Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO, 24 DE AGOSTO DE 2014 abc. es sociedad SOCIEDAD 47 testinal de más de la mitad de la población mundial. En realidad, no basta con acatarrarse o infectarse para empezar a coger kilos de más. El proceso se produciría por una carga de gérmenes que acumulamos a lo largo del tiempo, explica el investigador de la Seedo. Cuanto más carga de infección tenemos, más riesgo de obesidad, por lo que también podría explicar por qué con los años y el envejecimiento se tiende a engordar Es casi imposible protegernos de la infección, pero sí cultivar nuestra flora intestinal para favorecer la presencia de microorganismos buenos que nos ayuden a controlar el peso. La famosa dieta mediterránea rica en vegetales es una buena forma de hacerlo. Alimentos con polifenoles, sustancias presentes en el vino o en el aceite de oliva, favorecen la presencia en nuestro intestino de bacterias beneficiosas. También el ejercicio físico puede modularla a nuestro favor, por lo que los consejos clásicos de comer sano y estar en forma siguen siendo válidos para intentar mantener la línea y alejar las enfermedades cardiovasculares. Todo lo que comemos y hacemos modifica esa flora interna formada por más de mil especies diferentes de bacterias. El objetivo sería encontrar el perfil de flora intestinal que más se ajusta a los problemas de cada paciente y suministrárselo. Así se podría combatir de forma personalizada el hígado graso, la diabetes tipo 2 o la obesidad. Serían tratamientos a la medida y desde el intestino cuando no basta el esfuerzo personal. Aliados y enemigos Lactobacilos Este tipo de bacteria beneficiosa vive en nuestro sistema digestivo, urinario y genital, pero también se puede encontrar en lácteos como el yogur y en alimentos funcionales. Su presencia se asocia con un menor peso y menos riesgo de diabetes. Helicobacter pylori La bacteria responsable de la gran mayoría de las úlceras de estómago protege, sin embargo, de los kilos de más. La experiencia de los últimos años muestra cómo los pacientes tratados tienden a engordar porque aumenta su apetito. Virus del catarro Se llama AD- 36 y es un virus común que causa resfriados y problamas oculares. Penetra en las células adiposas, lo que hace que estas acumulen más grasa de lo que deberían. Al mismo tiempo, provoca que algunas células madre se conviertan en células adiposas, lo que dispara los niveles de grasa en el organismo Estreptococos beneficiosos YOGUR Se estudia si los niños nacidos por césarea y los que no se amamantan tienen más posibilidades de tener exceso de peso que los que nacen por vía vaginal y son alimentados con biberones estériles. Al cruzar el canal del parto durante el nacimiento, el pequeño se infecta con estreptococos buenos que después anidarán en su flora intestinal. Lo mismo ocurre cuando el pequeño se alimenta del pecho de su madre. gada en otra obesa a través de una sonda nasogástrica para adelgazar. Por descabellado que parezca esta parece ser la fórmula más eficaz para introducir el mayor volumen de bacterias y lograr que aniden en la flora intestinal. Quizá, socialmente, estemos más preparados para superar un trasplante de riñón que un trasplante fecal pero hoy se ve como una de las opciones con más futuro. En experimentos con ratones ya se ha visto su efecto no solo en la pérdida de peso sino en la mejo- ra general de todos los problemas metabólicos. En el Hospital Virgen de la Victoria de Málaga se quiere probar si ese efecto demostrado en roedores consigue Dieta mediterránea El vino o el aceite de oliva favorece la presencia en nuestro intestino de bacterias beneficiosas los mismos resultados en pacientes reales con sobrepeso y diabetes severa. Ya hay 15 pacientes a los que se les introducirá por una sonda nasogástrica heces de personas sanas diluidas en suero fisiológico. A otro grupo se le tratará con un combinado de bacterias tomadas en una especie de yogur. El ensayo, que prepara Francisco José Tinahones, aún no ha recibido luz verde de la agencia del medicamento. Si se autoriza en España será pionero, aunque en otros países europeos y en Estados Unidos se trabaja en la misma línea. Tinahones recuerda que el trasplante fecal ya es una alternativa terapéutica para las infecciones más graves de una bacteria llamada Clostridium difficile que causa fiebre, vómitos, diarrea y puede ser letal. El trasplante en estos casos tiene una tasa de curación de más del 90 por ciento. La ventaja de esta estrategia, aunque sea menos agradable que tomar un yogur con bífidus, es que nos permite colocar miles de bacterias diferentes y es más fácil que aniden en el intestino Aunque no se descartan tratamientos con preparados farmacéuticos que incluyan 50 o 60 especies de bacterias beneficiosas o antibióticos que sean capaces de actuar selectivamente contra los patógenos más perjudiciales de la flora intestinal. El entusiasmo en esta nueva línea de investigación es cada vez mayor. Tanto que algunas voces empiezan a llamar a la calma. Una de ellas es la de William Hanage, profesor de Epidemiología de la Universidad de Harvard quien reclama una saludable dosis de escepticismo La semana pasada recordaba en la revista Nature que la ciencia del Microbioma aún debe responder a preguntas sin respuestas: ¿cuántos estudios experimentales reflejan la realidad? ¿los cambios en la flora intestinal nos hacen adelgazar o es la dieta la que cambia la flora intestinal? Señales químicas para manipular nuestro comportamiento Trasplante fecal Una de las opciones con mejor perspectiva es también la menos agradable: el trasplante fecal. Sí, ha leído bien, introducir heces de una persona del- ¿Filete o ensalada? La flora intestinal elige por nosotros GONZALO LÓPEZ SÁNCHEZ MADRID Los artículos que destacan el importante papel de la flora intestinal sobre el crecimiento, el desarrollo del sistema inmunitario y la digestión, se han multiplicado en los últimos años. Algunos de ellos incluso relacionan el autismo, el cáncer y la diabetes con la composición de unos ecosistemas que se encuentran en el intestino y que albergan diez o cien veces más microbios que células humanas hay en el cuerpo. Una de estas investigaciones ha aparecido recientemente en la revista BioEssays Propone que los microbios que viven en el tubo digestivo influyen sobre el comportamiento de las personas hasta el punto de que el ser humano escoge antes cier- tos alimentos si favorecen el crecimiento de los microorganismos. Los científicos, dirigidos por la psicóloga y bióloga evolutiva Athena Aktipis, han formulado la hipótesis de que las comunidades de microorganismos que viven allí liberan señales químicas que el sistema nervioso humano reconoce a través del nervio vago. Este es el encargado de transmitir la información sensorial que procede del tracto digestivo. Los microbios tienen la capacidad de manipular el comportamiento y el humor alterando las señales nerviosas que llegan al nervio vago, cambiando los receptores del gusto, produciendo toxinas para ha- cernos sentir mal, y liberando recompensas químicas para hacernos sentir bien ha explicado Aktipis. Aunque resulta complicado relacionar el comportamiento humano con la composición de la flora, algunos estudios ya han encontrado evidencias interesantes. Por ejemplo, se ha observado que ciertas bacterias provocan ansiedad en ratones y que consumir microbios beneficiosos mejora el humor de las personas desanimadas. Los autores sugieren que la tendencia a escoger comidas más grasas podría depender en parte del influjo de los microorganismos. Así, dentro de la enorme cantidad de especies que coexisten en el tubo digestivo, algunas se alían con nuestras metas nutritivas y otras no ha dicho Carlo Maley, otro de los investigadores. Es decir, hay especies que favorecen la obesidad.