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66 ABCde laCHAMPIONS DOMINGO, 25 DE MAYO DE 2014 abc. es deportes ABC La Décima del Madrid 9.000 madridistas pasaron por la fan zone a lo largo del sábado. Hubo música, cánticos, brindis, comida, bebida y un ambiente que cortó el tráfico ¿Dónde lo vemos? Unos 26.000 madridistas vinieron a Lisboa sabiendo que no tendrían entrada para el partido. Durante todo el día negociaron un restaurante donde ver el duelo Los seguidores del Madrid disfrutaron con sus cánticos en la fan zone blanca EFE Cuarenta y tres mil madridistas coparon el centro histórico de Lisboa. Dos decenas intentaron colarse en el hotel Tívoli Isco e Illarra Los dos jugadores salieron al balcón de su habitación para saludar a los seguidores que cantaban enfrente del hotel Tívoli. La afición les brindó una gran ovación Fintas para ver a sus ídolos TOMÁS GONZÁLEZ- MARTÍN LISBOA Bacalao blanco Los seguidores madridistas bromearon en muchos restaurantes solicitando ¡bacalao, que es blanco y salado! Los camareros disfrutaron con el buen humor ¡Gambas no! Con el mismo humor, muchos aficionados se negaron a pedir gambas: ¡No, que son del Atleti, blanquirrojas! Los restaurantes sacaron otras gambas rosadas, casi incoloras. Y se las comieron lía a pescado. Su camiseta verde era una piel de lenguado con virutas de tomate cortado. La Policía lo sacó de uno de los cubos de la basura del Tívoli el jueves por la noche, cuando el Real Madrid ya estaba alojado en el hotel. Jorginho llevaba cinco horas en el cubil. Quería ver a Cristiano. Tiene 14 años y viene de Carvoeiro, la escarpada localidad del Algarve donde los ingleses pintan acuarelas al borde del acantilado, imitando al Príncipe Carlos. Jorge se hizo madridista cuando su compatriota fichó por el club en 2009. Sumaba nueve años. A los once le vio ganar la Copa. A los doce disfrutó con la Liga que Ronaldo decidió. Y este año le ha visto conquistar el Balón de Oro. Es su ídolo. Quiere jugar como él. Es cadete en un equipo de su pueblo. El zagal llegó a Lisboa el jueves por la mañana y tenía que ver a su dios de póster en la pared Planificó su estrategia, cual Ancelotti. Antes de que el equipo aterrizara en Lisboa, consiguió introducirse en el cubo. Fue descubierto por la noche. Cuando los pro- O fesionales del hotel tiraban la basura nocturna. Sacó la cabeza. Temía que el cubo fuera levantado por un camión y pasara por la trituradora. Lo pillaron. ¡Quiero ver a Cristiano! les dijo a los empleados. Su perfume era embriagador. Eternity Fish Pasarse por camarero Otros veinte chavales han intentado colarse durante estos dos días en el hotel. Hubo dos jóvenes portugueses que se convirtieron en transportistas dentro de un camión de comida. Cuando abrieron las puertas de atrás y los hombres del hotel comenzaron a sacar cajas de fruta fueron delatados y salieron volando. Un español se hizo pasar por camarero, vestido con camisa blanca y pantalón negro, made in Torremolinos para hacerse fotos con Casillas No pasó el control hacia el restaurante. Los camareros del Tívoli llevaban chaqueta negra. ¡Que fallo! Un japonés ideó pasar como cocinero, con un gorro blanco en la cabeza (muy propio el gorro) y un delantal sucio, por la puerta de atrás, cigarro en mano, como si hubiera salido a fumar. No coló. No hay japoneses en plantilla adujo un policía español con una sonrisa. Están acostumbrados. Unos cuarenta y tres mil madridistas han vivido durante cuarenta y ocho horas en el centro histórico de Lisboa, entre los ochocientos metros de distancia que hay desde el hotel Tívoli hasta la fan zone del club. La Avenida da Liberdade y el Rossio han sido conquistadas con el color de la paz, el blanco. Aunque muchos rojiblancos invadieron también estas zonas. Tenían derecho a ver el centro histórico. Fue una fiesta blanca rodeada de colores colchoneros. Porque la fusión de las aficiones ha sido total a lo largo de dos días inolvidables. Un equipo tenía que ganar, pero todos se lo han pasado bien hasta que el veredicto dictó un vencedor. Una bandera española gigante presidía la zona de fans merengue. Antes que blancos, españoles. El cántico que dominó la jornada fue único: ¡Que viva España! Los madridistas entonaban el ¡cómo no te voy a querer! pero los coches con el toque de Manolo Escobar monopolizaron los sonidos de las calles. Coches atléticos y madridistas con toros en el techo, mil banderas españolas, rojiblancas, merengues, y la canción del almeriense a todo volumen. Los portugueses reían sin parar. La cabra siempre tira al monte.