Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
10 ENFOQUE DOMINGO, 13 DE JULIO DE 2014 abc. es ABC semana La foto de la REUTERS Torneo de Polo Pegaso en Barajas LUIS DEL VAL Las tres hermanas Gorgonas eran Esteno, Euríale y Medusa. Perseo le cortó la cabeza a Medusa y de aquel chorro de sangre nació Pegaso, el caballo con alas que montaría Zeus. Nada que ver con estos caballos dentro de un avión, en Barajas, que volarán con las alas prestadas de la nave que les traslade, pegasos sin saberlo, pegasos de una jornada. Cuando en aquella España de la autarquía posguerra al trote se crea la Empresa Nacional de Autocamiones S. A. (Enasa) a alguien se le ocurrió bautizar aquellos camiones con el nombre de Pegaso. ¿Quién sería? En un tiempo en que el peinado de las mujeres, con el tupé hacia arriba, se llamaba ¡Arriba a España! y todo era debido y causado por la revolución nacional sindicalista ¿qué individuo propuso el nombre de Pegaso, sin que le declararan desafecto al Régimen y lo apartaran de sus responsabilidades? Después, en aquella fábrica crecería el otro sindicalismo, el horizontal, y unos tipos normales, poco a poco, pasarían a ser compañeros del metal y se jugarían varios años de cárcel por serlo, sin imaginarse que las cosas evolucionarían tanto que sus sucesores llegarían a cambiar cursos de formación de obreros por raciones de langostinos. Mi tío Bernabé no viajó nunca en avión, y su burra, ocioso es decirlo, tampoco. El caballo quedaba reservado a los señoritos, y los hombres del campo se conformaban con asnos, burdéganos, y esos cruces de caballo y burro del que salían mulas y mulos, fuertes, resistentes, pero incapaces de reproducirse entre ellos, como si Pegaso hubiera maldecido a este cruce heterodoxo. El burro de mi tío Bernabé no había viajado en avión, pero era muy listo, porque cuando se dirigía hacia la viña su andar era lento y cansino, hasta el punto de arrancarle a mi tío alguna maldición. Sin embargo, a la vuelta, con la perspectiva del pienso y el descanso en la cuadra, emprendía un paso rápido, casi al trote, que dejaba a mi tío varios metros hacia atrás, si le soltaba las riendas. Veo a estos caballos acomodados dentro del avión, y el término acomodados es un reflejo bastante fiel, y que se diferencia de mi último vuelo, donde recordé esa sentencia de que Dios, si hubiera sabido que el ser humano iba a viajar en clase turista, lo habría creado de otra manera. Casi dan ganas de transformarse en caballo para el próximo vuelo, no sólo por el espacio, sino para evitarte el registro carcelario de los controles de acceso. Aunque luego, me temo que me harían participar en alguna carrera, y ya no estoy con fuerzas para ir al galope hacia ninguna meta. Monturas para Sotogrande Seis caballos argentinos en el interior de un avión en el aeropuerto de Barajas, llegados para el torneo de polo de Sotogrande