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ABC SÁBADO, 16 DE AGOSTO DE 2014 abc. es madrid MADRID 49 La Gran Vía, ayer por la mañana, prácticamente desierta no podía faltar la tradicional imagen tras la misa de la alcaldesa tirando cañas y sirviendo caracoles desde detrás de la barra de un bar cercano. Un ambiente de verbena, en el que la alcaldesa y su séquito de concejales enmantonadas repartieron besos y se fotografiaron con los hijos de los bomberos. Ya por la tarde, la Virgen que fue rescatada de los juegos de unos niños, curó a Fernando VII y se salvó dos veces de la quema durante la Guerra Civil, recorrió las calles de La Latina entre zarzuelas y aplausos. Una procesión el ornato de mantones de Manila cuyo punto fuerte fueron las maniobras de los bomberos sobre la Puerta de Toledo, donde, en palabras del jefe del Cuerpo, Eugenio Amores, los ciudadanos nos demuestran lo que sienten por nosotros JOSÉ RAMÓN LADRA Un Madrid prácticamente desierto descansa durante el puente de agosto del bullicio habitual del resto del año La soledad de la gran ciudad IGNACIO BOLEA MADRID M Recta final de las verbenas Con la bajada del cuadro de la Virgen de La Paloma, se da el último empujón a las verbenas más castizas de Madrid, que desde que comenzase el mes han llenado de pichis, manolos, chulapos y alguna que otra Susana los barrios de Lavapiés, La Latina y Embajadores. Por la noche, la cantante granadina Rosa fue la encargada de animar la plaza de Las Vistillas, mientras que en la cercana plaza de la Paja los fieles entonaban la Salve a la Virgen. Hoy le toca el turno a La Banda del Capitán Canalla y mañana Loquillo. Como cantaban Don Julián y La Susana en La Verbena de La Paloma este fin de semana toca lucirse y a ver la verbena Y recordar el gusto que es bailar el chulesco chotis al estilo de Madrid adrid en agosto es una ciudad diferente. El éxodo provocado por las vacaciones- -que alcanza uno de sus mayores cotas con los 1,2 millones de desplazamientos previstos por la DGT para este puente- -ofrece estampas inéditas de calles vacías, aceras desiertas y vías libres de tráfico. Un panorama que, probablemente, haga a la capital más atractiva para todos aquellos que detestan el ruido y el bullicio de las grandes ciudades, pero no quieren desaprovechar las oportunidades de ocio que estas ofrecen. La mañana de ayer fue seguramente el momento del día en el que el contraste entre este mes y los otros once se acentuó más. Por las principales calles de la capital, habitualmente congestionadas por los embotellamientos, la circulación discurría ágil y fluida. Quince minutos eran suficientes para recorrer trayectos en los que habitualmente hay que invertir hasta media hora. Una ausencia de tráfico que repercutió favorablemente en el bolsillo de los madrileños y en el medio ambiente de la ciudad. La rapidez en los desplazamientos permite de esta manera reducir el gasto de gasolina y las emisones de dióxido de carbono. Además, la habitual odisea de encontrar aparcamiento no era ya una empresa casi imposible. Y se presume que hoy y mañana ocurrirá lo mismo. Prácticamente convertidas en un horno para humanos, en las aceras disminuye el tráfico de peatones y en algunos sitios ya no es necesario estar esquivando personas a cada paso. La ausencia de madrileños solo es suplida en parte por los turistas que convierten a las calles en un lugar más políglota, realizando en ocasiones improvisados tests de idiomas cuando preguntan a los españoles por alguna indicación. Cuanto más se acercaba el mediodía, más se apresuraban todos los paseantes en completar su trayecto y buscar refugio en terrazas, restaurantes, museos, tiendas o, al menos, la sombra de algún árbol o edificio. Tráfico El éxodo de la capital dejará durante este puente cerca de 1,2 millones de desplazamientos Solo unos pocos valientes se exponían a los rayos del sol a la hora de comer, sabia precaución extendida a las primeras horas de la tarde. Únicamente cuando el sol estuvo en su ocaso las calles de la ciudad volvieron a convertirse en un lugar transitable. La plácida temperatura nocturna anima tanto a locales como a los turistas a abandonar sus refugios y disfrutar de la noche madrileña. Mención especial merecen las populares verbenas, como la de la Paloma, que devuelven a la ciudad su sabor más castizo y tradicional. A medida que avanza la madrugada, las calles recuperan su soledad. La suave brisa que corre y la práctica ausencia de gente propociona a los trasnochadores una oportunidad única para poder contemplar casi despejadas grandes avenidas como la Gran Vía o la calle de Alcalá. La práctica ausencia de ruidos a la mañana siguiente termina de decidir a muchos para dejar abiertas las ventanas, con la esperanza de captar algo de corriente que ayude a combatir el calor y conciliar el sueño. Después de once meses de tráfico, atascos y bullicio, pareciera que durante el mes de agosto la ciudad de Madrid también decide tomarse un descanso.