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14 ENFOQUE DOMINGO, 25 DE MAYO DE 2014 abc. es ABC semana La foto de la CAREN FIROUZ REUTERS Guerra en Siria Escribir tu nombre LUIS DEL VAL Este niño acaba de aprender a escribir su nombre. Es consciente de lo que supone este avance que le separará del analfabetismo, y, aunque él ignore las razones del progreso, exhibe con orgullo esos signos donde más que mostrarnos su nombre se muestra a sí mismo, porque somos nuestro nombre, ese en el que no intervenimos, que nos pusieron nuestros padres, pero con el que nos identificarán hasta que nuestro nombre sea dado de baja por muerte o desaparición. Este niño, que ya sabe escribir su nombre, también sabe de muerte, porque, de la misma manera que no es responsable del nombre que le pusieron, tampoco ha intervenido en que tuviera que salir de Siria por culpa de una guerra y que, precisamente por ello, la feliz hazaña de saber escribir su nombre no se la haya podido mostrar con justa alegría a su madre, en un hogar en paz, sino a un fotógrafo que capta imágenes en los campos de refugiados, puede que con la intención de que nos enteremos del nombre que tienen algunas cosas, algunos hechos... Me ha captado esta mirada de alegre satisfacción, esta asunción de simbología de este niño que acaba de aprender a escribir su nombre, porque ya ha asumido el desdoblamiento que suponen esos signos, que nos representarán para siempre, y que, gracias a ellos, estaremos en los papeles, habitaremos en los archivos, viviremos en las listas, porque estando nuestro nombre estamos nosotros, y que incluso perdurará a nuestra existencia, porque aun después de haber desaparecido del mundo de los vivos vivirá nuestro nombre en una vieja carta o en una tumba nueva. La palabra más bella en los labios de los otros es nuestro nombre, porque significa que ellos nos requieren, nos aman o nos necesitan aunque sea para criticar nuestra conducta. Nadie se cansa de escuchar su nombre, y si el primer avance intelectual es el reconocimiento del ego, del yo la confirmación de asumir esa distinción que nos reconoce, que nos afirma como individuos, es asociar lo que somos y quienes somos a nuestro nombre. Y lo más doloroso es comprobar, cuando estamos seguros de nuestro derecho a entrar en una ceremonia o en un avión, en un acto o en un espectáculo, que nuestro nombre no aparece en el listado, que es algo así como si nos comunicaran que hemos dejado de existir, que somos nadie. Divinas palabras Un niño sirio muestra su nombre, escrito en una escuela del campo de refugiados de Anjar (Líbano)