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10 ENFOQUE MIÉRCOLES, 11 DE JUNIO DE 2014 abc. es ABC Los nuevos catalanes según la Asamblea Nacional Catalana ERASMO DE RÓTERDAM MIGUEL DE CERVANTES AMÉRICO VESPUCIO TERESA DE ÁVILA CRISTÓBAL COLÓN Víctor Cucurull, durante la exposición de sus revolucionarias tesis históricas ABC Fantasías nacionalistas Lo más normal del mundo JESÚS LILLO Se llama Víctor Cucurull y se define como experto en gestión de recursos culturales y artísticos y apasionado por la historia. No necesita más credenciales para sentar cátedra en la Cataluña de la secesión. Especializado en pervertir el pasado, a Cucurull, dirigente de la Asamblea Nacional Catalana que inspira a Artur Mas, se le ha ido la mano en unas visionarias y espídicas lecciones magistrales que superan el umbral del disparate. Si la política de la Generalitat explora y pisa el terreno de la ficción en tiempo real, Cucurull rebobina la historia, la fragmenta en viñetas y presenta, de corrido, un aberrante relato en el que Teresa de Ávila es una catalana de arriba abajo abadesa del monasterio de Pedralbes, para más señas nacionalistas o en el que la civilización bética de Tartessos cae, a ojo de buen cubero, redondeando vocales, a la altura de Tortosa. En la fantasía que despacha el separatismo, el Quijote se escribió en catalán e Ignacio de Loyola nació en los països estelados. Erasmo de Róterdam también era de por allí. Américo Vespucio era en realidad Amèric Despuig, Colón partió de un puerto del Ampurdán y, por no seguir, Carlos V se retiró al monasterio de San Jerónimo de la Murtra. A Cucurull solo le falta Dios, que desde lo de Maradona es argentino. Están todos. Una sobredosis de atrocidad tiene la virtud de curar de espantos y permite normalizar cualquier dislate. Que Cataluña sea una nación no puede sonar extraño a quienes previamente hayan hojeado el manual del alucinado Cucurull, de cuyo berenjenal histórico sale uno desnortado, necesitado de aire y de una barandilla a la que agarrarse. A la salida, nada más cruzar la puerta, con las aceras puestas, está la Cataluña de Artur Mas, una ficción que después de tanto ajetreo puede resultar verosímil y llegar a proporcionar, quizá se trate de eso, cierto sosiego, lo que en Castilla se entiende, con permiso de Cucurull, como lo más normal del mundo. ESPAÑA