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10 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA SÁBADO, 9 DE AGOSTO DE 2014 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO OTROS AGOSTOS La vida da un giro cuando se oxida la memoria de un padre o una madre N agosto la publicidad escasea. En las radios, por ejemplo, se emiten muchos menos anuncios, por lo que tiendes a reparar más en su contenido. Hay una cuña comercial que se repite. La voz protagonista es la de una persona mayor, un anciano enfurruñado, que se niega a irse de vacaciones con su hijo y su familia. El viejo regaña a su vástago. Dice que nones, que él no se va con ellos, que prefiere quedarse ingresado en una residencia, de la que habla maravillas. El anuncio deja una leve punzada de tristeza. La filosofía de los publicitarios es sencilla: se trata de promocionar una residencia de ancianos, y para ello se busca tranquilizar la conciencia de los hijos que internan a sus padres para poder descansar unos días. No es una práctica nada infrecuente, y a veces resulta inevitable. Casi parece loable, en una era de egoísmo, colesterol y perritos que van a la peluquería. Pero si haces el ejercicio de imaginar que tú eres el abuelo que ingresa en la estupenda residencia, el asunto ya no parece tan grato. Cuando te toque, porque eso siempre llega, ¿te vas a sentir muy alegre viendo cómo tu progenie, los chavales que has criado, te aparcan para irse a la playa sin el estorbo? Una de las maravillas de este país era la integración de los ancianos en los hogares. Por fortuna no se ha perdido, porque la raigambre católica ha apuntalado la institución de la familia; y también, seamos francos, porque el abuelo- canguro viene muy bien para ahorrarse el sablazo de la guardería. Pero cada vez se arrumba más a los viejos. Se diviniza la juventud, que en los casos más ridículos ya alcanza la cuarentena. Se desdeña la experiencia. No hay paciencia para los movimientos morosos, las frases repetidas, las anécdotas sobadas. Las visitas menudean. A veces una simple llamada semeja un acto heroico. Tendemos a recordarlos en pleno vigor. Pensamos que siguen siendo los de siempre, pero el óxido del tiempo no concede indultos. Olvidamos rápido cómo se deslomaron para sacarnos adelante y nos sentimos autosuficientes por méritos propios. No conjugamos un final próximo, porque morirse no se lleva y los tanatorios se camuflan con estética de bingos. Pero un día alguien telefonea a sus padres y él, o ella, le responden así: Oye, ¿y tú quién eres? En ese momento, el mundo da un giro y es otro. De repente son vulnerables. Ha comenzado una carrera trágica e imparable: el regreso a la infancia previo al absoluto adiós. El hijo, adolescente perpetuo, aterriza de golpe en la edad adulta: ahora su padre es un niño, y él ya está al frente de la fila. La fragilidad a bocajarro. Los inabarcables problemas logísticos. A veces hasta hay risas involuntarias en el drama (aquella abuela de una novia que se metía en las clases de teórica de una academia de conducir pensando que estaba en Misa) Otras surgen atisbos de esperanza hoy parecía la de siempre Muchas veces se llora en privado con lo que él era... La indefensión los dulcifica. En las miradas, ausentes, tal vez un poco asustadas, se vislumbra lo que ya asoma al fondo: el ser desvalido que todos seremos cuando vuele el simulacro de las vanidades. E LLUVIA ÁCIDA DAVID GISTAU OH, CAPITÁN En tierra, todo se vuelve más prosaico y tedioso: suena el timbre y es Rajoy con su carpetita de despachar asuntos E L verano de Marivent ha deparado una impresionante fotografía con voluntad alegórica. El Rey al timón de su embarcación deportiva, prieta la mandíbula, firme el pulso, clavada la mirada en el horizonte, todo bajo control a pesar de que una ligera inclinación a babor permite intuir que la mar viene brava como si soplara un viento nihilista. Oh, capitán, mi capitán. Si el káiser Guillermo no quería a su alrededor ministros que no quedaran bien a caballo, tampoco nosotros deberíamos tolerar tecnócratas que no luzcan gallardos en la barra de un Aifos. El Rey hace olvidar al Rey que quedó atrapado en la maraña de los diagnósticos, las decadencias y las pérdidas. Vuelve a ser, o al menos ese mensaje transmite la fotografía, un hombre a caballo. No en vano, de la Copa estival de vela podemos extraer lo más parecido a un retrato ecuestre que no ponga en peligro la vida de animales ni necesite el contexto de una guerra. Aun con polo y gafas de cristales metalizados, ése es Felipe en Mühlberg. El barco es la época, igualmente escorada. Ya en tierra, todo se vuelve más prosaico y tedioso: suena el timbre y es Rajoy con su carpetita de despachar asuntos. Eso sí que es caerse uno del caballo. Con todo, a los Reyes les han traído para un cóctel una selección compuesta por ejemplares vivos de la sociedad sobre la cual ha- brán de reinar, sin permitir que ningún compartimento estanco del poder se la rinda ajena, desconocida. Hubo un amplio margen sociológico, pues lo mismo asistieron a la recepción generales y empresarios que sindicalistas y humoristas. No ha de ser fácil acudir a una convocatoria con el Rey en la que se desempeña el papel de arquetipo: un humorista, por ejemplo, a través del cual Su Majestad conocerá a todos los humoristas y se formará una opinión que tal vez sea definitiva, en la medida en que rara vez volverá a alternar con un contador de chistes profesional. Qué presión para el humorista. Qué presión para todos esos invitados a los que se ha asignado un papel de representación social: Usted no viene aquí como humorista, viene como categoría Es inevitable la sobreactuación, como le ocurría a la castañera visitada por Galdós para procurarse inspiración costumbrista, que ya no hablaba como una castañera, sino como ella creía que Galdós esperaba que hablara una castañera. Más fácil sería que el Rey se disfrazara con unas barbas postizas y saliera clandestinamente a mezclarse con el pueblo en su hábitat de espontaneidad. Y mientras tanto, ¿qué es del Rey Ahora que, poco a poco, regresa de alguna manera a la vida pública, la duplicación ha provocado una curiosa inversión de papeles. Mientras el Rey se consagra como tal con su primer año de jefe en Marivent, el Rey acude a la toma de posesión de un presidente iberoamericano, que es una de las cosas que hacía el Príncipe de Asturias para foguearse e intercambiar números de teléfono cuando aún era un meritorio. Se me ocurre que, para ayudarlo a sobrellevar las nostalgias, a Juan Carlos le han montado en ahí lejos en América, con la colaboración de algunos españoles sentimentales, una trama inspirada en la de Goodbye, Lenin para hacerlo sentir todavía monarca titular. Actores contratados para dar vivas al Rey. Me imagino uno al que se le escapa un Vive l Empereur! Es que la otra producción en la que trabajé era sobre Napoleón y Felipe VI. y Juan Carlos I. Felipe VI y Letizia.