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ABC MIÉRCOLES, 11 DE JUNIO DE 2014 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL RECUADRO UNA RAYA EN EL AGUA ANTONIO BURGOS QUIERO SER HOLANDÉS Me he acordado de la muy permisiva y progresista Ámsterdam, donde pudo verse el orgullo de los holandeses por su Monarquía STE pasado verano la Jefa de mi Casa Civil tenía mucha ilusión por conocer Ámsterdam, entre otras cosas porque hay vuelo directo desde Sevilla y así Vueling no te pierde las maletas en el obligatorio enlace dichoso de Barcelona, y no quise contrariarla. Nos fuimos derechos a la agencia de viajes del Cortinglés y como estos: dos billetes para Ámsterdanm y una semanita de hotel buenecito, alojamiento y desayuno. Y un amigo que me conoce, sabedor de mis filias y fobias, al conocer que nos íbamos a Ámsterdam me comentó: -Qué buen regalo le vas a hacer a Isabel: aceptar ir a una ciudad que representa todo lo que tú odias... ¿Cómo lo que odio? -Sí, Ámsterdam es la capital de los porros, de los parguelones, de las pilinguis y de las bicicletas, con lo que te gustan a ti las bicicletas en las ciudades... Qué vista tenía mi amigo. Porque resulta que la agencia de viajes, no sé si en broma o en serio, nos puso la llegada, ¿saben ustedes qué día? Pues con la de días que hay en el año para llegar a Ámsterdam nos la puso precisamente... ¡el Día del Orgullo Gay! Que allí es floreado y acanalado, como las hojas Palmera: los orgullosos de la cuestión medio desnudos tirándose emporrados o borrachos de cabeza a los canales para celebrar la fiesta o cruzándolos en naves llenas de adornos de flores rosas. Teníamos además la reserva en un NH que estaba en todo el centro: en la plaza Dam. Intentar llegar en Ámsterdam en coche el Día del Orgullo Gay al hotel NH de la plaza Dam es como si usted quiere llegar en Sevilla el E Jueves Santo en taxi al hotel Derby de la plaza del Duque cuando están pasando las cofradías. Efectivamente: estaban pasando todas las cofradías del desfile de los mariquitas y no vean la de rodeos que tuvimos que dar... En la plaza Dam encontreme, en efecto, por allí tirados, a todos los pelusos que me anunció mi amigo. Y en el frontero Barrio Rojo de las pilinguis en sus escaparates, las cafeterías donde en vez de un cortado y una tostada con mantequilla te sirven un porro trompetero que tiembla el misterio. Pero hallé, en cambio, dos cosas que no esperaba: que las bicicletas respetan al peatón, y no como en Sevilla, y el orgullo de un pueblo por ser Reino. Partidarios de la cuestión como somos, visitamos inmediatamente el Palacio Real. Peor que el nuestro de la plaza de Oriente, ay, dolor, pero con todo el orgullo nacional por la Monarquía. Estaba reciente la abdicación de la Reina Beatriz en su hijo el Rey Guillermo Alejandro, y todo el Palacio era como una recordación de aquellos felices días en Ámsterdam, con vídeos de sesión continua sobre la historia de la Corona y de la Casa de Orange y sobre las ceremonias de proclamación del nuevo Rey. Y como uno de los lugares más interesantes de Palacio enseñaban el balcón que da a la plaza Dam, donde se habían asomado el Rey Guillermo Alejandro y la Reina Máxima para ser aclamados por un pueblo ataviado con ropas, sombreros y toda suerte de prendas del heráldico color naranja de la nación holandesa y de su Casa de Orange. Y me fijé en aquellos vídeos palaciegos en la multitud que aclamaba a sus Reyes, y no eran niños pijos del Sotogrande de allí, ni tíos engominados del barrio de Salamanca de Ámsterdam, ni señoras pergaminos de Los Remedios de Holanda, sino los mismos pelusos del porro y la bicicleta que acabábamos de ver tirados en su continua ocupación de la plaza Dam. Y ninguno pedía un referéndum, sino que estaban todos encantados y orgullosos de ser lo que son. En estos atribulados días de esta nación española que parece que siente vergüenza de ser un Reino y de lucir los colores nacionales, donde todos los pelusos de bicicleta y porro andan por ahí dándonos en toda la boca con la bandera de Rumanía, me he acordado de Holanda, de la muy permisiva y progresista ciudad de Ámsterdam, donde pudo verse hace un año el orgullo de todos los holandeses por su Monarquía y por sus Reyes. Decididamente, y quitando lo de las bicicletas, los porros, los parguelas y las pilinguis, yo de mayor quiero ser holandés. IGNACIO CAMACHO LOS MUEBLES DE SUSANA Engendrada en la probeta del partido Susana Díaz desconfía, como todas las criaturas de aparato, de las primarias Susana Díaz no le gusta competir. Engendrada en la probeta del partido desconfía, como todas las criaturas de aparato, de las primarias. Cree que debilitan a la organización y no acaban de reforzar a los candidatos. En Andalucía fue designada por cooptación, a dedo, y elegida por aclamación, y ese era el modo por el que pretendía alcanzar el liderazgo del PSOE. También el único en que tenía posibilidades claras, porque en una competición abierta la Junta le representaba un estorbo para moverse por todo el país en campaña. En el momento en que falló el mecanismo aclamatorio, por resistencia de Eduardo Madina y de algunos barones renuentes, quizá también de Rubalcaba, su suerte en este envite estaba echada. Por ahora, al menos. Está cabreada con Rubalcaba. Cree que no le ha sostenido la promesa de un congreso cerrado, a cambio de la cual llevaba meses apoyándolo en medio de su agonía orgánica. El viejo zorro ha maniobrado incluso en estado terminal, mientras tejía su parte de la operación abdicatoria del Rey. Los susanistas sospechan que, además, ha pactado con Madina, y tal vez vayan a ponérselo difícil a los dos regalándole a Pedro Sánchez Castejón unos apoyos con los que no contaba. Pero Díaz se cuidará de respaldar en público a alguien. Si se ha borrado por no exponerse a perder en una elección directa tampoco va a arriesgarse a hacerlo mediante persona interpuesta. Esperará. No se sabe a qué pero esperará. En su cabeza está el asalto al poder y es una persona que piensa muy deprisa y con muchas variables; sería buena jugadora de ajedrez. Acaso espere a que Madina se convierta en el aparato al que ahora dice enfrentarse. O simplemente a que se empiece a equivocar. O a que Sánchez sea el secretario general que le deba el puesto y le permita ser la candidata a presidir el Gobierno. Y a que a ella misma se le despeje un calendario andaluz que ahora le estorbaba en su vértigo de quemar etapas. Susana tenía a González, a Zapatero, a la mayoría de los barones territoriales, tal vez también a gran parte de la militancia. Sin embargo no se ha atrevido a medirse por temor a un proceso que no controla en detalle. Probablemente para los tiempos que vienen tiene también el perfil más institucional y estable, aunque eso ya ha dejado de ser una garantía cuando la izquierda se busca a sí misma con desesperación casi rupturista. Está hecha para llevar el maillot amarillo se le oyó no hace mucho a ZP. Pero lo quiere regalado, investido, sin correr la prueba. Como se lo pusieron en Andalucía. Spencer Tracy solía decir que para ser un buen actor basta con saberse el papel y no tropezar con los muebles. A Díaz, que se ha aprendido su rol en tiempo récord, todavía le falta la segunda parte. Aunque nadie duda de que está en ello... y de que llegado el caso puede despejar a puntapiés el escenario. A JM NIETO Fe de ratas