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ABC DOMINGO, 25 DE MAYO DE 2014 abc. es sociedad SOCIEDAD 95 Una imagen que quizá no se vuelva a repetir a partir de 2020: rusos y americanos en la EEI transbordador espacial norteamericano, el Discovery. El lanzamiento se produjo el 2 de febrero de 1994 desde cabo Cañaveral y su misión consistía en preparar el vuelo que otro shuttle el Atlantis, efectuaría a la Mir al año siguiente. El acoplamiento del Atlantis con la estación rusa tuvo lugar el 29 de junio de 1995, fecha también memorable en la historia de la conquista espacial. Pero unos meses antes, el 14 de marzo de 1995, fue cuando un norteamericano, Norman Thagard, supo lo que era viajar a bordo de una nave rusa Soyuz. Fue también el primer astronauta de la NASA que entró en la Mir, en donde estuvo más de tres meses. El dolor no siempre es agradable pero también tiene un efecto protector EFE 23 países implicados Todo este intenso trabajo y el que se desarrollaría en los años siguientes, con nuevos viajes a la Mir de astronautas de la NASA y la ESA era la fase preparatoria para la creación de la Estación Espacial Internacional, cuyo primer paso fue la firma, el 15 de agosto de 1995, del contrato para la construcción del primer módulo de la ISS. Entonces se reunieron en Moscú técnicos de la NASA, la compañía Boeing y el centro espacial ruso Jrunichev, en donde se fabricó ese componente inicial de la estación, el módulo Zaría, llamado también Bloque Funcional de Carga. Fue puesto en órbita por un cohete ruso Protón- K el 20 de noviembre de 1998. La primera tripulación llegó a la ISS el 2 de noviembre de 2000. Estaba compuesta por Krikaliov, su compañero Yuri Guidzenko y el estadounidense William Shepherd. Los pioneros del proyecto fueron quince países (Estados Unidos, Rusia, Francia, Reino Unido, España, Holanda, Suiza, Canadá, Italia, Alemania, Suecia, Bélgica, Dinamarca, Japón y Noruega) Después se incorporaron ocho más hasta llegar a 23. A pesar de los numerosos contratiempos habidos, a las averías y al trágico accidente del Columbia, en el que murieron sus siete tripulantes al regresar a la Tierra, suceso que ocasionó un enorme retraso en la construcción de la plataforma por suspenderse temporalmente los vuelos de los transbordadores de la NASA, la Estación Espacial Internacional quedó prácticamente terminada en 2010. Tiene numerosos detractores, convencidos de que con el dinero que se ha tenido que invertir en la ISS se hubieran podido financiar muchos otros proyectos. Sin embargo, son pocos los especialistas que cuestionan su enorme utilidad científica. Los experimentos en condiciones de ingravidez han demostrado su valor en numerosos ámbitos, sobre todo en el de la medicina. Varias vacunas, entre ellas una contra el sida, se han investigado en la plataforma espacial. Por eso, los expertos no creen que Rusia se decida a romper una colaboración tan provechosa. Estudio en ratones NASA para experimentar el equipamiento técnico que será empleado en futuros viajes a la Luna y Marte. También en el estudio de la radiación y la ingravidez en el cuerpo humano en singladuras de larga duración. Los especialistas creen que acelerando el proceso para la creación de naves espaciales estadounidenses y europeas, el complejo espacial podría funcionar sin el concurso de Rusia después de 2020. Más esperanza de vida para los que sienten menos dolor N. R. C. MADRID Rusia, la experiencia Sin embargo, el esfuerzo económico y científico será considerable. Prescindir de la aportación de Rusia, el primer país que puso en órbita una estación orbital, la Saliut, y abrió con su segunda plataforma, la Mir, la vía para la utilización internacional de este tipo de ingenios, podría suponer un importante escollo. El país eslavo sigue siendo el que más experiencia acumula en vuelos tripulados y permanencias en el espacio de larga duración Tras años de confrontación en el terreno de la investigación espacial impulsada por la carrera de armamento, en julio de 1975, en plena Guerra Fría, se produjo el histórico acoplamiento en órbita de las naves Apolo (EE. UU. y Soyuz (URSS) Aquel acontecimiento supuso el arranque de una colaboración que ahora peligra. El proyecto para la construcción de la ISS, entonces se la conocía más con el nombre de Alpha, se perfiló en 1993, cuando la explotación de la estación Mir se encontraba en pleno apogeo. Al año siguiente, un ruso, Serguéi Krikaliov, se subió por primera vez a un Adiós a las Soyuz Las naves rusas son el vehículo que permite el relevo de las tripulaciones en la ISS y el abastecimiento ¿Y si la esperanza de vida dependiera de la capacidad para soportar el dolor? Un grupo de investigadores de la Universidad de California, en Estados Unidos, ha encontrado un vínculo entre el dolor y la longevidad. En un experimento con ratones, a los que eliminaron un receptor del dolor, los ejemplares que sintieron menos dolor vivieron durante más tiempo que otros. El hallazgo, publicado en la revista Cell ofrece una nueva mirada a esa carrera científica para frenar las enfermedades relacionadas con el envejecimiento y promover la longevidad humana. La pista del dolor no es nueva. Otros grupos de investigación ya sospechaban de que debía existir un vínculo entre el sufrimiento físico y el acortamiento de los años de vida. Por ejemplo, se sabe que las personas con dolor crónico tienen una esperanza de vida más corta. Y también en el laboratorio, se ha visto cómo a los gusanos y moscas a los que les faltan neuronas sensoriales viven más de lo esperado. Pero es la primera vez que este vínculo entre dolor y años de vida se observa en mamíferos. Los ratones del estudio, con los que trabajó el equipo de Andrew Dillin, no tenían los receptores sensoriales que les permiten reaccionar a quemaduras y al insoportable picor de una guindilla en la comida. Estos ejemplares vivieron un 12 por ciento más de tiempo que los que mantenían esos receptores sensitivos. En el caso de las hembras, la esperanza de vida fue mayor y llegó hasta un 16 por ciento más. Además de vivir más tenían factores demostraron algunos síntomas de juventud. Pese a ser mayores podían metabolizar el oxígeno mejor y tenían más células pancreáticas, las células productoras de insulina. Así metabolizaban mejor la glucosa y no tenían diabetes, otra enfermedad relacionada con el envejecimiento. Adiós al efecto protector Ahora la clave está en encontrar una fórmula en traducir estos hallazgos a un tratamiento beneficioso para el ser humano. El reto es grande porque prescindir de la sensación de dolor también puede poner en riesgo nuestras vidas. El dolor actúa como una señal de alerta para protegernos de agresiones.