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ABC DOMINGO, 25 DE MAYO DE 2014 abc. es deportes ABCde laCHAMPIONS 53 La Décima del Madrid Íker Casillas levanta en Lisboa la Décima Copa de Europa del Real Madrid IGNACIO GIL ante un Atlético exhausto cas veces se ha visto que una grada cante una evidencia táctica, posicional. Majestuoso Gabi, inteligentísimo, y simeonitos los demás. Hubo solo dos cosas del Madrid en la primera parte, una aventura personalísima de Di María (Filípides frenético todo el año) y otra de Bale tras regalo de Thiago. Pero fueron eso, dos incursiones personales. El Atleti secaba el ataque del Madrid e iba avanzando posiciones paulatinamente. En cada interrupción aprovechaban para avanzar. Khedira se aculaba incapaz de ser Alonso y todo lo tenían que intentar Di María o Carvajal por fuera. El 4- 33 se le quería convertir en 5- 3- 2 a Ancelotti porque centro del campo no había. En el minuto 36 llegó lo que seguro iba a pasar. La ocasión del Atleti tras haber anulado al rival (lo que Mourinho pretendió hacerle antes) Balón alto que Godín, otra vez Godín, le ganaba a Khedira y que pilló a Casillas a media salida. El gol no provocó una reacción de coraje del Madrid ni se aculó reservón el Atleti. Siguió a lo suyo. Tampoco cambió nada con el descanso. Sólo Marcelo en el lateral. El Madrid estaba como tantas veces este año. No era, desde luego, el Madrid de las finales. No es que no tenga juego, es que no se le ve sangre, Illarramendizado. La grada acongojada (mutismo de grada sin cánticos) gritaba un sí se puede poco convincente. Di María volvió a intentar su conmovedor y solitario arrebato en el 51. Ancelotti reaccionó sacando a Isco por Khedira, flotante como otro central más. En el 60 el Madrid tuvo con Marcelo una primera jugada de profundidad. Simeone dice y tiene razón que del 55 al 65 se define el partido. Era el presagio de que el Madrid, atenazado, iba a romper a jugar solo a medida que fuese acercándose al final y sintiese que se le iba la Copa. El 1- 0 era poca ventaja para el Atlético. Su modo de ser se queda corto cuando al rival, sintiéndose morir, le entra el arrebato. El cholismo es fuerte, pero la falta de oxígeno lo es más. que quizás no debiera haber jugado. Lo que restaba tampoco es que fuera un asedio blanco, pero Ramos, con otro cabezazo de los de Munich, empató en el 90. Solo un colchonero sabe escribir Schwarzenbeck sin consultarlo. Era el viejo fatalismo apareciendo, el fútbol diciéndole al Cholo que ciertas cosas no pueden cambiarse. Ramos devolvía a este madridismo corporativo y light antiguas sensaciones de orgullo y emoción. Si el Madrid no remataba a un rival encalambrado lo pagaría en penaltis. Di María hizo una jugada histórica y Bale la remató a lo Archibald. Después, gol de Marcelo, premio a su juego, y otro de Cristiano, demasiado efusivo ante un rival roto. Honor a este Atleti y su afición, gloria al eterno Madrid de las diez Copas. Miedo al inicio En la parálisis del Madrid hubo mucho de miedo al inicio y se sentía que la última media hora iba a ser blanca. Funcionaba la conexión de Marcelo y Di María con el apoyo de Isco en el interior. En el 72 llega la primera ocasión trenzada, un tiro de Bale. La final cambiaba. Al poco, otra de Cristiano y nuevamente el galés con puntera errada. En el 78 salió Morata por un Benzema