia, tampoco estaremos seguros muchos de los vivos, porque habremos aceptado convivir entre nosotros sin confesar la complicidad activa o pasiva de una parte de esta sociedad. O sea, sin asumir la responsabilidad de todo el nacionalismo vasco, incluido el no- violento. Seguros de veras estarán sólo los nacionalistas y los que callan. -Usted ha escrito sobre la responsabilidad del espectador del mal del que se mantiene al margen, del que oyendo gritar a alguien en medio de la noche no se levanta, del que viendo cómo maltratan a alguien en la calle cambia de acera y se aleja, esperando que sea otro el que intervenga. ¿Cómo de enfermo está un País Vasco que pretende pasar página sin examinar el abismo moral de las últimas décadas? -El nacionalismo ya es una grave enfermedad política que origina en sus adeptos múltiples perversiones morales. Una de las más visibles es la xenofobia, el sentimiento de superioridad que nos incita a despreciar al otro y tenerlo por enemigo. Pero espectador es todo el que pudiendo hacerlo sin un grave perjuicio no quiere enfrentarse al causante del mal o al grupo que lo consiente o justifica (de amigos, trabajo, familiar, etcétera) por miedo a quedarse solo. Ni tampoco esa enfermedad de la cobardía aqueja en exclusiva al País Vasco, claro está. La complicidad silenciosa con los daños de otros nacionalismos, de tantas corrupciones, de fraudes tan colosales... ha sido diaria por parte de muchos y durante décadas ¡de democracia! ¿En qué medida el uso partidista de la lengua y de la historia como armas de formación del espíritu nacional en comunidades autónomas como Euskadi, Cataluña y Galicia han fortalecido la división, el victimismo, el mito? -Ya se ha probado hasta la saciedad la deformación sectaria de la historia con ese objetivo. Se ha denunciado menos la política lingüística, la palanca principal de la construcción nacional que lleva aquí 30 años contando con el beneplácito de la izquierda. El nacionalista necesita recuperar, extender, recrear o incluso inventar su lengua. Y es que, a su juicio, sin una lengua propia no habría nación y sin nación no hay derecho de soberanía o de secesión. De ahí la contumacia en la educación forzosa del catalán en Cataluña o la presión social que en Euskadi conduce a los padres a matricular hoy a sus hijos en el modelo educativo en euskera, cuando la inmensa mayoría de esos padres y su ambiente ni lo conocen ni lo hablan. Es una mentira aceptada. ¿Qué reforma considera más urgente para la sociedad española? -Son tantas y tan decisivas... Pienso, desde luego, en la reforma de la Constitución que encuadre todas las demás. Me refiero a la reforma educativa des- de la infantil hasta la universitaria (una vez más, pero en serio y sin concesiones al estúpido pedagogismo) del funcionamiento de la justicia, de la ley electoral, de la ley fiscal, de la financiación de los partidos, del Tribunal de Cuentas, de los abusivos mecanismos bancarios, qué sé yo... ¿Qué libros han dejado una huella