Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES, 2 DE JUNIO DE 2014 abc. es DON JUAN CARLOS ABDICA 19 EL RECUADRO UNA RAYA EN EL AGUA ANTONIO BURGOS V. E. R. D. E. Me quedo con la emoción del amor a España del gran Rey que nos devolvió las libertades. Que os quiten lo servido, Señor... Gracias AS fechas de los grandes acontecimientos históricos de nuestras vidas se dividen en dos grandes grupos: aquellas que aunque hayan pasado muchos años nos acordamos siempre de dónde estábamos cuando nos enteramos, y con quién andábamos, y qué estábamos haciendo, y aquellas otras de las que apenas recordamos siquiera que hubiesen ocurrido. La de ayer es de las primeras. Todos recordaremos siempre qué estábamos haciendo ayer por la mañana a las 10 y media, y dónde andábamos, cuando nos enteramos que Su Majestad El Rey de España Don Juan Carlos I había abdicado. ¿Y saben lo primero que se me vino a la cabeza cuando me enteré? Pues otra abdicación, casi secreta, casi de clausura, de la que apenas se enteró nadie, formalizada en el Palacio de la Zarzuela, cuando Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona, renunció a sus derechos históricos a la Corona como heredero de Don Alfonso XIII y depositó la legitimidad donde estaba la legalidad, en el pulso del Rey de todos los españoles que nos había traído la democracia y devuelto las libertades, en el encaje de bolillos de la Transición modelada y moderada por el supremo arbitraje de la Institución. En aquel acto, el Conde de Barcelona pronunció, dirigidas a su augusto hijo, las palabras que guiaron toda su vida: ¡Por España, siempre por España! Así ha sido ahora. Yo sé por qué abdicado Don Juan Carlos; por lo mismo que lo hizo Don Juan: por el bien de España. Por el futuro de la Corona. Como una apues- L ta firme a que nuevas personas reales lleven con pulso sereno los rumbos de la Institución. Estamos, además, en tiempos de renuncias hasta ahora increíbles, casi imposibles de plantear. ¿Hubiese alguien creído hace unos años que iba a presentar su dimisión el mismísimo Papa de Roma? Si el Papa renuncia por el bien de la Iglesia, ¿por qué no ha de hacerlo el Rey? Pero que a Vuestra Majestad le quiten lo servido, Señor... Que le quiten a Vuestra Majestad los méritos de su limpísima y patriótica hoja de servicios a España, a los españoles, a la democracia, a las libertades. Todos nos acordaremos de cuándo nos enteramos ayer de la renuncia del Rey de la Transición, como recordamos perfectamente dónde supimos que la dictadura había muerto en la cama. De entonces acá, todos estos años de ventura en la democracia y en las libertades los debemos a la inmensa generosidad y capacidad de Don Juan Carlos. No se suele tener en consideración, pero hay que recordar que, tras el cambio de régimen, Don Juan Carlos recibió todos los poderes del Estado, absolutamente todos los poderes. Ni en el periodo más absolutista reunió más poder Fernando VII que Don Juan Carlos I tras aquel 20 de noviembre de 1975. Y uno a uno fue renunciando a todos, absolutamente a todos, y, paradójicamente, el Soberano devolvió la soberanía nacional al pueblo español, vamos, como el que se encuentra una cartera por la calle y la devuelve a su legítimo dueño, por muchos miles de euros que lleve dentro. El Rey de las Libertades, el Rey de la Concordia Nacional, el Rey de todos los españoles. Ya digo, Señor: que le quiten lo servido. Aunque me temo que hay tanto miserable y tanto desmemoriado desagradecido en estos Reinos de las Españas que se lo quitarán a Vuestra Majestad. Hasta le escatimarán la grandeza de este su último gesto, de seguir renunciando a todo, como renunció a su propia infancia, niño triste mandado por su padre junto a su peor enemigo para salvar así la Casa... Como renunció a aquellos poderes absolutos de 1975 y los depositó en las Cortes del Reino, en los gobiernos legítima y democráticamente elegido. Es quizá demasiado pronto para los balances. Me quedo con la emoción del amor a España, del dolor por España del gran Rey que nos devolvió las libertades. Que os quiten lo servido, Señor... Gracias. Y con más fuerza que nunca, repito la perpetuación en Don Felipe VI del viejo grito de Estoril: V. E. R. D. E. IGNACIO CAMACHO FIN DE CICLO La empatía emocional que suscitó la muerte de Suárez puede repetirse en la evocación retrospectiva del legado del Rey L JM NIETO Fe de ratas A Transición española se ha cerrado definitivamente esta mañana con el anuncio de la abdicación del Rey que la hizo posible. No es un cambio de régimen pero sí un fin de ciclo, que tal vez Juan Carlos haya sabido interpretar mejor que la mayoría de las élites surgidas de aquel período de fabulosa creatividad política. El statu quo constitucional ha hecho crisis en medio de una oleada de desapego que reclama medidas de regeneración urgente. Ha durado casi cuarenta años y tiene grietas en la fachada y en la estructura. La necesidad de reformas también en una Corona averiada por contratiempos y episodios poco ejemplares era evidente y se trataba de elegir los tiempos, una habilidad para la que el Monarca ha mostrado siempre un potente instinto. La renuncia a la Jefatura del Estado es una decisión trascendente más allá del zapping institucional propio de las sociedades posmodernas. No se trata de un simple relevo de personas: se abre otra etapa y muy probablemente el camino hacia otra Constitución, hacia la renovación del pacto de convivencia de la nueva España del siglo XXI. Pero si el del 78 fue un acuerdo de nueva planta, levantado sin mapas ni proyectos, el de este tiempo ha de construirse conforme a un espíritu de continuidad que asegure los cimientos del sistema. Esa continuidad la representa el Príncipe Felipe en el plano dinástico y el Parlamento en el democrático. Quizá por eso el Rey haya elegido este momento para el tránsito: porque ha entendido que, ante los vientos fragmentarios que soplan en la atmósfera electoral, la próxima Cámara de Diputados puede carecer de la cohesión y la estabilidad necesarias para asegurar el éxito de una operación tan delicada. En esta legislatura el PP tiene mayoría absoluta y el PSOE responde aún al pragmático patrón socialdemócrata post- felipista. Juntos suman el 85 por 100 del Congreso, un respaldo abrumador para el nuevo Monarca sobre cuya espalda recaerá la responsabilidad de pilotar el rumbo de su propia legitimidad de ejercicio. Este es también el último Parlamento de la Transición, una condición simbolizada en el escenario de la capilla ardiente de Adolfo Suárez. La ola de empatía emocional que suscitó la muerte del primer presidente democrático puede repetirse en la evocación retrospectiva del legado de Juan Carlos, por más que su figura haya sufrido mayor desgaste al continuar en el puesto. Pero su gigantesca dimensión política va a quedar puesta en valor con un reconocimiento histórico y moral que servirá al Heredero como pedestal para subir al Trono. Con todo, en días como éstos resulta inevitable el escalofrío de vértigo que provocan los grandes saltos cualitativos. La aceleración histórica del pulso de la nación se ha hecho evidente en los últimos meses y existe una sensación palpable de aventura. A diferencia de la de hace cuatro décadas, esta tiene al menos un guión escrito.