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58 ABCde laCHAMPIONS DOMINGO, 25 DE MAYO DE 2014 abc. es deportes ABC La Décima del Madrid La ley del barrio Antes de que le fallara su milagrero, el Real Madrid ya había mostrado una falta de intensidad insólita en un equipo que vive para jugar estas finales, pero DAVID GISTAU ENVIADO ESPECIAL A LISBOA en la segunda parte sí hubo uno de esos arreones a mandíbula apretada que también forman parte de su leyenda madridista de irreductible E l séquito del Real Madrid, con su panoplia de viejas glorias, estaba alojado en un hotel cercano a la avenida de la Libertad. Por la mañana, el ambiente en el vestíbulo era pesimista. Había temor por los lesionados y, sobre todo, por la mentalidad de los jugadores de Simeone, de los que se hablaba como de poseídos inmunes a las balas. Sólo faltaba una campana tañendo y señoras escondiendo las joyas como cuando despuntaban velas piratas en el horizonte. Estos directivos y simpatizantes aún no sospechaban que la hinchada madridista ensayaría durante el descanso el grito de los humildes enfrentados a propósitos imposibles: Sí se puede Eso era algo que en el Real Madrid se daba por supuesto. Pero el Atlético obligó a las consignas de autoayuda. La primera víctima del partido de un partido infame fuera del contexto de una final fue la presunción curativa de la placenta de yegua. Costa se fue del campo tan pronto como en Barcelona, que uno llegó a preguntarse si Simeone no lo había urdido por superstición, como si el Atleti necesitara estos alicientes fatalistas para motivarse. La segunda víctima del partido fue otra presunción, la de infalibilidad de Casillas en las finales. El mismo portero que con el tobillo y con la punta de la bota salvó al Madrí de la Novena y a la Selección en Soweto se quedaba a medio salir en el remate de Godín y concedía un gol absurdo que para el Atleti era como tomar rehenes durante el secuestro de la final. Antes de que le fallara su milagrero, el Real Madrid ya había mostrado una falta de intensidad insólita en un equipo que vive para jugar estas finales y que en ellas se encuentra con el ideal de sí mismo que encarnan antepasados como Gento, aclamado en Lisboa por hinchas sesenta años más jóvenes que él pero que lo sienten algo propio como si hubiera salido a jugar para ellos el domingo pasado. Agónico final En la segunda parte sí hubo uno de esos arreones a mandíbula apretada que también forman parte de su leyenda madridista de irreductible. Pero hasta el agónico final no sirvió sino para aumentar la frustración, para confirmar el mal instinto que devoró por Pepe, Cristiano y Coentrao, tres portugueses que ganaron la Décima en Lisboa IGNACIO GIL