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60 ABCdelDEPORTE LUNES, 23 DE JUNIO DE 2014 abc. es deportes ABC NADAR ENTRE TIBURONES BLANCOS DAVID GISTAU El patio de Sing- Sing os mensajes enviados por un par de amigos periodistas encerrados en la concentración de Curitiba son como para cavar un túnel para ayudarlos a escapar. Estoy por ir al aeropuerto a abrazarlos cuando regresen, como es costumbre con los secuestrados por Al- Qaeda. El propio concepto de la concentración ya es un secarral insoportable para cualquier mente despierta: una larga sucesión de ruedas de prensa, chistes fatigados y partidas de pocha junto a tipos que tienden a ocupar siempre el mismo asiento del autobús y que son capaces de hacer la exégesis de un once inicial hasta el amanecer. Por lo que me cuentan, Curitiba tiene además agravantes propios, el frío y la falta de alicientes, como si al elegir una anti- Brasil, se hubiera empezado a renunciar a lo exuberante. La selección ocupa uno de esos no- lugares de Baudrillard en los que, al poder estar en cualquier L sitio, no se está en ninguno. Cautivos como las rameras que seguían a los Diez Mil de Jenofonte, lo habitan también mis amigos periodistas, que a lo mejor ahora escarmientan y dejan de hacerse fantasías como que ser reportero consiste en confrontar la vida alrededor y contarlo. Cuanto antes se resignen, antes harán progresos en la pocha. La concentración solo se soporta mientras existe un gran propósito deportivo. Mientras perdura el estimulante de la competición. Y esto, por supuesto, también alude a los futbolistas. Habría que sacarlos de allí al instante de ser eliminados. Imaginen qué puede llegar a ocurrir al mantener encerrados, sin ningún objetivo, a hombres que conservan latentes antipatías personales y rencores debidos a los antagonismos de club. Durante cuatro o cinco días después de ser eliminados. Lo normal es que aparezca un muerto con cada apagón de luz, como en Un cadáver a los postres Por lo que me dicen los amigos, la eliminación ante Chile ha transformado un equipo de fútbol concentrado en una tremenda melancolía de hombres prisioneros como en la cárcel. Y esto incluye a los periodistas, que hacen un palito en la pared por cada día transcurrido hasta el cumplimiento de la condena ante Australia. En algún drama carcelario oí decir que lo peor de la prisión es que, en ella, los hombres se obsesionan por cosas que no tienen la menor importancia las reclusas que entrenan cucarachas para transportar cigarrillos de Orange... y se vuelven destructivos porque la crueldad permite aliviar el aburrimiento. Entiendo que estas dos circunstancias han coincidido para hacer estallar el falso escándalo Xabi Alonso. Si los hombres encerrados en Curitiba tuvieran algo verdaderamente importante en qué ocuparse como un Mundial de fútbol o si hubieran empezado ya a entrenar cucarachas para pasarse cigarros de una habitación a otra, jamás habrían necesitado entretenerse sometiendo a castigo a un futbolista con el que había dos tipos de cuentas pendientes derivadas de los antagonismos de club: las del barcelonismo y las del antimourinhismo. Mientras la selección se descompone y su convivencia galopa hacia un estallido como de Latins y Ñetas en el mismo patio carcelario, las viejas venganzas encuentran en el tiempo libre su oportunidad. Lo único que hizo Xabi Alonso fue hablar en veterano, admitir las carencias, en vez de escurrir el bulto con frases hechas tipo no ha podido ser ¿A quién puede parecerle escandalosa la confesión de que este equipo, glorioso en otro tiempo, acusó la falta de ambición característica de los finales de ciclo? A nadie, en realidad. Pero España estaba eliminada, y hacía frío en Curitiba, y había que llenar portadas un día que la gente buscaba concentrar en alguna parte su enojo. Xabi pasaba por ahí, con unas cuantas frases demasiado sinceras, y sin apenas protección de las pandillas del patio.