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46 SOCIEDAD LUNES, 23 DE JUNIO DE 2014 abc. es sociedad ABC La ONU no es independiente, su sumisión política y pragmatismo lo impregna todo Entrevista José Antonio Bastos Médico, presidente de Médicos Sin Fronteras- España Con 700.000 socios y colaboradores, Bastos explica por qué dejaron Somalia y los peligros de la injerencia ALFONSO ARMADA MADRID C onocí a José Antonio Bastos hace 18 años, cuando como coordinador de emergencias de Médicos sin Fronteras se desesperaba en la localidad ruandesa de Cyangugu para introducir un cargamento de medicinas en la República Democrática de Congo. Nacido en Jaca en 1961 es presidente de Médicos Sin Fronteras (MSF) desde diciembre de 2010. Médico especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y con estudios en Medicina Tropical y maestría en Salud Pública en Londres, tras unos años de ejercicio de la medicina de familia, realizó su primera misión en terreno con MSF en 1991, en la frontera entre Turquía e Irak, asistiendo a los refugiados kurdos que huían de Irak durante la primera Guerra del Golfo. Continuó trabajando con MSF en Bolivia, Kenia, Somalia, Tanzania, Ruanda, República Democrática del Congo y Angola. Tras ocupar diversos puestos en MSF España y Holanda, lo que le llevó con frecuencia a Croacia, Nigeria, Sudán, Etiopia, Colombia y Chechenia, el tiempo le ha afilado el rostro y encanecido cabello y barba, pero mantiene los ideales de juventud. Sabe por lo que lucha, y lo defiende con pasión. Le emociona que pese a la crisis los españoles sigan apoyando a una organización que se financia en más de un 80 mediante aportaciones privadas. Cuenta con casi 400.000 socios y otros 300.000 colaboradores esporádicos. ¿Qué queda de aquel joven médico de MSF que hace 18 años se peleaba a brazo partido en la frontera entre Ruanda y la República Democrática de Congo para meter medicinas en la satrapía de Mobutu? -Pues todo, menos las canas y la barba, que no había entonces, lo demás todo. Creo que no he cambiado sustancialmente. Estoy un poquitín más cansado, quizás un poquitín más mayor. ¿Físicamente o políticamente? -Físicamente. Un poquitín más resabiado. Después de aquellas semanas en Ruanda y Congo hubo algunas sorpresas desagradables y algunos momen- ISABEL PERMUY tos muy difíciles. Y después, un poco más decepcionado con lo que los seres humanos son capaces de hacer, y mucho más en particular con lo que los organismos de liderazgo político en la comunidad internacional son capaces de tolerar. Ruanda fue un aldabonazo, es algo que sí que cala en la persona. Es una especie de decepción existencial sobre la humanidad. Si la humanidad se ha dado a sí misma el sistema ONU y eso acaba de ser tan inútil, tantas veces y tan fácilmente manipulable, es una decepción. Pero por lo demás las ganas de pelear y de seguir metiendo medicamentos a través de barreras imposibles... eso sigue estando ahí, y en estos años lo he practicado varias veces en distintas partes del mundo. ¿Y el sistema ONU como una especie de epítome, porque es un sistema surgido después de la Segunda Guerra Mundial, que ha sido útil en al- Ruanda como decepción Ruanda fue un aldabonazo. Es decepcionante que el sistema ONU resulte tan inútil tantas veces gunas ocasiones, pero que ha creado también mucha frustración? -El problema es que viniendo de una organización que se nutre de la pasión y del compromiso de individuos hay que hacer un clic importante para entender que Naciones Unidas no solo no es una organización internacional independiente, sino que es una organi- zación multinacional multidependiente de muchos gobiernos, e inevitablemente tiene un toque de sumisión pública y de pragmatismo político que lo impregna todo. Ni ACNUR (Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados) ni Unicef, ni el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos serán nunca como Amnistía Internacional o Médicos sin Fronteras porque tienen raíces muy diferentes. Que ACNUR no sea de lo más competente técnicamente, pase. Pero las veces que ha estado implicado en el reenvío de refugiados a sus países de origen, eso me parece una traición. La repatriación, como razón de ser para ACNUR, eso a mí me parece que es traicionar su esencia. Si la gente huye del país porque tiene miedo no habría que hacer todo lo posible para que vuelva. ¿Se arrepiente de haber tenido que dar la orden de abandonar Somalia? Creo que no había otro remedio y no me arrepiento. Tengo que asumir mis decisiones. No había otro remedio, y lo que instintivamente se me rebela dentro, la sensación desgarradora de que fue una traición a nuestra esencia, ¿no? Si existimos para algo es para países como Somalia, quizá Somalia para el que más. La convicción de que si hubiéramos tomado la decisión de seguir tendría la misma sensación de incomodidad: ¿cómo es posible que sigamos en Somalia después de saber todo lo que sabemos? Fue una decisión imposible. Lo único que me consuela es el compromiso activo que ya estamos ejerciendo de continuar negociando para ver cuándo podemos volver en unas condiciones que nos permitan trabajar. -MSF ha defendido en ocasiones la injerencia humanitaria. Somalia fue un ejemplo de cómo pueden convertirse en intervenciones militares. ¿En qué medida sigue siendo necesaria? -Yo creo que hoy día MSF ya no es un abanderado tan alegre de la injerencia humanitaria. Lo que conceptualmente sigue siendo atractivo es que la comunidad internacional debería responsabilizarse de proteger a poblaciones que están siendo brutalmente atacadas, como en los Balcanes, Ruanda o la República Centroafricana hoy. La experiencia acumulada de mis veinte años en MSF, y de los cuarenta años de la organización, pero sobre todo lo ocurrido en los últimos quince, muestra que reclamar una solución que va a requerir el uso de la violencia no es una decisión fácil, aunque la idea pueda ser atractiva. Las intervenciones militares para proteger civiles en muchos casos han sido fiascos enormes. Srebrenica es lo primero que se me viene a la cabeza, pero hay muchos más. La intervención humanitaria del ejército americano en Somalia no mejoró la distribución de comida a los hambrientos. En muy pocos casos funcionan para lo que están supuestas.