Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
12 OPINIÓN COSAS MÍAS PUEBLA MARTES, 13 DE MAYO DE 2014 abc. es opinion ABC EDURNE URIARTE QUE SALGAN DEL ARMARIO El fútbol es un negocio que crea grandes beneficios por sí mismo M E encantaría que fuera verdad lo que dice el escritor Santiago Roncagliolo sobre la salida del armario de los escritores en lo que a fútbol se refiere (entrevista de Laura Revuelta en el ABC Cultural del sábado) Lo dice por él mismo, colchonero confeso, por cierto, y su última novela La pena máxima y la dificultad de los literatos para hablar de fútbol por considerarlo una afición demasiado plebeya Y por otras razones, añado. El complejo de algunos de ellos, dotados intelectualmente pero no físicamente, respecto de los chicos y chicas fuertes y hábiles. Y, sobre todo, un tremendo papanatismo sobre el significado de la inteligencia y su supuesta incompatibilidad con la fuerza física e incluso con la belleza. Pero eso de que han salido del armario está lejos de generalizarse todavía. Han salido algunos, pero faltan otros muchos. Y, cuando se trata de mujeres, los complejos se desbordan. Incluso algunos hombres que creen haber salido del armario tienen todavía dificultades cognitivas para entender la afición de las mujeres al fútbol. Pero, sobre todo, son las mujeres las que tienen un auténtico bloqueo mental, producto de los complejos intelectuales sumados a la educación sobre la feminidad en su infancia. Entre ellas, los armarios siguen a rebosar, muchos, llenos de supuestas feministas que aún asocian el fútbol a una actividad de brutos reñida con la feminidad y la civilización. Son un tipo de feministas a las que tienes que dar sales para evitarles desmayos cuando les provocas soltándoles que, como madridista apasionada, estás como en la viñeta de Puebla del pasado viernes, más pendiente de la final de la Champions que de las Europeas del día siguiente. Lo que es más irritante que divertido, no solo por la preocupante concepción de la inteligencia y de la cultura de todos estos intelectuales encerrados en el armario. Además, por su incapacidad para entender el papel sociológico, político y económico del fútbol. El papel político en la difusión de la Marca España, por ejemplo. Esta semana, con la participación del Sevilla en la final de la Europa League. Y la semana que viene, con el Real Madrid y el Atlético de Madrid en la final de la Champions. Eso sí es vender España en el exterior, y con un coste mínimo para el Estado porque el fútbol es un negocio que crea grandes beneficios por sí mismo. Y, antes, nuestra Liga, la más vista en otros países, después de la del propio país, como recordó la semana pasada Miguel Cardenal, secretario de Estado de Deportes. Si fuera verdad que los intelectuales han salido del armario, prestaríamos un poco más de atención a ese papel del fútbol en favor de la Marca España y de la economía de nuestro país. En lugar de que las escasas intervenciones intelectuales sobre el fútbol se centren siempre en su exceso de dinero, o en su corrupción, o en lo que deben algunos clubes a Hacienda, o en el racismo. O, simplemente, en lo poco inteligentes y cultos que serían los futbolistas en comparación con ellos mismos. Sobre todo, esto último, obsesión principal del interior del armario. VIDAS EJEMPLARES LUIS VENTOSO LA CARRERA DEL LUJO París y Londres, con un clima crudo y unos políticos hábiles, dan algunas lecciones a nuestros dirigentes P ARA marketing, París. Que universalmente se llame la Ciudad de la Luz a una urbe de clima tan funerario constituye un triunfo mayúsculo del genio publicitario. París es puro encanto (o eso nos han hecho creer y lo compramos) Pero también es frío, lluvia, amplias avenidas barridas por un viento cruel, amabilidad cara y mucha mirada altiva. En este mes de mayo no pasarán de los 20 grados, lloverá 13 de los 31 días y solo tendrán 223 horas de sol. Bajando a Madrid el panorama se vuelve más risueño: máxima media de 22 grados, solo 7 días de lluvia (si la hay) y 33 horas más de sol que en la capital francesa. Sin embargo, si un japonés, un chino o un ruso evocan París, a su mente acude de inmediato la estampa de una ciudad floral, envuelta en una perpetua primavera galante y soleada, de gratos bulevares y sugestivos paseos a orillas del Sena. Una meca del glamour, de la mesa más delicada y suculenta y la bohemia más audaz y encantadora. Hollywood ha embellecido París. Hemingway y sus compinches de la Generación Perdida también le hicieron grandes obsequios, envolviéndola en una aureola romántica, perdedora y ganadora a un tiempo. La moda del mundo se gesta hoy en Arteixo (La Coruña) en la calvinista matriz de Zara. Pero las clases pudientes de los países emergentes van a buscarla... a París. En resumen: un efectivo cartel publicitario que los franceses han regado con mimo durante dos siglos. El premio es que la capital francesa se ha convertido en una máquina implacable de ganar dinero, porque apunta al lugar indicado: el bolsillo del viajero de clase alta, ávido de lujo, presto a gastar en la que le han prescrito como ciudad del chic. En España nos agrada más el bulto que el detalle, el burro grande ande o no ande. Por eso festejamos embelesados nuestras cifras de turismo sin hacernos la pregunta idónea: ¿Cuánto gastan esos visitantes aquí? ¿Son realmente un boyante negocio el turismo chancletero y el de pulsera todo incluido? ¿Tienen mucho futuro los emporios costeros consagrados a la sangría y el balconing? ¿Debemos perseverar en el modelo actual, ideado en su día con ingenio y sentido de la oportunidad por los hoteleros mallorquines, o llega la hora de buscar un turismo más selecto y, sobre todo, más lucrativo? ABC lo ha resaltado: mientras que en Madrid los turistas extracomunitarios gastan 341 millones de euros anuales, en las capitales de Francia y el Reino Unido superan los 3.200. Un abismo lacerante, que no concuerda con la diferencia que pueda existir entre la oferta de las tres capitales. Madrid tiene sus bazas. Es una ciudad participativa, acogedora. La más arbolada de Europa y con un clima que facilita la vida en las calles. Posee un museo de primer orden planetario, unas vías comerciales equiparables a las de sus rivales y una oferta gastronómica variada, cambiante y divertida. Pero Madrid no ha sabido cerrar una imagen. No emerge como un logo visible que brille a lo lejos. Y eso se llama coste de oportunidad, quemar cada año centenares de millones de euros del turismo de compras que no llega. ¿Cómo se puede enganchar Madrid a la carrera del lujo? Trabajando con denuedo. Buscándolo de manera activa bajo el liderazgo de los políticos que la dirigen. Resulta desconcertante que González y Botella, dos candidatos atribulados, que no acaban de definir una propuesta de futuro para Madrid que ilusione a los electores, contemplen con un encogimiento de hombros el envite de pelear por el turismo de compras. No habría mejor programa para Madrid y los madrileños que ponerle un cero a los magros 341 millones de euros que ingresa la ciudad de los viajeros extracomunitarios. ¿A qué esperan? ¿Tienen algún plan mejor?